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Iniesta baila en el agua en el derbi

El capitán azulgrana ofreció una exhibición de control del balón irradiando magia bajo la continua tormenta que sacudía a Cornellà

Marcos López

Iniesta golpea el balón ante Jurado.

Iniesta golpea el balón ante Jurado. / AFP / PAU BARRENA

Pareció flotar.  A veces, hasta determinados jugadores del Espanyol quedaron petrificados ante lo que ocurría ante ellos, sobre todo en la segunda mitad. Más llovía en Cornellà, más bailaba Andrés Iniesta. Y no bailaba solo sino que tenía siempre el balón cosido a sus botas como si un invisible hilo sellara para siempre ese complejo matrimonio. Complejo porque el césped era una inmensa trampa de agua donde todos podrían quedar ahogados, Pero él parecía estar en el jardín de su casa, como si luciera un radiante sol, disfrutando con sus hijos. La tarde era de perros, pero ahí andaba él, el culé más querido por la maravillosa minoría perica, disfrutando del derbi.

No había manera de quitarle el balón a Iniesta. Diríase incluso que en la segunda mitad, justo cuando más llovía en el hogar blanquiazul más feliz andaba él. El resto tiraba la pelota lo más lejos posible, pero el capitán azulgrana siempre la quería a su lado. Más tormentoso era el derbi, más calmado se le veía como si resultara transparente a las inclemencias. El Barça se empababa en la casa del vecino, mientras Iniesta, que completó los 90 minutos, apenas perdió nueve balones. Algo casi irreal teniendo en cuenta tan difícil tapete.

90% de pases acertados

O sea, firmó el capitán un 90% de acierto en el pase, mientras el Espanyol creía volver a tener contra las cuerdas al líder. Y lo tuvo, incapaz, eso sí, de poder detectar esa magia de Iniesta capaz de atravesar las tardes más inhóspitas, incluso para su propio estilo.

Ni le importó al mago azulgrana estar huérfano de sus dos grandes socios: Messi y Jordi Alba. Ambos estaban en el banquillo y solo aparecieron en la segunda mitad coincidiendo con el espectáculo iniestano sobre el agua. "Seguimos ahí arriba, aunque no pudimos conseguir los tres puntos", dijo después el capitán sin reparar ni un solo segundo en la trascendencia de la obra futbolística que levantó en Cornellà. "Pero las condiciones no eran las mejores ni para ellos ni tampoco para nosotros", argumentó luego.

Como si realmente le hubiera importado la mojada hierba. Nadie lo diría viéndole deslizarse sobre el césped, trazando los eslálons de siempre, quebrando rivales con un simple gesto de cintura. ¿El agua? Estaba, pero no le importaba. ¿La polémica? Tampoco. "No sé si ha habido gesto de Piqué", afirmó después con indiferencia, sin perder el tiempo en asuntos colaterales que no le interesan. Más allá del balón, Iniesta no pierde un solo segundo, por mucho que los demás lo conviertan en el pan diario de la semana. Antes y después del derbi.

11 regates, 8 buenos

Parecía, además, que Iniesta no tenía que jugar. Dio pistas Valverde de que lo iba a reservar pensando en el duelo copero del jueves en Mestalla correspondiente a la vuelta de la semifinal. Descansaron los demás (Rakitic no jugó ni un solo minuto, mientras Messi, Sergi Roberto y Jordi Alba comparecían en el segundo acto) y el capitán se lo pasó bomba en el derbi. A pesar de que todo invitaba a enviar el balón por el aire, Iniesta entendió que se podía usar la vía terrestre.

Dicho y hecho. Intentó el mago once regates y salió con éxito en ocho ocasiones eliminando a rivales del Espanyol atrapados ante la luz que les deslumbraba en esa gris y tormentosa tarde. Para entender la magnitud del partido que desplegó el capitán basta comparar, por ejemplo, con el impacto que tuvo Coutinho. Apenas tres regates quiso hacer la estrella brasileña en Cornellà, pero solo le salió uno bueno. No tendrá mejor profesor Coutinho que mirar y aprender cada día que le queda de Iniesta, el artista que baila sobre el agua.

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