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Análisis táctico: una tarde agobiante para el Barcelona en Ipurua

La sofocante presión del Eibar obliga al once azulgrana a recurrir al patadón para sobrevivir

Joan Domènech

Luis Suárez celebra el gol que marcó en Ipurua que adelantaba al Barça.

Luis Suárez celebra el gol que marcó en Ipurua que adelantaba al Barça. / VINCENT WEST

Ter Stegen es el punto de partida

Desde el saque inicial los diez jugadores de campo del Barça necesitaron a Ter Stegen. Más que nunca. Todos tenían un marcador encima y se veían obligados a recurrir al portero para que diera el primer pase. Nunca fue lo suficientemente preciso para que el Barça pudiera construir con comodidad. Tampoco nadie se desmarcaba con prontitud para que Ter Stegen viera claro el pase.

Tras el descanso, el equipo libró al alemán de tanta responsabilidad, que batió, de largo, el promedio de pases largos que suele realizar. Hubo mayores dosis de valentía para pedir juego dando la espalda al adversario y mayor celeridad en la combinación, siempre en largo, para soslayar el riesgo de una pérdida peligrosa.

Los jugadores del Barça celebran el 0-2 que sentenció el duelo / GORKA ESTRADA (EFE)

Rakitic vuelve a la banda por Inui

El 4-4-2 habitual (roto la pasada semana en casa por la presencia de Alcácer en la banda) aportó una novedad: no fue Paulinho quien jugó por fuera, más abierto a la banda, sino Rakitic.

La presencia del hábil Inui demandaba la presencia de alguien más disciplinado y con mayor sentido táctico que el brasileño para echar una mano a Sergi Roberto. Pocos jugadores hay más abnegados (y más regulares) que Rakitic. El impecable rendimiento defensivo (el Barça sumó otro partido sin encajar) no se vio correspondido por el juego ofensivo: la presión del Eibar maniató a los barcelonistas, obligándoles a recurrir al patadón.

Rakitic despeja un balón en presencia de Inui / JUAN HERRERO (EFE)

Al final, todos reconocían (desde Valverde a Busquets, pasando por Sergi Roberto y Alba) que la expulsión de Orellana les facilitó la gestión final encuentro. Supieron que jugarían contra diez; hasta entonces, sentían que se enfrentaban a doce. "Nos hemos sentido incómodos", confesó Busquets. Fue evidente. El Eibar fue el Barça más que nunca.

Decide la eficacia en el remate

De algo podrá enorgullecerse el Eibar: dejó al Barça sin sacar ni un triste córner. Nadie lo había conseguido. El Atlético y el Betis esta temporada, y el Valencia en la pasada, todos en casa, habían cedido uno de los azulgranas. Un indicador de las pocas acciones ofensivas que pudo realizar el once de Valverde, que  mantuvo a Messi y Suárez en punta como dos náufragos a la espera de un balón que les activara.

Messi y Dmitrovic, en la acción previa al 0-2 / ANDER GILLENEAUTOR FOTO (aFp)

El Barça no superó en ningún indicador a su rival, excepto en la eficacia al rematar. Luis Suárez transformó la primera ocasión en la única escapada que pudo organizar el Barça en el asedio inicial. El pase de Messi le dejó mano a mano con Dmitrovic. La segunda vez culminó con un tiro de Leo al poste, el 34º de la temporada; antes sin embargo, el larguero había malogrado un intencionado tiro de Orellana, cuya torpeza condenó al once local.

Chutó más el Eibar (13 a 10) pero con peor puntería (3-6 entre los tres palos) y menor efectividad: 0-2 en goles. Solo dio síntomas de inferioridad cuando se quedó con diez. Hasta entonces, fue capaz de dominar al líder como nadie lo había hecho.