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Recuperación de la memoria histórica

La Perona más digna

Vecinos de Sant Martí rescatan del olvido el pasado trabajador del último barrio de barracas

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

«Vivo delante de mi barrio inexistente. Aquel que olía a café, a pescaíto frito y a sopa de caldo recién hecha», escribe Carmen Gómez, hija (y nieta) de La Perona. Desde su actual vivienda, en Sant Martí, recuerda y reivindica el desaparecido y a sus ojos históricamente castigado barrio donde nació. La frase forma parte de La otra Perona, capítulo que Gómez ha escrito para el libro sobre el conocido barrio de barracas de Sant Martí que Antonio Herrera, también vecino del lugar, está preparando con la intención de rescatar la memoria de esa otra Perona. La Perona de las familias trabajadoras que luchaban por salir hacia adelante en condiciones precarias, y que, desde el punto de vista de Gómez, Herrera y de los muchos vecinos que se han sumado a la iniciativa, quedó enterrada -al menos en la memoria colectiva de la ciudad- por la última Perona, la de la mala vida y la marginalidad.

Gómez -quien habla desde la experiencia y el sentimiento de haber nacido y vivido los primeros años de su vida en el lugar- lo tiene claro: «La Perona constaba de dos partes muy diferenciadas: la ronda de Sant Martí y el fondo de Sant Martí. La ronda comenzaba en el puente de Espronceda, entre la calle del Clot y la calle de Guipúscoa y llegaba hasta el puente del Treball». Los que vivían en esta zona del barrio -prosigue Gómez- eran personas llegadas de varios puntos de España, mayoritariamente de Andalucía, «que venían a Barcelona con la única ambición de encontrar trabajo y sacar a sus familias adelante, a diferencia de los que vivían en el fondo de Sant Martí, hasta la rambla de Prim, que eran personas que vivían en la marginalidad, sin oficio conocido», explica.

«Es una lástima porque la imagen de estos es la única que ha quedado, enterrando a las cientos de familias trabajadoras que allí vivieron y lucharon por el barrio», lamentan Herrera y Gómez. Precisamente para reivindicar -y honrar- a todas estas familias trabajadoras, están recogiendo historias y experiencias, que recopilarán en el libro que ya han empezado a escribir.

«Nuestra intención es, a partir del boca a oreja, ir encontrando a antiguos vecinos. Queremos hacer un libro donde estas personas sean las únicas protagonistas. Ya hemos recogido muchas, y muchas fotos también», apunta Herrera, un tanto dolido por la imagen que, incluso por parte de los historiadores que están reivindicado el pasado barraquista de la ciudad, se ha dado a su Perona.

Los impulsores del proyecto argumentan su reivindicación con hechos. «Los moradores de La Perona se fueron organizando para construir y mejorar el barrio. Aprovecharon la cercanía con la vía del tren para arrojar allí todos los residuos y a modo de desagüe, construyeron pozos muertos que desembocaban en ella, por lo que tuvieron más de un problema con la Renfe», prosigue en su ya elaborado capítulo Gómez, presidenta de la conocida asociación de mujeres La Pizarra de Raimunda.

SOLIDARIDAD ENTRE VECINOS / Gómez se emociona al hablar de su Perona. «A pesar de que estaba prohibido construir, cada día al amanecer se descubría una nueva vivienda. Los vecinos se ayudaban los unos a los otros, aunque no se conociesen», cuenta la mujer, quien ejemplifica el espíritu luchador de sus gentes contando que, gracias a una recolecta, en 1954 pudieron tener electricidad. Gracias a su blog (www.elblogdelapizarra.org), Gómez ha contactado con antiguos vecinos de La Perona de medio mundo. O más bien han contactado ellos con ella, al encontrar información sobre la iniciativa en internet. Además, ya en el mundo 1.0 -los viejos vecinos del barrio tienen ya una edad, por lo que muchos no son duchos en las nuevas tecnologías- Herrera y Gómez han montado una exposición con el material recogido, que mostraron una tarde en un encuentro en el centro cívico de Sant Martí, donde también recogieron un buen número de experiencias para engrosar el proyecto.