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EUROLIGA FEMENINA

Laia Palau: mirada social del baloncesto

La legendaria base de 40 años inicia este miércoles con el Spar Citylift Girona la segunda aventura en la máxima competición europea

Arnau Segura

Laia Palau, en un partido con el Spar Citylift Girona.

Laia Palau, en un partido con el Spar Citylift Girona. / DAVID SUBIRANA

Pasan los años, pero Laia Palau (Barcelona, hace 40 años) continúa entregándose al básquet con la misma pasión, con la misma sonrisa, con la que empezó a amar este deporte en el patio del colegio. "Ahora todavía lo disfruto más que antes. Me lo paso mucho mejor. Incluso creo que soy mejor jugadora. Sigo siendo muy exigente conmigo misma, pero ya no siento la angustia de no saber adónde voy a ir o de pensar en todo lo que quiero ganar. Desde que me quité de encima esta ansiedades, más feliz he sido", reconoce la base catalana, protagonista de un inacabable currículum, adornado por un sinfín de premios, en el que brillan las 12 medallas conseguidas con la selección española, con la que ha jugado más partidos que nadie (294).

"Es que cada día aprendo cosas nuevas. El básquet no se acaba nunca. Es un deporte vivo. Pasan muchas cosas nuevas. Siempre existe un espacio para crear. Tiene una riqueza táctica maravillosa. Te obliga a ir reinvendándote constantemente. Me gusta mucho y sigo pasándomelo muy bien", acentúa Palau, uno de los grandes pilares del vigente campeón de la liga femenina de baloncesto, un Spar Citylift Girona que este miércoles por la tarde, inmerso en los mejores años de su historia, iniciará su segunda aventura en la Euroliga femenina visitando la pista del Fenerbahçe turco.

Con humildad

"No vamos a ver qué pasa, a estar ahí. No sé qué sucederá, pero la intención es competir al máximo. Yo no quiero tirar esta Euroliga. No quiero que llegue un momento del curso en el que tengamos que elegir esto o aquello. Quiero disfrutar de la Euroliga. Disfrutarla al máximo", añade la ‘3’ de un Girona que, tras derrotar de nuevo al Perfumerías Avenida en la Supercopa de España, afronta la temporada siendo un claro candidato a alzar el que sería su tercer título de liga y la ambición de seguir poniendo en duda la hegemonía del cuadro salamantino, el principal dominador del baloncesto nacional en los últimos años.

"Cada día aprendo cosas nuevas. El baloncesto es un deporte vivo. Siempre existe un espacio para crear. Sigo pasándomelo muy bien"

Laia Palau

Base del Spar Citylift Girona

"Competiremos de tú a tú, pero por tradición, por historia, Perfumerías nos saca mucha ventaja. Lo que sí que espero que haya cambiado respecto al año pasado es que este club se haya convencido a sí mismo de que podemos ganar. Siempre, eso sí, con humildad. Será una cosa abierta. Y no solo con el Perfumerías; también con el Valencia y con los equipos vascos. Somos un buen equipo, un equipo luchador, que habla el mismo idioma, que toca la misma canción dentro de la pista, pero no somos el 'Dream Team'. Las otras también juegan. Las cosas se tienen que trabajar y madurar, siempre. Todo lo que se ha conseguido es maravilloso, pero ya ha pasado. Ahora estamos en otra película", avisa Palau, a quien se le dibuja una orgullosa sonrisa a la hora de hablar de la simbiosis, de la comunión, que existe entre el vestuario y el pabellón de Fontajau.

Laia Palau, la jugadora con más internacionalidades, en un encuentro con la selección española ante Rusia. /EFE

"La respuesta de la gente es una de las cosas que más me han emocionado desde que llegué aquí. La gente está entregada, más allá de las victorias o las derrotas. Saben que nos dejaremos la piel en la pista. Nos sienten muy cerca, y en las relaciones sociales cuanto más cerca estás de una cosa más tuya te sientes. Construir una identidad resulta complicado porque siempre es un proceso lento; pero a la vez bonito. Cosas de un día, expresiones rápidas, hay muchísimas, pero las sólidas, las que vas cociendo poco a poco, tienen mucho más valor. Perder, ser un segundón, el eterno aspirante, une mucho", afirma la base catalana antes de reivindicar el extraordinario potencial socializador, tan frecuentemente despreciado, que atesoran los deportes colectivos, como el baloncesto.

"Mi forma de jugar es muy social. ‘Eh, pasémonos la pelota. Seamos siempre conscientes de lo que están haciendo las otras. En todo momento. Mirémonos. Estemos juntas. Estemos en contacto. Seamos una célula viva. Un organismo que lata. Un colectivo. Estamos creando una cosa entre todas. Entre nosotras. Para nosotras. Busquemos la victoria, pero hagámoslo de esta manera’. El deporte genera lazos. Una se cae, pero otra la levanta. A mí, esto es lo que más me gusta del baloncesto. Saber que entre todas lo podemos hacer todo. Porque al final cuando ganas alguna cosa es porque lo has conseguido entre todas".

"El deporte genera lazos. Una se cae, pero otra la levanta. Esto es lo que más me gusta del básquet. Saber que entre todas podemos hacerlo todo"

Laia Palau

Base del Spar Citylift Girona

"Cuando Rafa Nadal gana -prosigue- siempre se tira al suelo porque juega él solo. Y lo celebra solo, porque no tiene con quien abrazarse. Yo no podría. Yo no podría dedicarme a un deporte individual. Creo que mi cabeza explotaría. Los recuerdos más bonitos que tengo son las fotos de los abrazos, de las sonrisas, del típico codazo que se lleva alguien en la cara al entrar en el círculo. Mierdas de estas. Risas. Momentos. Creo que juego al baloncesto por todo esto", remarca, convencida, Palau, un rara avis que halla la máxima belleza de este deporte en un pase, que solo mira del aro hacia abajo, como si anotando afeara un juego tan bonito, tan estético, como el básquet, convencida de que al ceder el balón a una compañera son dos, y no una, las que lo pasan bien.

Tejer vínculos

En un baloncesto, más milimetrado, más egoísta, que contagiado de un mundo en el que todo es efímero, en el que las cosas no duran nada, cada día apuesta más por el uno contra uno, que cada año deja menos lugar a la pasión, al libre albedrío, la base reivindica que “el básquet quizás ha cambiado mucho, pero el abecé seguirá valiendo siempre”. 

Inquieta, humanista, por naturaleza, reivindica también la necesidad de pensar para comprender que se puede empezar a cambiar el mundo desde cualquier sitio, incluso desde el parqué del pabellón más cercano. "El león no es consciente de que hay más leones. Pero nosotros sí. Tenemos un entorno, un planeta, que debemos cuidar. Yo intento poner en práctica mi manera de pensar aquí. Yo ejerzo aquí. Desconozco muchas cosas de la macropolítica. Pero sé que es sencillo, que es muy sencillo, tejer vínculos. E intentar hacer las cosas entre todos”, sentencia Palau.