"PERDONAR SI NO ME ENTÉNDEIS, ES CULPA MÍA"

Koeman: "El Barça de hoy no puede jugar como hace ocho años"

  • "No voy a hablar más de mi futuro. Con lo que hay hemos hecho el máximo", dice

  • "Si ves la lista, si ves los convocados, ¿cómo vamos a jugar al tiki taki?", afirma

Ronald Koeman.

Ronald Koeman. / JORDI COTRINA (EPC)

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Marcos López
Marcos López

Periodista

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En un Camp Nou donde la gente ya ha desertado, quedaron libres casi 13.000 localidades que podían haber accedido, retornó un fútbol rústico, primitivo, que haría remover cualquier cimiento ideológico culé. Y lo remueve de tal manera que daña a la vista. Daña ver a Luuk de Jong rematar a un metro de la línea de gol. Daña porque físicamente era mucho más complejo que la pelota se marchara a la grada como se marchó.

Daña a la vista aún más que casi la última media hora de una noche angustiosa se terminara con un doble delantero centro: el auténtico (Luuk de Jong) y el postizo (Gerard Piqué). No había más recursos demostrando el viaje a las antípodas, al fútbol del siglo XX. Pero no de finales del siglo XX. Más bien del inicio.

Y ahí, en esos escenarios tenebrosos, emergió la figura del verdadero nueve que tuvo el Barça. Un chico joven, uruguayo él, dotado de una personalidad tremenda, capaz de jugar a campo abierto, teniendo más de 50 metros a su espalda, sin sentir miedo alguno en una noche caótica. Hasta tuvo Araujo la rebeldía de convertirse en un extremo derecho, ya en el tiempo añadido, con un centro soberbio donde Piqué no llegó a tiempo para remontar un partido que perdió el Barça desde el inicio.

La rebeldía de Araujo fue el único motor al que se conectó el Camp Nou en una tenebrosa noche. Otra más

Casi antes de salir al campo, como si no entendiera el valor de un partido que somete a Koeman al tribunal popular por muchas razones. Y todas argumentadas para desgracia suya, sobre todo ante la mirada cada vez más crítica y exigente de Joan Laporta. Un presidente crecido y educado en el cruyffismo, a quien noches tan anti culturales le remueven el estómago. Y mucho más. Pero la Liga, con la visita a Cádiz el próximo jueves, igual no le deja tiempo para tomar decisiones. 

Aunque como diría Núñez cuando estaba tramando el adiós de Cruyff (1996), se está cargando de razones. Porque hay cosas que el actual presidente no puede entender. Ni tolerar. No hubo recursos para sortear al Granada que empezó el partido disfrutando del Camp Nou, aprovechando la debilidad en un saque de esquina.

54, un récord de centros

Cada balón colgado al área, y fueron 54, cifras de recórd, era una puñalada en el viejo y exitoso estilo azulgrana que ya no existe. Era el único recurso. Como Koeman no tenía delanteros acudió a tres torres (Araujo, De Jong y Piqué) para desangrarse con tal estrépito que le costará recuperarse. Entró Gerard para jugar de nueve, estando el neerlandés en el campo ya desde el inicio de la segunda parte. No había más registros. Era el primero y el último, con Laporta en el campo viendo, además, salir a Riqui Puig, una de las apuestas estratégicas del club. Y del presidente.

Antes, ya hace muchos años, el Barça tenía un estilo. Jugaba con frac y la pelota viajaba elegante por toda la pradera del Camp Nou. Ahora, sin embargo, es un objeto volante no identificado

Antes, hace unos años, era el pase. Ahora, es el centro. En su momento fue control, velocidad de balón y circulación tan rápida que el rival era incapaz de tapar tanto boquete de agua. En noches tan dramáticas cada balón a la olla (usando la expresión del siglo pasado como el fútbol del Barça) era una puñalada al corazón culé. Se sabía y se intuía que la vida sin Messi sería terriblemente duro. ¿Duro? No, durísimo. Pero no se podía imaginar que la realidad sería tan cruel con un equipo y un club que presume de ser más que un club. Pero ahora mismo no es un equipo. Bastante tiene con ser un club. Y gracias.

Empezó con el 4-3-3 y acabó Koeman con el 4-2-3-1 para terminar jugando con un triple delantero centro: Luuk de Jong, Piqué y Araujo

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Antes, ya hace muchos años, el Barça tenía un estilo. Jugaba con frac y la pelota viajaba elegante por toda la pradera del Camp Nou. Ahora, sin embargo, es un objeto volante no identificado, al que se tortura a patadas despreciándolo como si fuera una basura. Y lo era para el Barça. O el equipo que llevó la camiseta del Barça. Hasta Koeman lo admitió. "Una vez más, el Barça de hoy en día no es el de hace ocho años. No hay profundidad, hay que buscar otras maneras", dijo el técnico. "Perdonar si no me enténdeis a mí. La culpa es mía", recalcó Koeman.

"Si ves la lista, si ves los convocados, ¿qué hay qué hacer?", comentó el técnico. "Jugar al tiki-taki donde no hay espacio", afirmó después para justificar la decisión de cambiar de sistema. Empezó con el 4-3-3 y luego apostó por el 4-2-3-1, con libertad para Coutinho, y acabó con ese doble nueve (Luuk de Jong y Piqué)hasta que llegó el tercer delantero centro, el chico que levantó a todo un estadio cuando asistió a las patadas y más patadas a un estadio. Con la fe de Araujo no bastó.