27 nov 2020

Ir a contenido

DUELO EN EL CAMP NOU

Un Barça-Madrid entre el ruido y el silencio

Los problemas institucionales en el Barça y las dudas sobre el entrenador en el Madrid marcan un partido que se jugará en un Camp Nou vacío y sin alma

Albert Guasch

Nos preparamos para el clásico más atípico del siglo. / El Periódico

El Madrid viene a ser como Donald Trump con las encuestas: nadie se fía. Llega por detrás, buscando votos de confianza, remontar los malos presagios por las dos derrotas consecutivas. Pero es el Madrid, capaz de voltear sondeos y derrotismo. En la previa del Clásico de hoy (Camp Nou, 16.00 horas) produce su maquinaria el ruido de un posible cambio de jefe de campaña, entiéndase de entrenador. Que si Raúl es la esperanza que viene de abajo, que si Pochettino… La volatilidad del fútbol, que es un coche que siempre arrastra una cuerda con latas.

Pero para ruido, el que emana de los cuarteles generales del Barça. Es una guerra civil a trinchera abierta. Un pim-pam cruzado. Entre la moción de censura, a la que la directiva se aplica con marrullero espíritu de filibusterismo, y la negociación salarial, que inspira cartas y burofaxes que apuntan al menisco, al aficionado azulgrana solo le cabe encomendarse a Ronald Koeman. El holandés garantizó que los futbolistas saben separar el juego del negocio. Es la voz fresca, singular y creíble en medio de bandos e intereses.

Los exteriores del Camp Nou, este viernes, antes del Clásico. / JORDI COTRINA

Entre tanto estruendo externo, llegará la hora del partido y se hará el silencio. Un Camp Nou vacío y sin alma, con pocos asistentes y cubiertos por mascarillas, contemplarán el clásico más hogareño posible. Ni siquiera habrá bares en los que juntarse para despotricar del adversario o del futbolista propio que pueda parecer que juega para el adversario. O gritar al árbitro, que ese sí juega siempre para el otro. Cada uno en su casa o reuniones entre pocos, si se acepta la responsablidad social de estos tiempos.

Dos proyectos a examen

El fútbol ha perdido prestigio como fenómeno de entretenimiento. El deporte en general lo ha hecho. Las audiencias televisivas así lo describen. Rafa Nadal, tenista y futbolero, lo ratificaba ayer en una entrevista en este diario. "El fútbol, como todo en este momento, ha perdido un poquito de interés. Todos tenemos un rival que es este virus que ha trastocado nuestra vida". Solo un Barça-Madrid puede colorear un rato la gris realidad. Incluso en un Estadi sepulcral. "Jugar sin público quita morbo", admitió Koeman.   

Al holandés y su rejuvenecido equipo le convendría un triunfo para robustecer la musculatura de su proyecto, aún en fase incipiente, que no se sabe si le da para un gran salto o un saltito. Las piernas nuevas generan al menos una excitación que se había perdido desde la humillante noche de Lisboa. Pedri, Trincao, Ansu Fati… No es poco. Al envejecido grupo de Zidane le convendría también un buen resultado para disipar la humareda ennegrecida que le envuelve. ¿Se trata de un equipo crepuscular o no? Pregunta pertinente. "Es un partido importante para cambiar nuestra imagen", dijo el francés.

Mala racha de Messi

De eso se trata en estos momentos, de ganar para influir en el ánimo propio y ajeno, de generar confianza y deprimir al otro, de iluminar el camino. Demasiado madrugador en el calendario este duelo para encontrarle otra trascendencia. En el Barça cabe contar con el recuperado Jordi Alba y falta ver qué papel le otorga Koeman a Antoine Griezmann. A estas alturas puede considerarse que su caprichoso fichaje ha lastrado las cuentas del club a cambio de muy poco. El Barça rindió a un nivel aceptable ante el Ferencvaros con extremos abiertos (Ansu Fati y Trincao, más Dembélé después) y sin el francés, al que se le ha movido en el tablero como una pieza que nunca encaja. 

Koeman puso sonrisa ladeada y cara de veteranía cuando se le preguntó si los nervios le permitirían dormir antes de su primer Clásico como entrenador. Mejor dormirá después si Messi rompe su mala racha de cinco partidos sin marcarle al Madrid. Si el argentino afina, el equipo tiene más opciones de despuntar. Es en el césped donde debe defender primero su salario.