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LA AUSENCIA DEL '7'

El fantasma de Cristiano

En Valdebebas, a diferencia de Manchester, no queda rastro del portugués, solo el hueco de sus goles

Guillem Balagué

Cristiano Ronaldo agradece la muestras de cariño de la grada de Old Trafford tras la visita de la Juventus al Manchester United.

Cristiano Ronaldo agradece la muestras de cariño de la grada de Old Trafford tras la visita de la Juventus al Manchester United. / TOM PURSLOW (GETTY IMAGES)

Dicen que el fantasma de Cristiano Ronaldo se pasea por la ciudad deportiva de Carrington, la del Manchester United. No soy de los que creen en estas cosas pero, aprovechando una de las visitas que hice mientras escribía la biografía del portugués para charlar con algunos de los que todavía trabajan ahí, puse el radar. ¿Sería una sombra? ¿Un calor especial en alguna sala, quizá en el gimnasio? ¿Un tipo con una sábana?

Al poco de llegar a Carrington, olvidé de comprobar mis sensaciones sensoriomotrices y me centré en repasar su estancia en el centro deportivo. Me lo enseñaron todo. Por aquí el gimansio donde se pasaba más horas que nadie, allí la esquina del campo donde se tiraba la tarde chutando en solitario porque estaba avergonzado de su técnica, ahí el restaurante que servía el pastel de manzana con natillas tras los entrenamientos, esta es la oficina donde trabajaba el asistente de Alex Ferguson que a veces se escondía cuando sabía que estaba a punto de pasar Ronaldo seguramente con ganas de exigirle nuevos ejercicios,  nuevas maneras de seguir creciendo. Y ahí está la oficina del míster, en donde se establecieron los estrechos lazos de unión con el futbolista.

Una cita en la pared

Hay una foto de Ronaldo aquí, otra allá. Una cita del astro portugués está serigrafiada en la pared: “He pasado un cuarto de mi vida aquí. Era un niño cuando llegué a Manchester y marcho como un hombre. Este club y sus aficionados siempre tendrán un sitio en mi corazón. He aprendido un montón de lecciones vitales aquí, y nunca olvidaré las cosas que me he llevado de tanta gente”.

Piqué, Busquets y Cristiano, en el último clásico. / JORDI COTRINA

Ronaldo, como todos aunque quizá de un modo más vehemente, quiere ser querido y nunca se ha sentido más adorado que en Manchester. Y el amor es mutuo. Por eso el fantasma sigue ahí: en parte porque no quiere marchar, en parte porque no le dejan.

Hoy decidí hacer un paseo mental por Valdebebas, aprovechando que conozco algunos de sus rincones gracias a una época anterior en que se podía entrar en las sacrosantas instalaciones del Real Madrid más allá de la sala de prensa. Cierro los ojos, las manos sobre la mesa, intentando contactar con los espíritus. Me quiero imaginar que rastro del portugués queda en la ciudad deportiva madridista. Nada.

El "mercenario del gol"

No consigo conectar con nada ni nadie. Como si no hubiera existido nunca. Ni fotos, ni citas, ni ejemplos edificantes que queden para recordarles a los que suben cómo se hacen las cosas. Alfredo Relaño le llamó una vez “mercenario del gol” y eso es lo que ha sido en el Madrid. Así que el vacío que ha dejado se encuentra principalmente en el terreno de juego. Y muy visible.

Los blancos nunca han defendido excesivamente bien. Fuera quien fuera el rival, casi siempre se volvía de un encuentro ante el Madrid pensando que se jugó bien, que se tuvieron ocasiones, solo que, cuando menos se espera, un madridista acababa con las buenas sensaciones como un taladro en una tarde de paseo otoñal por la playa de Sant Feliu de Guíxols, y ponía al Madrid por delante en el marcador. El Madrid te gana a latigazos cuando el encuentro es desordenado. Crees que puedes volver al partido y quizá hasta marcas, pero te meten dos mazazos más y se acabó. Por eso Ronaldo ha encajado siempre tan bien en la historia del club y en el estilo. Sin juego deslumbrante, la estrella es el del taladro.

Cristiano se despide de la hinchada del United con la Juventus. / ROBBIE JAY BARRAT (GETTY IMAGES)

El camino de la excelencia

A Lopetegui, de la escuela Barça, le encanta el orden, las posiciones fijas, una salida del balón definida y otras alternativas trabajadas en los entrenamientos. Le gusta definir una manera de tocar y llegar al área rival, los jugadores tienen funciones y posiciones claramente definidas. Quiere un equipo de posesión con soluciones colectivas para los problemas en ataque y defensa. Y así, yendo por el camino largo a la excelencia, ha perdido la fuerza que les ha hecho ganar tanto: la improvisación.

El Madrid ha sido durante décadas un grupo de estrellas más que una orquesta donde está todo ordenado y medido, así que Ronaldo ha desaparecido en el momento adecuado, no tengo claro cómo hubiera funcionado el martillo de Cristiano y la batuta de Lopetegui. El primero se ha ido a Italia en busca de más amor. El segundo ahora ha perdido todo el respeto de su presidente, aunque ese camino para conseguir que el Madrid jugara bien no ha hecho más que empezar. Ese proyecto fascinante choca con algunos de los individuos de ese vestuario y la urgencia y extraño criterio futbolístico del que manda. El mismo que llevaba años intentando deshacerse de Cristiano. Lo ha conseguido. En Madrid del portugués no queda ni el fantasma ni la melancolía de su ausencia. Solo el hueco de sus goles.

*Guillem Balagué es autor de 'Cristiano Ronaldo, la biografía'