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EL REENCUENTRO

Chelsea, la "espinita" clavada de Messi

El delantero azulgrana no ha marcado ni un solo gol al club inglés en los ocho partidos que ha disputado

Marcos López

Messi erra un penalti en la vuelta de las semifinales del Barça contra el Chelsea del 2012.

Messi erra un penalti en la vuelta de las semifinales del Barça contra el Chelsea del 2012. / JORDI COTRINA

1.- De las patadas de Del Horno al penalti fallado

Parece hasta irreal, casi imposible. Pero es real y auténtico. Leo Messi no le ha marcado ningún gol al Chelsea. Todavía. Tiene, además, como él recordó en su momento, una "espinita" clavada en su alma. No pierde el genio azulgrana la memoria futbolística por mucho que haya ganado después de aquel error que le torturó durante varios meses. Erró un penalti al estrellar el lanzamiento en el travesaño de la portería del Chelsea en el Camp Nou en el último partido europeo del Barça de Guardiola

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Hace ya más de cinco años, pero Leo no olvida. No olvida porque fue el final a una aventura única –aquel Barça no solo ganó todo lo que se podía ganar sino que transformó el fútbol en un antes y después, con él como epicentro de ese  nuevo juego– topando hasta en dos ocasiones la madera de Cech, el portero blue.

En ocho partidos, Messi no ha firmado ni un solo tanto, algo que parece hasta mentira. Pero no lo es, por mucho que todavía permanezca en el recuerdo aquella increíble irrupción de un Leo juvenil en Stamford Bridge soportando en el 2006 las patadas de Del Horno. Fue cuando Mourinho le acusó de hacer "teatro, pero teatro del bueno". Leo no ha parado desde entoces, hace ya más de una década, de protagonizar obras excelsas, mientras Hazard, el Messi del Chelsea, ha dibujado una carrera irregular. El único que sabe en Londres donde está el interruptor de la luz. 

2.- Ter Stegen-Courtois, dos de los mejores porteros del mundo

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Jóvenes y buenos. Buenos, pero distintos. Courtois, tras su Erasmus en el Calderón, se ha consagrado como uno de los tres mejores porteros del mundo. Con 25 años, el meta belga es más de medio Chelsea, parapetado bajo los palos, sosteniendo el entramado defensivo diseñado por Conte. Fiable y rocoso hace un año, incapaz de ser descodificado por los rivales de la Premier, irregular y extrañamente pantanoso, tan alejado del City que hace de la Champions algo más que un asunto de honor.

El guardián del Chelsea representa el perfil del meta antiguo, que vive bajo los palos; el alemán del Barça es la modernidad

No se sabe por qué razón, pero el campeón parece otro, recibiendo más goles que nunca (lleva 13 encajado en 15 partidos), revelando así los desajustes defensivos que no ha podido solucionar Conte. A Courtois, un meta imponente (mide 1.99 m), le encanta vivir bajo los palos, seguro de sus felinos reflejos y convencido de que su inmenso cuerpo le basta para resolver cualquier contingencia. Es un portero antiguo, en el buen sentido de la palabra. Sólido, fiable, nada populista y que entiende el juego con los pies como un arma más bien secundaria.
Ter Stegen, en cambio, juega como si fuera un futbolista de campo y para como un portero tradicional. Tiene la misma edad que Courtois (25 años) y una madurez asombrosa que le permite vivir el partido como si paseara por el Barrio Gótico de Barcelona con su novia.

3.- Morata sostiene el tinglado del gol del Chelsea

Morata se fue del Madrid, donde cada día que pasa se añoran más sus goles salvadores, para sentirse importante y, sobre todo, trascendente. En el Chelsea de Conte lo es, por mucho que la influyente figura de Diego Costa, el goleador que le dio el título la pasada temporada, siga presente. Pero el exdelantero del Madrid no ha dejado resquicio alguno para el reproche, transformado en el verdadero pilar que sostiene el tinglado blue.

Mientras se le añora en Madrid, Morata rinde y marca como punto y final del juego londinense

Juega el Chelsea para que Morata lo remate. Juega y se organiza para que el nueve de España, curiosamente en pugna con Diego Costa, encerrado hasta enero cuando pueda redebutar con el Atlético, sea el punto y final de un equipo pragmático.

A Morata le toca, por lo tanto, devolver en en cada partido algo de su abultado precio (80 millones de euros le transformaron este verano en el jugador español más caro de la historia) sino en aliviar y calmar a Conte. Cuanto antes se llegue a Morata, mejor para el Chelsea, un conjunto que no tiene demasiada prisa en la elaboración, consciente de que su fuerza anida en las alas, especialmente con Marcos Alonso, ese poderoso lateral zurdo en el que habita además un alma de extremo.
En el Barça de Messi, en cambio, no ha existido mejor nueve que Luis Suárez para entender a este. Cojo por la marcha de Neymar, el uruguayo lleva unos meses difíciles, pero, poco a poco, empieza a ser quien fue. 

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