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ÚLTIMAS DÍAS DE AZULGRANA

La katana de Iniesta

El centrocampista manchego ejecuta al Villarreal con dos pases letales antes de anunciar su posible marcha al fútbol japonés

Albert Guasch / Emilio Pérez de Rozas

Iniesta, durante una jugada del partido ante el Villarreal.

Iniesta, durante una jugada del partido ante el Villarreal. / JORDI COTRINA

Conviene retener el pase que dio Andrés Iniesta a Digne en el minuto 16. Elegante como un kimono. Letal como una afilada katana. Puede que sea una de las últimas acciones determinantes del eterno 8 con la camiseta del Barça. Al lateral francés se le contabilizará la asistencia a Paulinho en el segundo gol. Pero la acción de gran maestro la ofreció Iniesta.

Conviene retener también el pase que el centrocampista manchego regaló a Leo Messi al filo del descanso. Rápido de pensamiento, preciso en la ejecución. Golpe mortal en lenguaje de artes marciales. En lenguaje azulgrana, un tercer gol que rezuma nostalgia. Cuántos goles hemos visto a través de esa conexión mágica entre esos dos talentos tan puros, tan plásticos, tan decisivos. Quizá no la veamos más.

La fiesta de su adiós

Iniesta, a punto de cumplir los 34 años, se nos va. Él ha explicado muy bien las razones. Honestidad con el club. Honestidad consigo mismo. Quizá aún se le verá flotar sobre el campo del Levante este domingo. Su despedida, no obstante, se producirá ante la Real Sociedad, último partido de Liga, el mítico 20 de mayo. La triste fiesta de su adiós.

Algunos jugadores importantes del Barça han alertado a Iniesta sobre la falta de garantías de pago de los equipos chinos

Ayer ante el Villarreal saboreó un avance de lo que le aguarda ese día. Ovación al sallr a calentar. Ovación al escucharse su nombre por megafonía. Cánticos y más cánticos con palmas de todo el Camp Nou. Apasionados tras el obsequio a Messi (nada fácil cómo resolvió el ’10’ ese balón que le cayó perpendicular, por cierto). Aún más estruendosos cuando fue sustituido por Luis Suárez tras 60 minutos de partido. Sesenta minutos que disputó casi con las manos en los bolsillos, de tan fácil que le resulta brillar en este juego a este sabio del balón.

Se va Iniesta, aunque oficialmente no se sabe aún dónde. Parecía a China. Ahora todos los indicios apuntan a Japón, al Vissel Kobe, el equipo en el que apuró su carrera Michael Laudrup, antropológicamente hablando, su antepasado.

Faltan finiquitar aún unos documentos, según fuentes conocedoras de la operación. Se impone por el momento la cautela. Quizá el propio jugador quiera aclarar algo en Montmeló este jueves en su visita a los pilotos de F-1. Quizá no esté en disposición todavía de hacerlo. Estas operaciones, como los viñedos de sus bodegas que forman parte del contrato, requieren su tiempo justo. "Todos los escenarios salvo Europa son posibles. Aún quedan pequeños detalles por cerrarse", comentó en Bein tras la goleada al Villarreal.

Contrato fabuloso

Se sabe que será un contrato suculento. Y se sabe que China, en concreto el Chongquing Dangdal Lifan, no ha arrojado la toalla. Pero la opción japonesa cuenta con muchas ventajas sobre la china. De entrada, el beneplácito del dueño de Rakuten, Hiroshi Mikitani, socio principal del Barça y amigo de Gerard Piqué. Y el club japonés le ofrece unas garantías de pago que no logran proporcionarle el club chino.

"Aún quedan pequeños detalles por cerrarse", comentó el centrocampista tras el encuentro ante el Villarreal

Cuentan en el entorno azulgrana que tanto Piqué como incluso Leo Messi le han alertado de situaciones de informalidad de los chinos a la hora de pagar. Le han advertido y, por tanto, atemorizado un poco respecto a cambios de leyes repentinos que puedan facilitar que se incumplan aspectos estipulados del contrato. Todo eso puede haber alimentado las dudas del centrocampista azulgrana.

Rakuten le ofrece un hilo familiar respecto a las mil incógnitas que suscitan las megalopolis chinas. En Kobe podría abanderar una nueva Masia. No despegarse del todo, por tanto, del Barça al que un día regresará.

Cuando fue reemplazado a los 60 minutos, Iniesta se dio la mano con varios compañeros, pero se abrazó a su socio Messi. Toda la masa azulgrana le echará de menos. Pero, en el campo, nadie como el argentino. Le costará mucho decirle ‘sayonara’.

  

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