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JUICIO AL EXPRESIDENTE DEL BARÇA

El 'caso Rosell': por el amor al palco (azulgrana)

Sandro Rosell atribuye parte de sus desdichas a su decisión de presentarse a la presidencia del Barça

Albert Guasch

Sandro Rosell declara en la Audiencia Nacional.

Sandro Rosell declara en la Audiencia Nacional. / EFE

Ahora que se van acercando las elecciones a la presidencia del Barça y que algunos prohombres van asomando intenciones, quizá se les pasara a todos un poco las ganas de haber escuchado ayer a Sandro Rosell. Lo peor que le ha sucedido en esta vida, en particular su penosa privación de libertad desde hace casi dos años, ocurrió tras formalizar su deseo en el 2010  de sentarse en el mejor puesto del palco del Camp Nou, según dijo ayer. Inspecciones fiscales a mansalva, las ventas de sus queridas empresas para atender promesas electorales y ahuyentar así fantasmas de conflictos de intereses, tres denuncias de la Audiencia Nacional, la cárcel y la separación respecto a los suyos, el embargo de sus cuentas… Es para tomar nota.

Si el lunes vimos al exdirigente azulgrana por primera vez después de mucho tiempo, ayer se le pudo al fin escuchar. Lo primero que hizo fue denunciar “los errores y falsedades” de la fiscalía. Lo dijo acercándose demasiado al micrófono. Debía ser la ansiedad por hablar. Llevaba una libreta negra, que ni abrió, junto a un bolígrafo Bic. Puntuó sus explicaciones con golpes en la mesa, ahora con los dedos, ahora con la mano, tosiendo de vez en cuando. Se le veía mejorado de su bajón físico del fin de semana, enérgico en la defensa de sus negocios. 

A ratos su declaración pareció una lección de márketing deportivo; en otros permitió un vistazo al negocio del fútbol, tan desbordante de dinero

En ocasiones pareció dar una ‘master class’ de márketing deportivo en una escuela de empresarios. “Se puede pagar más para sacar más, parece contradictorio, lo sé”, aleccionó. “Hay que saber buscar valor de lo que no tiene valor”, enseñó después. Era para tomar apuntes, ciertamente.

En otras ocasiones permitió con sus explicaciones echar un vistazo al negocio del mundo del fútbol, tan desbordante de dinero. Hasta los agentes policiales que le escoltan parecieron salir de su somnolencia escuchando cómo consiguió que por primera vez el balón de la liga española valiera un dinero por patrocinio, o cómo y cuándo se firman los fichajes con agentes y futbolistas.

El caso a la prensa

Pero el Barça y su paso por la presidencia aparecieron como eje de su mal. "Se me va la olla cuando hablo del Barça. Se me van las emociones", dijo tras ser advertido por la jueza al detectarle divagaciones en azulgrana. Por su ambición presidencial sacrificó el resto de un lucrativo contrato con una empresa saudí, explicó. “Me lo podía permitir y era mi ilusión, y así lo hice”.

Por esa ambición regularizó la empresa Uptrend afincada en Andorra. “Cuando me quise presentarme a la presidencia alguien muy sabio de Barcelona me dijo que ahora irían a por mí. Cuánta razón tenía”, dijo en cierta deriva victimista. El resto, complicaciones de sus juramentos electorales, también de la primavera árabe, que no le sentó bien a la venta de su empresa BSM y que la fiscalía estima que fue una operación simulada para blanquear dinero de Teixeira, el expresidente de la Confederación brasileña. A ver cómo lo demuestra.

 "La prensa me metía prisa. En cada comparecencia me preguntaban si ya la había vendido”, comentó. “No tenía que haber hecho caso a la prensa, pero bueno…”, dijo por lo bajini, como un lamento. Acabó satisfecho. O eso pareció. Volvió al banco sonriente, guiñando el ojo. Demostración ante los suyos de que resiste bien. Incluso a que le esposen por detrás, “como si fuera un terrorista”, se quejó uno de su entorno durante un receso. Al acabar, el tribunal permitió que saliera de la vista de todos sin cadenas. Salir de verdad es el objetivo final. Quizá este miércoles. Nada es predecible en este caso.