Tras un incendio trágico

Del infierno de la nave del Gorg de Badalona a la esperanza de una vida normalizada

  • El Ayuntamiento badalonés contrata a doce subsaharianos de los asentamientos para su regularización

Ibrahima Amada ordena restos arqueológicos en el laboratorio del Museu de Badalona.

Ibrahima Amada ordena restos arqueológicos en el laboratorio del Museu de Badalona. / ACN / Jordi Pujolar

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ACN / Jordi Pujolar

Papa, Ibrahima, Dandang y Gibriel son cuatro de los doce subsaharianos contratados por el Ayuntamiento de Badalona (Barcelonès) con el objetivo de regularizar su situación en el país.

Tienen en común que todos ellos forman parte del colectivo que vivió la tragedia del incendio de la nave de Gorg donde murieron cinco personas, en diciembre de 2020, y el traumático desalojo de la nave de la calle Progrés, hace justo un año.

Después de perder dos veces lo que habían convertido en su casa y años viviendo de la chatarra y trabajos precarios, ahora divisan un nuevo futuro. "Las cosas van mejor: tenemos trabajo y papeles. Queremos trabajar para demostrar que no estamos aquí para nada malo y que queremos que Badalona vaya adelante", explica Ibrahima con una gran sonrisa.

Un futuro mejor

Ibrahima Amada lleva 9 años viviendo en Badalona. Llegó cuando tenía 26 procedentes de Camerún en busca de un futuro mejor. Ahora acaricia ese futuro con la punta de los dedos, pero por el camino tuvo que sobrevivir al incendio de la nave del Gorg y al posterior desalojo de la calle Progrés.

A día de hoy ha podido abandonar los asentamiento y se ha instalado en casa de un amigo, en el barrio de la Salut. Durante el día también ha abandonado el negocio de la chatarra y los trabajos precarios sin contrato para colaborar con el laboratorio del Museu de Badalona, donde limpia las piezas de cerámica que se han encontrado en las excavaciones para que puedan inventariarse.

"Estoy muy contento con el trabajo", asegura. Sin embargo, la previsión es que esté sólo un año, mientras dure la subvención del programa ACOL, financiado con fondos europeos y dirigido a personas inmigrantes en situación irregular. Pero la experiencia y los cursos de formación que compagina le hace ser optimista y espera encontrar un nuevo trabajo que le mantenga ligado a Badalona.

Dos amigos gambianos en la Escola Natura

También quiere un futuro vinculado a la ciudad Gibriel Bah, de 49 años. Vive en Badalona desde el año 2015, pero su periplo desde Gambia le han llevado antes por Madrid, Valencia o Sabadell. Como Ibrahima, ha vivido en las naves del Gorg y Progrés y celebra poder contar ahora su historia. "Muchos no pueden explicarla porque se han hundido antes", se lamenta.

Su camino tampoco fue fácil. Durante años ha trabajado largas jornadas sin contrato y con la imposibilidad de regularizar su situación: "Lo he intentado, pero no he podido. No sabía si un día habría luz porque el camino siempre estaba oscuro". Gibriel se ha formado haciendo cursos de limpieza industrial o de ayudante de cocina y ahora hace de jardinero en la Escola Natura.

Allí coincide con otro compatriota, Dandang Sawaneh. Tiene 41 años y es el único que no pasó por el Gorg, pero que vivió el éxodo de inmigrantes hacia la nave de la calle Progrés tras el incendio. Sin embargo, Dandang celebra que todo el colectivo ha "lucido" para ganarse un futuro y se muestra feliz por poder afrontarlo con nuevas oportunidades.

Ambos esperan encontrar un buen trabajo que les haga feliz cuando acabe su paso por la Escola Natura. A Dandang le gustaría seguir trabajando para el Ayuntamiento Y Gibriel se confiesa un enamorado de la ciudad: "Badalona me gusta mucho". Con la oportunidad que ahora se les da admiten que están a las puertas de cumplir el "sueño africano".

Conociendo los Servicios Sociales desde dentro

"Antes la vida era muy y muy dura. Ahora nos ha cambiado mucho", añade Papa Magatte, un senegalés de 43 años que ha empezado a trabajar en las oficinas municipales del Viver, donde apoya en tareas administrativas al equipo de Servicios Sociales. Los mismos que realizan el seguimiento de su caso son ahora sus nuevos compañeros de trabajo.

De momento realiza trabajos básicos, como fotocopias o preparación de correspondencia. "Estoy para ayudar", admite. Sin embargo, su objetivo es progresar todo lo que pueda para ayudar económicamente a su familia, que vive en Senegal. Como la mayoría, el camino hacia Europa lo han hecho en solitario. Él lo emprendió hace cinco años, cuando llegó a la nave del Gorg.

Actualmente Papa sigue viviendo en una nave ocupada, pero el objetivo a medio plazo es poder dejar la calle: "Hemos hecho las cosas bien, ahora tengo papeles y puedo trabajar. Poco a poco". Éste, de hecho, es uno de los objetivos a medio plazo del programa que financia los contratos de estas personas.

Un cambio de paradigma

En definitiva, se trata de un "cambio de paradigma" en las políticas públicas en relación a los asentamientos que todavía hoy existen en la ciudad. El concejal de Protección a las Personas, David Torrents, explica que el consistorio trabaja para "sacar presión a los asentamientos". El primer paso es el trabajo y después también buscarán pisos de alquiler para que puedan compartirlos.

El concejal detalla que la financiación europea es para doce personas al año. Las actuales corresponden a la convocatoria de 2022 y para este 2023 se intentará que una docena más puedan acogerse a ella. "Debemos poder darles una salida, mejorar la situación de la infravivienda y garantizar la convivencia", defiende Torrents.

Por ahora la experiencia es “muy positiva”, pese a las dificultades evidentes de un cambio de vida tan repentino. "Pasan de realizar trabajos precarios con la chatarra a tener trabajos estandarizados con un horario", detalla el concejal.

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Torrents admite que este cambio a veces cuesta, pero asegura que con "la voluntad y la alegría" que lo encaran se están adaptando perfectamente.

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