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ÉXITO DE UNA REIVINDICACIÓN CIUDADANA EN SANTS-MONTJUÏC

Nueva vida en Can Batlló

La biblioteca Josep Pons abre mañana en la nave del recinto fabril que los vecinos han empezado a rehabilitar

Los habitantes del barrio insisten en que queda mucho por lograr

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

El milagro de Can Batlló es la viva imagen de que en esta vida, para que las cosas salgan adelante, no hay como ponerle ilusión y ganas. Mañana, día 11, justo un mes después de la emotiva y simbólica entrada al reivindicado recinto fabril, abrirá las puertas la biblioteca popular Josep Pons. Será el primero de los usos de la nueva vida de Can Batlló. Como su nombre indica, será una biblioteca «popular». Es decir, el millar largo de volúmenes de lo más heterogéneo de los que dispone -debidamente catalogados por la comisión correspondiente- han sido donados por vecinos y entidades de la Bordeta. Y serán también ellos, los propios vecinos, los responsables de gestionarla y velar por su buen funcionamiento. Abrirá de lunes a sábado de 12.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00 horas.

Han sido semanas, en realidad meses, de duro trabajo, y la cosa no ha hecho más que empezar. «La intención es dedicar el verano a adecentar el resto de la nave. No nos aburriremos, no», apunta Jordi Soler, portavoz de Salvem Can Batlló. El bloque 11 del inmenso recinto fabril cedido por la propiedad al ayuntamiento y por este a los vecinos ante la inminente ocupación del mismo tiene 1.500 metros cuadrados, de los que la biblioteca ocupa por el momento solo un pequeño altillo. «Esto es solo el principio. Todavía hay muchos libros por colocar y el proyecto tiene que acabar de tomar forma. Por ejemplo, la iglesia de Sant Medir nos cede todo su fondo bibliográfico», explica Jordi Falcó, otro de los vecinos implicados en el proyecto.

La disparidad de formas y tamaños de mesas y sillas delata su origen, del que hacen bandera. «¡Anda que no hemos sacado partido a los lunes de los trastos!», explica Lali Daví, arquitecta del colectivo La Col, una de las entidades más activas en la recuperación del espacio, en alusión al día de recogida de objetos voluminosos en el barrio.

Para afrontar tamaña gesta, convertir 1.500 metros cuadrados de nave abandonada, sucia y llena de trastos en un gran espacio vecinal donde acoger actividades de todo tipo, se han dividido en comisiones. De negociación, de prensa, de difusión, de infraestructuras, de diseño del espacio, de actividades, de biblioteca y de modelo de gestión. «Queremos que Can Batlló reproduzca el modelo de sociedad que perseguimos. Sabemos que avanzamos de forma lenta, pero no nos importa, porque el camino es largo», reflexiona Soler.

Solo un primer paso

Pese a estar entretenidos con la rehabilitación de la nave, los vecinos tienen claro que su objetivo final es la «verdadera» recuperación del espacio -no en vano la antigua fábrica ocupa el 25% del barrio- y siguen con la lucha. «Nos han cedido un local, pero queremos la zona verde, el CAP, los equipamientos..., que cumplan con todo lo acordado», insisten. Como reinvidicaciones a corto plazo, el colectivo insiste en que el espacio vuelva a ser una zona permeable, de paso. Que una el barrio en vez de dividirlo.

También tienen muy claro que frente a la nave recuperada quieren una gran plaza. «Comprendemos que ahora no tienen dinero para construir, de acuerdo. En realidad solo pedimos que tiren todas estas naves que ya están vacías, y nosotros ya nos encargaremos de plantar los árboles y colocar los bancos», relata Falcó. En realidad no sería tan distinto a lo que están haciendo ya con la primera nave. Con ilusión y ganas, claro.