10 abr 2020

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Esther Tusquets retrata en sus memorias a la burguesía franquista

Su libro 'Habíamos ganado la guerra' empieza con la explosión de felicidad de los vencedores en 1939

La editora narra una infancia privilegiada y su juventud hasta su ruptura con Falange a los 20 años

ERNEST ALÓS / BARCELONA

No para todos los barceloneses, por supuesto, la entrada de las tropas de Franco en Barcelona el 26 de enero de 1939 significó una derrota. Para la familia Tusquets, por ejemplo, la llegada de los suyos representó una explosión tal de alegría que quedó grabada como el primer recuerdo de una niña de 3 años, la que después sería la editora Esther Tusquets. Esta escena abre Habíamos ganado la guerra (Bruguera), el primer volumen de las memorias de Tusquets, que desde su jubilación forzosa al frente de la editorial Lumen, que dirigió durante 40 años, ha alternado la novela --la última de ellas ¡Bingo!, publicada a principios de año-- y el memorialismo, con sus Memorias de una editora poco mentirosa, publicadas el 2005.

Con Habíamos ganado la guerra, que llegará a las librerías el próximo miércoles, Esther Tusquets recoje los recuerdos desde su primera infancia hasta los 20 años, en que ya había llegado, tras una no muy prolongada militancia en Falange, a "unas conclusiones y a una actitud que iban a ser casi definitivas". Tusquets, frente a la abundancia de testimonios de los vencidos, refleja la Barcelona de los "vencedores", la "burguesía franquista en la Barcelona de los años 40 y 50".

LA CAÍDA DE BARCELONA

El primer capítulo, Banderita roja y gualda, recuerda el 26 de enero del 1939. "Habíamos ganado la guerra. Hace unos días oí comentar que la guerra civil española la habíamos perdido todos. No es verdad. Cierto que, tras una contienda que dejaba el país en ruinas y había ocasionado un millón de muertos, tenía que haber forzosamente motivos de duelo en ambos bandos. Pero unos la habían perdido y otros la habían ganado. ... Y yo, con mis tres añitos, pertenecía al bando de los vencedores. Uno de mis primeros recuerdos es ver avanzar a una multitud de soldados por una carretera o por una avenida. Había mucha gente aclamándoles desde ambos lados de la carretera o desde las aceras. Mi padre, que no había pisado la calle desde hacía casi dos años, me sostenía en alto para que viera desfilar a la tropa. Mi madre gritaba el nombre de Franco con un entusiasmo que yo le vería manifestar en muy contadas ocasiones a lo largo de su vida, y siguió un buen trecho a los soldados sin dejar de vitorear y de aplaudir. ... Los míos recibían a Franco como a su salvador, y para ellos lo fue. Mi padre, totalmente desinteresado, como muchos otros españoles, de la política hasta el inicio de la guerra, había desertado del frente republicano. Sin duda, porque no eran los suyos, pero también porque, según me contó en una de sus poco frecuentes confidencias, no soportaba la tarea que como médico le habían asignado -acercarse a las víctimas tras los fusilamientos y, si todavía las detectaba con vida, darles el tiro de gracia-, y vivía escondido, sin atreverse siquiera a asomarse a una ventana o a levantar la voz, con el miedo constante a que alguien lo denunciara o a que dieran con él en un registro casual".

EL MUSEO NAZI DEL TÍO VÍCTOR

En la familia de Esther Tusquets abundan los personajes peculiares. Como su tío Víctor Guillén, hermano menor de su madre. "No muchos niños han tenido un tío que haya montado en su casa un mínúsculo museo dedicado a los nazis". Un personaje "borracho, jugador, mujeriego, despilfarrador sin límite, irresponsable sin límite, egoísta sin límite también... pero irresistiblemente simpático, divertido, ocurrente, vital, encantador". Y además, "un nazi de opereta", para quien "el holocausto, ni siquiera cuando mucho tiempo después hubo pruebas fidedignas de él, existió nunca en realidad".

LA MUJER

El papel de la mujer en la burguesía catalana de aquel tiempo era ambiguo. "Una señora de la alta sociedad --relata-- podía acostarse sin recato con unos y con otros, coleccionar amantes, sin que nadie o casi nadie, por mucho que se la critica a sus espaldas, se animara a dejar de tratarla, pero, si esta señora se separaba de su marido, ya podía despedirse del golf del Prat, de los clubes y sociedades realmente selectos".

EL TÍO JUAN TUSQUETS

Quien juega un papel importante en la formación --y el futuro profesional-- de Esther Tusquets es su tío sacerdote, Juan Tusquets, que fundó la predecesora de la editorial Lumen en Burgos con el nombre de Ediciones Antisectarias y publicando planfletos antisemitas. "Sin renegar de su pasado, intentó dejarlo atrás", le justifica su sobrina.

LOS PRIVILEGIOS

Los privilegios de la alta burguesía pusieron a Esther Tusquets en rumbo de colisión con su propia clase desde muy pronto. Así recuerda su veraneo en Hotel Costa Brava de Platja d'Aro. "A algunas de las familias más encopetadas que veraneaban allí, y que veraneaban con su propio servicio, les pareció que para las criadas tal abundancia era excesiva, y llegaron a un acuerdo para que se les suprimiera un plato del menú del almuerzo y otro del de la cena, y conseguir así un pequeño descuento en la pensión ... Yo era una cursi redomada y era franquista como mis padres y como casi toda la gente que me rodeaba, pero cosas como esa me sumían en el desconcierto más absoluto, me avergonzaban, me revolvían el estómago".

EL ABANDONO DE LA FALANGE

El libro acaba con la ruptura con la Falange --tras año y medio de militancia-- por parte de Tusquets, tras un incidente con un superior en un albergue de Huesca. "Supe definitivamente, aquella noche, que, si bien no era cierto que la guerra civil la habían perdido todos, porque a la vista estaba que unos la habían ganado (y lo sabían bien) y otros la habían perdido (y nadie iba a permitirles ignorarlo ni olvidarlo), yo, hija de los vencedores, a pesar de haber gozado de todos sus privilegios y todas sus ventajas, pertenecía al bando de los vencidos".