FICHAJE ESTRATÉGICO PARA XAVI

¿Cómo es Ilkay? ¿Cómo juega Gündogan? ¿Por qué deja el City y viene al Barça?

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Gündogan, en una rueda de prensa que ofreció en Alemania antes de sellar su fichaje por el Barça.

Gündogan, en una rueda de prensa que ofreció en Alemania antes de sellar su fichaje por el Barça. / Afp

Marcos López / Joan Domènech

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Respira Xavi. Respira aliviado y feliz porque tendrá a Ilkay Gündogan, el capitán del City que ha dominado el fútbol europeo en una temporada de ensueño, conquistando Premier, FA Cup y Champions.

Respira el técnico porque le llega un producto hecho, con un talento natural, mejorado y sublimado por sus siete años de convivencia con Guardiola, que le proporcionará registros de calidad y eficacia para consolidar su proyecto en el Barça. Y Pep se queda sin vecino (compartían el mismo bloque de apartamentos) en Manchester.

Ilkay, un niño alemán de origen turco humilde

Hijo de padres turcos, donde casi toda su familia es fanática del Galatasaray. Todos, excepto su madre que adora al Fenerbahçe. Nació Gündogan en Gelsenkirchen, una ciudad alemana de 260.000 habitantes, ubicada en la zona norte de la región del Rhur. Allí llegó la familia de Ilkay en busca de un futuro mejor porque en su país no pudieron ni acabar la escuela. La madre era cocinera en un restaurante de piscina y el padre camionero de una empresa cervecera. De ahí su persistencia, terca y constante, de que sus dos hijos tuvieran en Alemania la educación que ellos no tuvieron en Turquía. 

Jamás ha renegado de su origen. "Mis padres son turcos, yo también me considero turco", sostiene el futbolista. Y no reniega, por supuesto, de Alemania. "Dicen que no soy completamente alemán y luego también dicen que no soy completamente turco. Entonces, ¿qué soy?", se preguntó dolido por esa mirada que recibe. Una mirada que no se ajusta a la verdadera realidad de Gündogan. "Yo pertenezco a ambos países".

Gündogan, con la camiseta del Nuremberg, ante Sahin, del Borussia Dortmund.

Gündogan, con la camiseta del Nuremberg, ante Sahin, del Borussia Dortmund. / Efe

La soledad de Nuremberg

"Siento que sacrifiqué mi juventud. Me perdí muchas cosas", escribió el jugador alemán de origen turco en una emotiva carta en ‘The Players Tribune’. Su carrera iba en constante ascenso. Tenía 17 años cuando pensó realmente en la posibilidad de vivir del fútbol, su pasión. Jugaba entonces en el Bochum y en la pretemporada actuó en dos partidos amistosos: marcó en uno y asistió en otro. Sus registros en el equipo sub-19 eran escandalosos para un media punta que tenía gol. Mucho gol. 26 tantos en 39 partidos.

El viaje se había acelerado de tal manera en Bochum que seis meses más tarde recibe la llamada del Nuremberg, que paga 850.000 euros por llevárselo. Era su primer contrato profesional. Era, además, el desgarro con su gente. Abandona Gelsenkirchen y emprende un viaje que no imaginaba. Casi 500 km y cinco horas y media en coche separan ambas ciudades.

En realidad, es apartarse, con apenas 18 años, de su ecosistema. De su gente. Llega y al cabo de dos semanas se lesiona. Vive solo. Desarraigado y en silencio, incapaz de enfrentarse a las injusticias que veía desfilar delante suyo. Calla y trabaja completando dos temporadas llenas de éxito, actuando como medio centro defensivo, interior creativo y hasta media punta, signo de su capacidad para mimetizarse en cualquier posición: 53 partidos, ocho goles

Gündogan, en un partido con el Borussia Dortmund ante el Málaga.

Gündogan, en un partido con el Borussia Dortmund ante el Málaga. / Reuters

Aterrizaje en Dortmund

 El talento de Gündogan llama la atención del Borussia Dortmund, un club especializado en la captación de jugadores que luego son estrellas mundiales. De ahí vino, por ejemplo, Dembélé. Por ahí pasó Lewandowski, con quien coincidirá en el Barça. Y de ahí salió Haaland camino del Manchester City. La triste pero necesaria soledad de Nuremberg duró dos años. Dos años (2009-2011) que fueron capitales en la construcción del jugador.

"Mi paso por ese club fue uno de los más importantes de mi vida", tuiteó Gündogan horas antes de ganar el triplete con el City en Estambul recordando al Nuremeberg. Dos años que quedan atrás para instalarse en una ciudad que termina conquistando durante un lustro donde el centrocampista cohabita con dos entrenadores de enorme prestigio. Le recibe Jürgen Klopp y se va camino de Inglaterra con Thomas Tuchel.

Es el período de la consolidación de Gündogan, donde vive también una de sus mayores frustraciones. Juega la final de la Champions contra el Bayern Múnich de Heynckes. Está a punto de alcanzar el paraíso en el nuevo Wembley. Se adelanta el equipo bávaro con el gol de Mandzukic (m. 60), que rápidamente es equilibrado con el tanto de Gündogan (m. 68). Pero en el penúltimo instante de la final (m. 89) aparece Robben y marca el 2-1 que le da el triunfo al Bayern. Pero él dejó un gran legado en Dortmund, un club maravilloso para la formación, con unas cuentas saneadas. Compró a Gündogan por 5,5 millones y un lustro después lo vendió al City de Guardiola por 27 millones.

Gündogan y Guardiola, en un partido del City de Champions.

Gündogan y Guardiola, en un partido del City de Champions. / Efe

El primer encuentro con Pep

Quedó embrujado Gündogan del Barça de Guardiola. Ese que veía por televisión con un centro del campo tan legendario como irrepetible. Ese trío Busquets-Xavi-Iniesta le permitía al jugador fabular sobre cómo sería tocar el balón en esa zona rodeado de esos genios.

Además, al excapitán del City le fascinó la manera de trabajar de Guardiola en el Bayern Múnich (2013-2016), a pesar de que le privó de títulos domésticos. "Te pasabas 90 minutos persiguiendo la pelota sin saber por qué", decía asombrado Gündogan, mientras intentaba asimilar que un par de personas de su confianza le habían susurrado que le gustaba a Guardiola.

Un día, en el túnel de vestuarios, previo al Bayern-Dortmund, el técnico catalán se coló entre los jugadores camino del banquillo. De pronto, le soltó un codazo a Gündogan. Pensó entonces que era algo casual. Tal vez, no lo fuera. Meses más tarde, el City activó el primer plan de fichajes de Guardiola tras hacerse oficial su contratación en febrero de 2016. Y en la lista está como objetivo prioritario la llegada de Gündogan.

Aún así, el jugador quiso reunirse con el técnico. “¿De verdad, me quieres?”, le soltó. Sabía la respuesta, pero quería escucharla. Necesitaba oirlo. Y ahí arranca una relación larga y fructífera que le permitió saldar la deuda que se dejó pendiente en Wembley con aquella final de Champions perdida. 

Luego, ya como vecinos, relató una anécdota. Estaba con un amigo y supieron entonces que era el cumpleaños de Guardiola. Le entregó una botella de chámpan y una felicitación escrita en español. Media hora más tarde, el jugador y su amigo recibieron una visita inesperada. "Al escuchar el timbre, pensé que él había pedido una pizza o algo así. Mi amigo abrió la puerta ¡y era Pep! que preguntó: '¿Dónde está Gundo?'" Así llama el técnico al centrocampista. Trajo Pep tres copas y la botella de champán. Estuvieron una hora de charla juntos.

Gündogan, en un partido con el City.

Gündogan, en un partido con el City. / Reuters

Inicio duro en Manchester

Le pasó en Nuremberg. Ocurrió también en Dortmund cuando sus primeros meses era descartado por Klopp. Y le volvió a pasar en Manchester. Pero todavía con más dureza. Arrancó de mala manera Gündogan su experiencia en la Premier. Tenía 25 años cuando Guardiola se lo lleva a las islas en el kilómetro 0 de su proyecto en el Etihad. Aparece Ilkay como el rostro para rejuvenecer el centro del campo donde un año antes había llegado, y también procedente de la Bundesliga, Kevin de Bruyne, a quien Mourinho no quiso dar vuelo en el Chelsea.

Aparece Gündogan y se lesiona. Ni media temporada se llevaba. Se rompe en diciembre de 2016 el ligamento cruzado de la rodilla derecha, lo que le supone perderse lo que resta de temporada, además, de comprometer su futuro en el City. Ocho meses de baja debe estar. Ocho meses alejado del escenario y sometido a múltiples tensiones, tanto físicas como mentales. Y más para alguien como él.

"Probablemente pienso demasiado en las cosas. Pero así soy yo y no lo cambiaría aunque pudiera", argumenta el futbolista, asumiendo que le resulta imposible “desconectarse” del fútbol. Ya de niño, en su época en el Bochum, era así. Escuela, entrenamientos, partidos y vuelta a empezar. Escuela, entrenamientos, partidos… Sus amigos de la adolescencia salían de fiesta el viernes noche y él se quedaba en casa. Al día siguiente, tenía fútbol.

Ese par de lesiones graves frenaron su crecimiento . Antes de dejar el Dortmund ya tuvo problemas en la rodilla derecha, que le impidieron disputar la Eurocopa-2016 con Alemania, pero no hicieron desistir al City de su fichaje. Era el segundo golpe duro para el centrocampista a quien una lesión en la espalda le había tenido siete meses de baja entre 2013 y 2014, frustrando su presencia en el Mundial de Brasil. 

Gündogan celebra un gol al Barça de Ter Stegen y Umtiti.

Gündogan celebra un gol al Barça de Ter Stegen y Umtiti. / Reuters

La mutación táctica

 Era un media punta con mucho gol. Luego un medio centro posicional. Después un interior creativo. Más tarde un volante líquido, sin hogar fijo en el campo. Y, al final, un jugador que ha vivido una interesante metamorfosis táctica que le ha transformado en una pieza imprescindible en el City que ha ganado todo. Basta observar su papel en las dos finales de Champions jugadas por el equipo de Guardiola.

En la primera, perdida en 2021 ante el Chelsea, el técnico lo alineó de medio centro sentando a Rodri y Fernandinho, los auténticos especialistas de la posición. En la segunda, ganada en Estambul, Gündogan jugó de interior zurdo, teniendo a su lado a Kevin de Bruyne y por detrás a Rodri.

Y en el tránsito, llegó a jugar de falso nueve explotando al máximo su condición goleadora alcanzando los dobles dígitos, algo inexplorado hasta entonces. En sus cuatro primeras temporadas en el City, Gündogan anotó 22 goles. En las tres últimas sumó 38. Ahí se explica esa mutación que le hace un centrocampista realmente distinto. Tiene pausa, control y, además, inyecta veneno en cada balón que toca.  

    

Gündogan, en actitud pensativa en Estambul en el entrenamiento previo a la final de la Champions.

Gündogan, en actitud pensativa en Estambul en el entrenamiento previo a la final de la Champions. / @IlkayGuendogan

Gündogan, visto por Guardiola

Llegó con Guardiola (2016) al City y se va dejando a Guardiola en el paraíso del trébol. "Es tan inteligente, tan inteligente, tan competitivo… Creánme, es uno de los mejores jugadores que he entrenado en mi carrera. Es de primera clase", comentó el técnico llenando de elogios al centrocampista con quien mejor ha conectado en estos siete años de convivencia.

"No habla mucho, pero cuando lo hace, todo escuchan. Ese es el poder del líder", subrayó Guardiola. "Lo demuestra en cada sesión de entrenamiento, llegando a tiempo, viviendo su trabajo 24 horas y juega cómo juega", recalcó el entrenador del Manchester City, ensalzando su capacidad para entender todo lo que le pedía.

"Es un tipo cerca del área con un increíble sentido del gol y puede hacrlo como mediocampista defensivo sin ningún problema. Lo demostró hace años cuando Fernandinho estaba lesionado. Recuerdo, por ejemplo, contra el Burnley y sus balones largos. Parece que necesitabas un medio centro físico, pero él es tan inteligente y astuto… Maneja, además, la presión realmente muy bien".

Gündogan, tras recoger la Champions que ganó el City al Inter en Estambul.

Gündogan, tras recoger la Champions que ganó el City al Inter en Estambul. / Afp

Despedida en la cima

Se va de Manchester tras ganarlo todo, lamiendo las heridas de las Champions perdidas, enterrando el recuerdo de esa frustración. Se va porque necesita descubrir nuevos estímulos en Barcelona, un equipo que requiere de la experiencia de Gündogan. Se va tras hollar la cima. Más alto ya no puede llegar.

Podía quedarse – Guardiola no quería perder a su capitán; el club tampoco -, pero ha decidido venir a Barcelona para reencontrarse con Lewandowski, su antiguo compañero en el Dortmund. Ambos en los años finales de su carrera se erigen como pilares de la obra que está construyendo Xavi para darle al Barça solidez y, sobre todo, competitividad en Europa. 

Viene Gündogan dispuesto a ser la llave que resuelva al técnico azulgrana muchos problemas en el centro del campo además de proporcionar tranquilidad si Pedri vuelve a recaer de sus lesiones musculares.