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El análisis de San Mamés

Las claves tácticas: un equipo plano e insípido

El Barça se queda seco, sin energía: no genera peligro en Bilbao

Marcos López

Messi, rodeado de rivales, en San Mamés.

Messi, rodeado de rivales, en San Mamés. / EFE / LUIS TEJIDO

1. Semedo resiste en la banda izquierda 

A falta de Jordi Alba, que estaba viendo el partido de San Mamés desde su casa por la sanción, Valverde tuvo que inventarse otro lateral izquierdo. Jugó, en realidad, con dos laterales diestros: Sergi Roberto en su tradicional sitio mientras Semedo estaba destinado al otro flanco de la zaga. No lo hizo mal. Fue, además, quien se proyectó con más peligro, a pesar de que no era su sitio. Estaba el portugués obligado a girar casi siempre hacia dentro buscando su pierna y salida natural: la derecha. Pero ése no fue el verdadero problema que tuvo que gestionar Semedo. Por delante suyo andaba Arturo Vidal, ejerciendo de interior zurdo. Hasta dos pérdidas, ambas muy peligrosas, del chileno en el primer cuarto de hora del partido condicionaron la nueva estructura del ala izquierda. Arturo no le ayudaba en las internadas de Susaeta y Coutinho, a quien Valverde mantuvo como extremo izquierdo, tampoco. A pesar de todos esos inconvenientes tácticos, Semedo llegó en un par de ocasiones hasta la línea de fondo del Athletic, dando tiempo incluso a que Messi lo detectara. Pero, claro, no es Alba. Ni tampoco se le pedía que lo fuera. 

2. Cambios que tampoco ayudaron  

Ni en la primera parte. Ni tampoco en la segunda. El Barça transmitió una imagen gris, llena de ineficacia, estrellado en su propia impotencia. No tenía argumentos ofensivos porque no sabía descodificar la estructura del Athletic, además de generar pocas, muy pocas opciones de gol. Demasiadas pocas para un equipo excesivamente plano. No solo eso. No dio, en ningún momento, la sensación de que tuviera bien diseñados los caminos para intimidar a Herrerín. Luego, ya en la segunda mitad, los cambios tampoco ayudaron al líder porque la entrada de Aleñá por Arturo Vidal no permitió dominar el centro del campo, como se vio en los instantes finales. La presencia de Dembélé en el último cuarto de hora en el sitio de un apático Coutinho, que volvió a desaprovechar una ocasión para reinvidicarse. No hay manera de que levante el vuelo el brasileño. El francés tampoco tuvo presencia en ese tramo. Ni con el mejor once, sin Alba el Barça pierde ataque, ni con los cambios mejoró. 

3. Messi fue la única amenaza ofensiva 

Sin estar al cien por cien, Messi fue el mejor. Más bien, el único. El único que entendió la manera de generar peligro para la estructurada defensa del Athletic. Estructurada y, sobre todo, inteligente porque empujó al Barça a su área en la primera mitad, alejando así al 10 de las cercanías de la casa de Herrerín. Con eso se conformaba Garitano, el entrenador del equipo vasco. En los primeros 45 minutos se salió con la suya porque el ataque azulgrana fue realmente inexistente y todo centrado en las apariciones del astro argentino. Pero tan lejos estaba Leo de la portería del Athletic que su equipo lo acusó. Tampoco recibió la aportación que necesitaba de Luis Suárez o de Coutinho, dos delanteros que estuvieron desaparecidos. Cuando el Barça mejoró un poco en la segunda mitad, y era fácil teniendo en cuenta lo mal que lo hicieron en la primera, seguía estando Messi. Pero sin ayuda alguna. De ahí que ese ficticio dominio se fuera diluyendo en el tramo final del partido, sin respuesta táctica alguna. No tuvo energía ni, por supuesto, pegada el líder, sosteniéndose en esas poderosas e indestructibles manos de Ter Stegen