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EL PARTIDO DE VALLADOLID

Prohibido pisar el césped

El FC Barcelona presenta una queja forrnal a la Liga por el deplorable estado de la hierba del José Zorrilla y Tebas anuncia un expediente disciplinario

Rafael Tapounet

Jordi Alba, tendido en un césped en pésimo estado. 

Jordi Alba, tendido en un césped en pésimo estado.  / SERGIO PEREZ

Nos empezamos a preocupar de verdad cuando el martes le preguntaron al presidente del Real Valladolid, Carlos Suárez, si el césped del estadio Nuevo José Zorrilla estaría a punto para el partido frente al Barça y su respuesta, brutalmente honesta, fue: “No estará perfecto, porque cuando se pone, viene enrollado. Y el calor afecta”. Ya intuíamos que una hierba plantada con apenas cuatro días de antelación podía ofrecer algunos inconvenientes a la hora de jugar a fútbol, pero la imagen que convocó el presidente blanquivioleta al desvelar que el césped “cuando se pone, viene enrollado” nos llenó de aprensión y nos hizo temer todo tipo de accidentes y de situaciones rocambolescas.

Al final, los tepes de 'poa pratensis', variedad también conocida como pasto azul de Kentucky, empezaron el partido en posición horizontal. El césped, pues, no se enrolló. Ahora bien, se levantó más que los militares españoles en el siglo XIX. La hierba de Zorrilla, tal como había profetizado Carlos Suárez, anduvo lejos de estar perfecta. Muy lejos. De hecho, fue un verdadero desastre. Si estaba viendo el encuentro desde su casa (seguro que sí), a Xavi Hernàndez le debían de sangrar los ojos. Pese a los esfuerzos a contrarreloj de la reconocida empresa sevillana Novogreen –la misma, por cierto, que se ocupa del verde del Santiago Bernabeu-, el campo del Valladolid no tardó ni cinco minutos en llenarse de toperas. Los jugadores andaban más pendientes de no tropezar y de intentar recolocar los trozos de pasto en su sitio que de jugar a fútbol. Algo que, por otra parte, resultaba enormemente difícil en un terreno irregular y poco fiable que convertía cada pase raso en una bola loca.

Servicio de jardinería 

En el descanso, una brigada de operarios saltó al terreno de juego para tratar de recomponer el césped en la medida de lo posible, pero aquello era tan útil como barrer la playa. Cuentan que tras el ascenso a Primera el Valladolid fichó al ingeniero técnico agrícola Antonio Blanco García del Pino como responsable de la hierba de Zorrilla ('head groundsman', dice el hombre en su cuenta de Twitter). Visto lo visto, más le habría valido recurrir a la Casa Pastoral de Servicios de Jardinería y Exteriores, como hizo el protagonista del relato de Stephen King 'El hombre de la cortadora de césped' (sin caer en 'spoilers', digamos que la empresa garantiza un pasto inmaculado aunque ello suponga arrasar con todo lo que se ponga por delante, incluidos los propios clientes).

Sintiéndose agraviado, cosa comprensible al ser el equipo que más intentó jugar, el FC Barcelona presentó una queja formal ante La Liga. El presidente de la entidad, Javier Tebas, respondió vía Twitter admitiendo que el campo "no reunía las condiciones mínimas" y anunciando la apertura de un expediente disciplinario. Tal vez podría sugerir al Valladolid que juegue todos sus partidos como local en Estados Unidos hasta que el césped de Zorrilla deje de ser una amenaza para el juego y, sobre todo, para los jugadores. Si, como decía el rey de Qin en Hero, de Zhang Yimou, "hasta una brizna de hierba puede ser un arma", ni les cuento lo que puede hacerse con un tepe de césped en malas condiciones.

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