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'LÚCID', una terapia alternativa

NÚRIA SÀBAT

AUTOR Y DIRECTOR Rafael Spregelburd INTÉRPRETES Oriol Guinart, Cristina Cervià, Meritxell Yanes y David Planas

TEATRO Sala Beckett

El buen perfume viene en frasco pequeño, reza el dicho popular. Y con razón. Modestamente pero sin complejos, las salas pequeñas continúan demostrando que, artísticamente, pueden competir con sus poderosas hermanas mayores y darles incluso una buena lección. Una prueba la encontramos en la Beckett donde Rafael Spregelburd presenta su clarividente Lúcid, una divertida y magnética pieza concebida como una sofisticada trampa con la que el hábil cazador de catástrofes pretende (y logra) hacerse con la incauta presa, o sea el espectador.

Representante de la nueva dramaturgia argentina, Spregelburd propone nuevas formas narrativas que ponen de manifiesto la confusa percepción que tenemos de lo real. Alocada y divertidamente cruel, Lúcid es un inteligente y original modo de jugar con la ambigüedad espacio-temporal a partir de una rocambolesca historia que refleja la fragmentación de la mente ante determinados hechos o situaciones y las secuelas de una sociedad desquiciada y absolutamente desestructurada.

La complejidad estructural obliga a frecuentes cambios de registro que deben revelar las distintas caras de ese sueño lúcido que el joven Lluc tanto anhela controlar. Un objetivo que alcanzan claramente los cuatro intérpretes: David Planas (Darío, el tenista y atribulado camarero de La Pierrade), Meritxell Yanes (intrépida mujercita de nuestros días), Oriol Guinart (divertidísimo Lluc, adicto a la terapia desde que quiso morirse y no le dejaron) y Cristina Cervià (bordando el papel de una desquiciada madre de familia).

Se entienden así los efusivos aplausos que cada noche llenan la sala de Gràcia. Lo que no se entiende es que no haya una prórroga --aquí o donde sea-- que permita al montaje vivir el tiempo que merece.