Ir a contenido

Llovió agua y no goles en Manchester

Un diluvio aplaza a la jornada del miércoles el City-Borussia Mönchengladbach donde Bravo debe debutar en la Champions tras su sequía europea

POL GUSTEMS / MANCHESTER

Una hora y media antes del comienzo del encuentro, se temía lo peor. Manchester estaba inundada. El centro de la ciudad era una piscina gigante, los tranvías que conducían a los aficionados al estadio no funcionaban, del aeropuerto no salían aviones y, sobre el césped del Etihad Stadium, el meta Claudio Bravo, que estaba a punto de debutar en la Champions League, experimentaba como el balón no podía botar.

Tal como salió a calentar con Willy Caballero y Xabi Mancisidor, fue invitado a regresar al vestuario. Lluvia intensa, truenos y relámpagos. Manchester dio su bienvenida climatológica a Pep Guardiola. El partido entre el City y el Borussia Mönchengladbach quedó suspendido y se jugará a la misma hora que el resto de la jornada de este miércoles (20.45 horas).

CAMPO IMPRACTICABLE

A la hora de empezar el partido, la lluvia había menguado y el campo presentaba una imagen bastante buena, pero los seguidores del City no estaban. Había sido imposible desplazarse hacia el estadio. Solo los más previsores habían podido acceder a las instalaciones. Por razones de seguridad, mientras los rayos acompañaban a los optimistas que seguían en sus asientos, el partido quedó aplazado. Los oficiales de la UEFA y el árbitro holandés Bjorn Kuipers inspeccionaron el terreno de juego: impracticable.

El 'dj' del Etihad amenizó la espera con humor: pinchó por megafonía 'Should I stay or should I go' y 'Singing in the rain'

Durante la espera, ingleses y alemanes tomaron actitudes distintas. El encargado de la megafonía seleccionó las canciones 'Should I stay or should I go' [¿Debería quedarme o irme?] de The Clash y, cómo no, 'Singing in the rain' [Cantando bajo la lluvia] para amenizar la situación con un toque de humor británico.

EN LA SILLA DE GUARDIOLA

Mientras, un periodista de 'The Telegraph', que había llegado empapado al estadio, secaba sus calcetines en la silla de la sala de prensa donde se sienta Pep Guardiola. Era imposible jugar. La plantilla del Borussia decidió salir al césped y acercarse al millar de aficionados que, sin camiseta, pedían con sus cánticos que se jugase. Un comportamiento ejemplar el de los alemanes, que vivieron unos minutos de incertidumbre al lado de sus aficionados.

A las nueve de la noche, la escena dentro del Etihad Stadium era incomprensible. No llovía. No hacía frío. Ya no había truenos. El estadio estaba vacio y el césped húmedo, pero en perfectas condiciones. Sin embargo, no había fútbol en Manchester. Para el miércoles nadie prevé lluvia. Veremos.