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El resultado que hace falta ante el PSG

La mecánica sigue oxidada, pero el Barça, amigos, sigue dando la hora

Emilio Pérez de Rozas

Nada más arrancar la película 'Sicario', de Denis Villaneuve, que, por cierto, ha ofendido muchísimo al alcalde y ciudadanos de Ciudad Juárez porque dicen que, desde hace ya algunos años, los narcos ya no manda allí, Emily Blunt, que hace de agente buena del FBI, acribilla a preguntas al malo Benicio del Toro, que hace de falso agente que, lo único que pretende, es localizar al capo de los narcos para matarlo.

El interrogatorio, antes de que empiece la trama, toda muy mala e ilegal para que Benicio del Toro se acabe situando, a cuatro metros del narco y lo mate en su mesa, es tan impertinente, según el agente sin escrúpulos (bueno, la verdad es que el narco ha matado a la mujer e hija del falso poli), que éste no tiene más remedio que soltarle la frase del filme: «Estas preguntando cómo funciona un reloj; de momento, confórmate con ver la hora».

RELOJERÍA FUTBOLÍSTICA

Algo así le viene ocurriendo a la 'gent blaugrana'. Me explicaré. No porque estemos rodeados de malos y buenos, no porque persigan ilegalmente una venganza que debería de hacerse con la ley en la mano, no porque quieran ganar el triplete con malas artes, no, no, simplemente porque los culés no paran de pedir que quieren volver a ver cómo funciona la mecánica del mejor reloj que jamás se ha construido sobre un terreno de juego. Y Luis Enrique y sus chicos, incluidos Leo Messi y los demás, no paran de decirles, de sugerirles, de rogarles que, de momento, se conformen con ver la hora.

Nadie pide creer. Solo queremos soñar. Como dice Eduardo Berizzo: "Para que algo se haga realidad, primero hay que soñarlo"

El problema ¿verdad? es que si alguien sabe de relojería futbolística por culpa de algunos de los mejores orfebres del fútbol sincronizado, exacto, perfecto, al segundo, ¡que al segundo! ¡a la milésima de segundo!, como Rinus Michels, Johan Cruyff, Frank Rijkaard, Pep Guardiola, Tito Vilanova y tantos otros, por no recordar a Ronaldinho Xavi y demás perlas, es la afición azulgrana. Y, por tanto, si a alguien no se puede engañar (en cuanto a saber de fútbol vistoso, a degustar fútbol del rico-rico) es a la 'gent blaugrana'. ¿A que sí? Sí.

La noche de ayer, como la próxima cita con el filigranero Celta, son noches, partidos, citas que la afición, que ayer decidió, en masa, quedarse en casa (apenas acudieron algo más, poco más, de 56.000 aficionados, que dejan vacio el estadio), espera para animarse. Sííííííííííí, ya sé que lo que le pedimos a Messi&Cia frente al PSG es un imposible, pero lo hemos visto y, como lo hemos visto, lo pedimos.

NO ESTÁ PROHIBIDO SOÑAR

Nadie pide creer. Qué va, que va. Solo queremos soñar. Como dice Eduardo Berizzo: «Para que algo se haga realidad, primero hay que soñarlo». Y en eso está la 'gent blaugrana'. O parte de ella. Cierto, los más fieles, los más locos, los más insensatos. Y por eso tiene gracia que, anoche, el Barça acabase ganando, mira por donde, por un 6-1, el mismo resultado que necesita (o podría producirse) el miércoles ante los franceses más ricos de Francia.

Se vio feliz a Messi. Se vio golear ¡Dios qué golazo! a Neymar (su primer tanto en la Liga en el Camp Nou). Se vio volear a Luis Suárez. Cierto, se vio dudar a Busquets y eso asusta. La mecánica sigue oxidada, pero, amigos, el Barça sigue dando la hora.

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