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Tatuajes del Este

OLGA MERINO

El filme es crudo: arranca con un pescuezo rebanado por una navaja barbera. Y no se trata de ketchup gratuito. El argumento, que bucea en el submundo de la mafia rusa en Londres, justifica la dureza de Promesas del Este, última película del director David Cronenberg. El esfuerzo documental de los guionistas se aprecia en el cuerpo tatuado de Viggo Mortensen --piernas, pecho, espalda, manos--, pues así es como debe lucir todo vor v zakone (ladrón de ley) que se precie.

La costumbre entre el hampa rusa de tatuarse la piel se remonta al tiempo de los zares y encarnaba --en pasado, porque tiende a desaparecer-- un código de información secreta entre los maleantes para indicar estatus e historial delictivo (por esa razón los tattoos falsos se castigaban con la muerte). En los dedos solía apuntarse la profesión del delincuente --una llave señalaba, por ejemplo, al ladrón de casas-- y en los pies, los lugares donde se había cumplido pena: "Convicto de Vorkutá", "Campos de Magadán". Los grilletes pintados en los tobillos revelaban una condena de cinco años o superior.

Un espléndido trabajo editado en Inglaterra en dos volúmenes, Russian Criminal Tattoo (Fuel), recoge los dibujos y los retratos de reclusos que un funcionario de prisiones y un fotógrafo fueron compilando, cada uno por su lado, en cárceles y campos de trabajo desde los años de la represión soviética.

Algunos tatuajes son obras de arte de la aguja; otros, pura vergüenza para el reo: la inscripción en la frente de epítetos infames como "pederasta", "chivato" o "gallito" (estos tatuajes violentados podían grabarse también a punta de cuchillo). Los convictos comunes del gulag se atrevían incluso a desafiar al Kremlin pervirtiendo viejas consignas comunistas en su piel: "¡Todo el poder a los padrinos!", en lugar de a los soviets.

El pecho se consideraba zona noble, reservada a las imágenes que conferían rango al criminal: la cruz en el torso del personaje que encarna Viggo Mortensen lo eleva a la categoría de príncipe entre los delincuentes. Promesas del Este es una espléndida película, tatuajes incluidos, cuyo final, algo almibarado, merma el empeño verista.

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