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memoria azulgrana

40 años del Barça en Basilea: "Tenim la Recopa, ara l'Estatut"

La conquista del título de aquel 16 de mayo significó un cambio de ciclo para la 'gent blaugrana'

Los futbolistas que protagonizaron esa final histórica, respaldadas por 35.000 'culés', revisan su recuerdos

Emilio Pérez de Rozas

El FC Barcelona recuerda la Recopa de 1979 con un documental. / BARÇA TV / EFE

Cuarenta años después, el partido sigue siendo tremendo, la prórroga escalofriante, el resultado casi único , la victoria inigualable, sin precedentes (hasta aquel momento), la gesta, el hito, la conquista, histórica,  pero lo que sigue vivo fue la movilización azulgrana, el apoyo, el comportamiento, el despliegue, la unión, la simbiosis que se produjo, aquel 16 de mayo de 1979, entre el equipo y la ‘gent blaugrana’.

Más de 35.000 culés, los 28.000 que viajaron en coche, autobús, tren y avión hasta Basilea y los 7.000 catalanes desplazados a la ciudad suiza desde todos los rincones de Europa, provocaron tal marea azulgrana, tal ambiente y, sobre todo, tal compromiso con el fútbol, el civismo y la victoria que el precedente, aún hoy, se considera como la primera y gran conquista del Barça, de los catalanes, que fueron felicitados, más por su civismo y actitud, por su comportamiento y alegría, que por los goles y la sonada victoria por todas las autoridades, desde el alcalde de Basilea al ministro de Exteriores suizo.

Algunos momentos de aquella final de Basilea frente al Fortuna de Dusseldorf podían resumirse en pocos párrafos, en una alineación formada por Artola; Zuviría, Migueli, Costas, Albaladejo; Sánchez, Neeskens, Asensi; Rexach, Krankl y Carrasco, más la salida de De la Cruz y Paco Martínez. En la dirección de Quimet Rifé, que sustituía al cesado Lucien Muller. O por el rosario de goles: 1-0 (‘Tente’ Sánchez, minuto 5), 1-1 (Allofs, m. 8), 2-1 (Asensi, m. 34), 2-2 (Seel, m. 41), 3-2 (Rexach, m. 104), 4-2 (Krankl, m. 111) y 4-3 (Seel, m. 114). E, incluso, en el penalti fallado por Rexach.

Los héroes del la Recopa, el domingo 12 de mayo del 2019, en el Camp Nou / JORDI COTRINA

"No se acababa nunca. Nos poníamos por delante y no parábamos de perder la ventaja. Le pedí al árbitro 'Pite ya, por favor'"

Juan Manuel Asensi

Centrocampista del Barça de los 70

Ese fue el partido que todos, entonces y ahora, reconocen haber jugado con el alma más que con la cabeza o los pies. “Yo solo recuerdo”, explica Asensi, “que aquello no se acababa nunca. Nos poníamos por delante, cosa que hicimos ya en el minuto cinco de partido, y no parábamos de perder la ventaja. Incluso cuando Hansi, ¡debía ser Hansi!, marcó el 4-2 casi ya acababa la prórroga, pensé ‘venga, listos, ¡ya está!’ y ¡puuum!, nos meten el 4-3. ‘¡Dios!, que se acabe esto, por favor’, pensé. Hasta me acerqué al árbitro, el húngaro Palotai, y me atreví a pedirle cuanto quedaba. ‘Pite ya, por favor, pite ya’”.

Carrasco, De la Cruz, Neeskens y Martínez celebran un gol con Asensi y Rexach abrazados en el césped / RAFA SEGUÍ

Y pitó. Y Asensi cogió el balón y se fue a abrazar a Artola. Y el estadio Saint Jakobs se convirtió en una fiesta. Y hasta yo, que había viajado en compañía de dos de mis maestros como Àlex J. Botines y Quim Regás, para cubrir el evento para EL PERIÓDICO, me contagié de toda aquella locura hasta el extremo de irme a un córner, arrancar el banderín, de madera, cuadrado y, dárselo al vicepresidente Josep Mussons para que lo guardara en el Museo del Barça, donde ahí sigue, junto a la camiseta de Carrasco, el trofeo de esa Recopa y el banderín que Asensi portó como capitán.

Hasta aquel momento el Barça no había triunfado en Europa y aquello fue mucho más que una gesta. Y no porque fuese aún en la era del papel, del maravilloso papel, sin móviles, sin redes sociales, sin imágenes digitales, sino porque aquello fue la viva demostración, la prueba más inmensa y entrañable, de que el Barça es más que un club. Es un país entero metido en una camiseta, luciendo un escudo y portando miles y miles de 'senyeras' y banderas azulgranas.

"Veníamos de un montón de desgracias. Nuevo entrenador, Migueli con la clavícula medio rota, Neeskens que se iba y el accidente de la mujer de Krankl"

Charly Rexach

Exfutbolista y exentrenador del Barça

“Veníamos de una temporada mala, mala”, cuenta Rexach en el maravilloso y entrañable reportaje realizado por Barça TV y titulado 'Basilea, una fotografía para la historia'. “Y, no solo eso, veníamos de un montón de desgracias, de desastres, que hubiesen podido afectarnos y mucho. Acabábamos de cambiar de entrenador, como quien dice Quimet había dejado de jugar hacía poco y ya nos mandaba. Migueli tenía medio rota la clavícula derecha y quiso jugar, y jugó. A Neeskens le acababan de anunciar, dos días antes, que se iba del club porque habían fichado a Simonsen. Y estaba el accidente, tremendo, de Inge, la esposa de Hansi (Krankl) a la salida de un Barça-Espanyol (2-1) en el que le habían expulsado y, cuando regresaba a casa, se estrelló”.

El equipo, concentrado tres días antes en un castillo en la frontera con Francia, en Isenbourg, era consciente de que era una oportunidad única. “Muchos veteranos, como Charly, Asensi, Artola, De la Cruz, Costas…estaban frente a su última oportunidad”, cuenta Paco Martínez a EL PERIÓDICO, “así que no había más remedio que unirnos ante un reto que iba a marcar nuestras vidas”.

Fue, cuenta Martínez, en el momento de la charla táctica de Rifé cuando la comunión se convirtió casi en un 'akelarre'. “Nosotros jugábamos siempre un 4-3-3, que, cuando perdíamos el balón, se convertía rápidamente en un 4-4-2 porque o yo, o el ‘Lobito’, Hansi o Charly bajábamos a reforzar el centro del campo”. "Y, sí, así lo contó Rifé. Y, acto seguido, como casi siempre solía hacer, el ‘mister’ dejó, disimuladamente, el papel de la estrategia sobre una mesa y hacia ella nos dirigimos los jugadores para dibujar un gran deseo”, sigue contando el bueno de Martínez. “Recuerdo que yo puse 4-3, ganamos 4-3. Y ese fue el resultado. Sé que ‘Quimet’ Rifé tiene ese papel enmarcado y guardado en su casa”. Fue el pacto. Y fue realidad.

Pero si tú hablas con Artola, si tú hablas con ‘Charly’ (“después de fallar el penalti ¡y eso que yo nunca fallaba los penaltis!, estuve cinco minutos 'groggy', no sabía dónde estaba, qué había hecho”), si recuerdas aquellos días con Asensi, si charlas con el estupendo y generoso ‘Tente’ Sánchez, todos, te cuentan que aquella final se ganó por la gente, los 35.000 culés que convirtieron aquella ciudad en “el mejor y más grande paraíso que jamás ha existido”, relata el ‘Lobito’ Carrasco, que añade: “Estábamos a cientos de kilómetros de casa y aquella gente convirtió aquel campo en el Camp Nou. No podíamos fallarles”.

“La entrada al terreno de juego era estrecho, muy angosto, ya entonces viejo, antiguo”, cuenta Paco Martínez. “Nosotros”, añade Carrasco, “estábamos encerrados, concentrados, lejísimos y, aún y con todo, el día antes ya oíamos voces, rumores, de que decenas de autobuses, cientos de coches y trenes, miles de culés venían, llegaban, a Basilea. La emoción, de verdad, iba en aumento aunque no los vieses, ni los escuchases, sabías que venían, que estaban allí”.

"Salimos a calentar y no parábamos de ver miles de banderas, de gente loca, coreando el nombre del Barça. Nos dijimos 'es imposible perder'"

Paco Martínez

Ex del Barça y titular en la final de Basilea

Sigue Paco Martínez: “Y, de pronto, cuando salimos a calentar, nos miramos, ¡acojonados! pero tremendamente felices, porque no parábamos de ver miles y miles de 'senyeras', de banderas azulgranas, de gente loca, contenta, alegre, esperanzada, ilusionada, coreando el nombre del Barça. Y mientras calentábamosnos dijimos ‘chicos, aquí no podemos perder, es imposible perder’. Porque aquella gente ya había ganado la final”. “Si perdemos, amigos, no podemos volver a Barcelona”, llegó a decirles Rexach.

Es seguro, ¡claro que sí!, que buena parte de aquellos 35.000 culés eran los que habían hecho cola para donar sangre en la clínica Corachán, en cuya UVI estaba recuperándose Inge, la esposa de Krankl (“yo estoy ya mejor, has de ir a Basilea con tus compañeros, ¡ve y gana!”, le dijo), es seguro que fueron los que empujaron a Migueli a sobrellevar el dolor de su clavícula dañada (“¡mierda!, hubo prórroga y la anestesia que me había dado Ángel Mur dejó de hacer efecto”) o enviaron a Neeskens el mensaje de que aún era tremendamente querido por ellos.

“Yo no me emociono fácilmente, bueno, ahora con 69 años, puede que sí, pero cuando salimos al campo el cosquilleo que nos entró fue de los que hacen época. ¡Pero, bueno, qué es esto! ¡dónde nos hemos metido! ¡no podemos fallar a esta gente!”, reconoce, 40 años después, Asensi. “Yo tampoco soy de llorar, pero cuando vi aquellas banderas, aquella gente, aquella pasión y, sobre todo, aquella ilusión, se me saltaron las lágrimas”, cuenta De la Cruz.

La suerte de Algursuari

José María Alguersuari, enorme fotoperiodista de EL PERIÓDICO, nunca olvidará el día antes de aquella final, el día antes de partir con Àlex, con Quim y conmigo a Basilea. “Bajé a la estación de Francia a hacer fotos de los cientos y cientos de culés que se iban en tren, pues los había que se habían ido en autobús y a los que les esperaban 17 horas de carretera. Hice las fotos y, cuando llegué al laboratorio del diario, ¡Dios!, me di cuenta de que me había olvidado de ponerle carrete a la cámara”. Alguersuari, un auténtico ‘motard’,cogió su moto, volvió a la estación de Francia y tuvo la suerte de que aún quedaba un tren por partir, el último.

La expedición azulgrana en el aeropuerto de El Prat, 17 de mayo de 1979 / EL PERIÓDICO

No fue, no, una final. Ni siquiera un partido de fútbol. No fue, tampoco, tampoco, una conquista europea, la primera, la que mejor sabe, tal vez. No fue Wembley, cierto. Fue mucho más que todo eso. Fue el día, la semana, la hora, los 120 minutos en los que el mundo, todo, el futbolístico y el otro, el mundano, supo que Barcelona tenía un club, una afición, un país detrás suyo. Cuarenta años después, los que ganaron aquella Recopa reconocen que ganaron por esa gente, afirman que todas las horas, cansancio y devoción por unos colores que 35.000 culés se dejaron en esa excursión, en esa peregrinación, valieron la pena.

Aquella portada mítica

Era el 16 de mayo de 1979. Fue un estallido de ilusión colectiva. Fue el viejo Nicolau Casaus, el ‘Moisés’ azulgrana, quien lideró la excursión de los autocares. Fue un punto de inflexión. Un renacer. Fueron, luego, enseguida, en medio de una transición ilusionante, un millón de personas en la calle, portando 'senyeras' y banderas azulgranas y coreando, gritando, cantando, el eslogan que se convirtió en la frase que redondeó aquella preciosa historia: “Tenim la Recopa, ara l’Estatut” Por eso EL PERIÓDICO de aquel 17 de mayo de 1979 tituló en portada: 'Qué noche la este Barça'. Qué noche la de aquel día. Pero, sobre todo, qué gente la de este Barça.