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Un año de la masacre

Barcelona, el doloroso aprendizaje del 17-A

Un grupo de trabajo permanente, desfibriladores en coches patrulla o más presencia policial, algunos de los cambios adquiridos tras los atentados

El comisario Joan Portals y el comisionado Amadeu Recasens han revisado la respuesta institucional ante un ataque yihadista

Guillem Sànchez

Una furgoneta arrolla a varias personas en la Rambla de Barcelona.

Una furgoneta arrolla a varias personas en la Rambla de Barcelona. / SERGIO LAINZ

Por la emisora resonó la voz agitada de un policía que hablaba mientras estaba corriendo. "¡Ha habido un atropello masivo en la Rambla!". El entonces comisario de Barcelona de los Mossos d’EsquadraJoan Portals, aquella tarde del 17 de agosto del 2017, comprendió que finalmente había pasado: la ciudad había sufrido un atentado terrorista. Portals salió del despacho para dirigirse inmediatamente a la Rambla, mientras por la radio, la voz del mismo policía, lanzaba un segundo aviso, confirmando lo peor: "hay muchos heridos".

Dos minutos más tarde, sonó el teléfono del comisionado de Seguretat en el Ayuntamiento de Barcelona, Amadeu Recasens. Era Evelio Vázquez, jefe de la Guardia Urbana de Barcelona. "Ha habido un atropellamiento masivo en la Rambla, parece un atentado", añadió. Recasens llamó a la alcaldessa, Ada Colau, que "muy seria" lo escuchó atentamente y acordó activar el plan previsto. El comisionado llegó a los pocos minutos a la sala operativa de la calle Lleida, donde arrancaba un centro de control de los equipos de seguridad y emergencias para contener el atentado, que sería traspasado poco después al Departament d'Interior. Más o menos entonces, el comisario Portals se asomaba a la Rambla por primera vez y contemplaba un panorama desolador, y un paseo peatonal enmudecido, lleno de ciudadanos heridos. 

El único ruido era el de los equipos del Sistema d'Emergències Mèdiques (SEM) atendiendo a las víctimas y el de los policías tratando de asegurar una zona que acababa de ser atropellada salvajemente por un terrorista, Youness Abouyaaqoub, que ya se había esfumado. Lo que los funcionarios iban a lograr en esas horas posteriores sería una gesta que la brutalidad de la tragedia casi logró enmascarar por completo: De las 16 personas en estado crítico que pudieron estabilizar, acabarían salvando a 15. Murió solo uno más, y la cifra final fue de 14 personas fallecidas, que ascendería tristemente a 15 con el asesinato de Pau Pérez, apuñalado por Youness en la zona universitaria, y al final a 16, con la mujer acuchillada por los otros cinco integrantes de la célula de Ripoll en Cambrils

Las horas y los días inmediatamente posteriores al atentado del 17-A serían para curar a los heridos. Pero las semanas y los meses que vendrían luego serían para aprender de lo ocurrido. Sacar conclusiones para proteger mejor a Barcelona de una amenaza, la terrorista, que seguía y sigue acechando a la ciudad. Esa era una tarea que recaía especialmente sobre cargos como el del comisario Portals -lo ha sido hasta este verano- y el del comisionado Recasens. 

Expertos y policías, en trabajo permanente 

Los Mossos tienen la competencia antiterrorista. Pero el Ayuntamiento de Barcelona comparte la responsabilidad de gestionar una emergencia con los "múltiples heridos" que deja en cuestión de segundos un atentado yihadista. Y, por eso, Barcelona participa activamente en EFUS (forum europeo de seguridad urbana) para compartir la experiencia del 17-A con ciudades como París, Bruselas, Londres o Berlín que han pasado por desgracias similares. "Lo primero que hicimos fue ver en qué habíamos fallado", explica Recasens. El atentado fue "como un gran simulacro, pero real", añade Portals. Tocaba valorar si la coordinación entre equipos policiales y médicos había funcionado. "Porque los policías no pueden asegurar una zona barrando el paso a los médicos, ni los médicos entrar a curar a los heridos dentro de una zona no asegurada por los policías", subraya Recasens. Desde el 17-A, los simulacros de coordinación entre cuerpos han sido constantes. 

Tras el ataque de Youness, Barcelona convocó una Junta de Seguridad Local el 23 de agosto. Aquella fue la última vez que resultó posible ver juntos al delegado del gobierno español, al conseller d'Interior y a la alcaldesa Ada Colau. Después llegaría la crisis política del 1-O. Sin embargo, en aquella reunión nació un grupo interdisciplinar especializado en prevención antiterrorista, con representación de las tres administraciones, que no ha dejado de trabajar. A través de este canal, y no con llamadas puntuales, el Ayuntamiento ahora es informado regularmente de cada amenaza terrorista que detecta la comisaria general de Información de los Mossos. Este grupo de trabajo fue el que decretó a comienzos de noviembre, tres meses después, poner barreras arquitectónicas fijas -como los polémicos bolardos- en la Rambla, en el Portal de l’Àngel, la Sagrada Família o la Catedral. También peatonalizar algunas zonas del entorno del templo de Gaudí. 

Desfibriladores y formación en primeros auxilios 

Los nuevos coches patrulla de la Guardia Urbana ahora incluyen desfibriladores, botiquín e instrumental para torniquetes. Estas herramientas "han ido acompañadas de formación específica" para urbanos y bomberos, aclara Recasens, para que todos ellos sepan usar los desfibriladores o puedan hacer un torniquete en un escenario, como el que dejó Younes, en que el número de fracturas abiertas o de heridos con hemorragias graves es elevado. Alta también fue ese día la cifra de víctimas con parada cardiorrespiratoria e hicieron falta más desfibriladores de los disponibles y tuvo que recurrirse a la desesperada a los de "farmacias próximas", recuerda Recasens. Colocar estos aparatos en los coches de la Urbana significa que, después del 17-A, Barcelona tiene capacidad para trasladar 20 o 30 desfibriladores en pocos minutos a cualquier punto de la ciudad. Todas estas medidas son para atender una emergencia terrorista "pero también una urgencia que surja por la calle", razona Recasens. 

Prácticas de tiro dinámicas 

Todos los guardias urbanos hacen prácticas de tiro dinámicas desde los atentados. No solo disparan a una diana estática si no que ahora entrenan dentro de escenarios en los que se simula como un terrorista puede abrir fuego escondido entre los ciudadanos, como sucedió en el ataque contra la discoteca parisina Bataclan. Los Mossos habían comenzado con estas prácticas antes del 17-A. Aunque, según remarcan fuentes sindicales, la escasez de munición -por falta de presupuesto para balas de entrenamiento- ha reducido drásticamente el número de prácticas con arma larga, subfusiles de asalto H&K, las ametralladoras consideradas más idóneas para defenderse de un tiroteo como el de Bataclan.  

'Cronos' y 'Gàbia', a revisión

El 23 de agosto, una semana después, se incrementaron en Barcelona un 10% las patrullas regulares y un 20% las de especialistas en orden público con arma larga. El comisario Portals detalla que la estrategia defensiva de los Mossos se basa en el Plan Operativo Específico (POE) Antiterrorista, un marco que se mantiene activo desde que la amenaza yihadista se decretó a nivel 4 sobre 5, tras los atentados contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Pero el 17-A lo que hizo fue someter a un test de estrés la eficacia de los dos grandes dispositivos de reacción: el 'gàbia' (jaula, en catalán) y el 'cronos'. El objetivo del primero es cerrar una ciudad para impedir la huída de los terroristas. El segundo desplegar en pocos minutos una protección en 700 puntos de interés en Catalunya. 

Las medidas "de autoprotección" de los policías, objetivo predilecto de los yihadistas,se han aumentado, explica Portals. Y los mossos que encarnan los puntos antiterroristas trabajan siempre en grupos de tres hombres, trinomios: Uno repele, el otro ataca, el tercero está disponible para apoyar. El sistema se probó dramáticamente en Cambrils y funcionó hasta el punto de que uno de estos agentes integrado en un trinomio del 'Cronos' fue capaz de abatir a cuatro de los cinco yihadistas

Formación en detección de la radicalización 

La Guardia Urbana, los educadores del Ayuntamiento y los trabajadores del Centro de Urgencias y Emergencias Sociales de Barcelona (CUESB) reciben formación para trabajar en la prevención de la radicalización y para detectar a jóvenes ya radicalizados, como la impartida a los Mossos desde antes del 17-A. Los funcionarios municipales engrosan así el ejército de antenas humanas que, distribuidas por el territorio catalán, deben informar a la policía catalana si aparece alguna alarma. Cualquier ciudadano, puede y debe hacer lo mismo, si observa algo preocupante, llamando al 937285220 o enviando un correo a mossos.terrorisme@gencat.cat.

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