Retos y oportunidades

El futuro del campo será tecnológico

  • Drones y robots van a pasar a formar parte del panorama habitual en el campo

El futuro del campo será tecnológico

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Jordi Cuenca

Alimentar a una población creciente en un contexto de cambio climático, progresiva concentración de la sociedad en el ámbito urbano, y envejecimiento y falta de renovación en el medio rural es el gran reto del sector agroalimentario. Puede incluso que, sin exagerar, sea el gran reto de la humanidad.

Sin embargo, las nuevas tecnologías, los hábitos y costumbres recién adquiridos por la ciudadanía y la digitalización son poderosos aliados de una actividad esencial, según un informe en el que han participado la Cámara de Comercio de València y la Diputación provincial en el que se esbozan.

Los datos son elocuentes en cuanto a la importancia de este sector en España, donde representa el 2,6% del PIB pero es la primera rama manufacturera, con 125.841 millones, representa el 3,9% del gasto en I+D, el 22,8% de la industria y el 21,5% de las personas ocupadas. En concreto, en este último caso, 515.900 que trabajan en 30.730 empresas.

Retos y oportunidades

Más allá de los números, equivalentes en el caso valenciano, el documento identifica cinco retos y siete oportunidades que marcan y marcarán, en función de cómo se desarrollen, el futuro de esta actividad. Y es que, por ejemplo, la población mundial crecerá en mil millones de habitantes en los próximos diez años, principalmente en África y Asia, lo que obligará a incrementar en un 70% la producción de alimentos. Solo el 20% se podrá realizar mediante al aumento de las tierras de cultivo, así que el 80% restante deberá venir por la vía de la productividad. Pero, paralelamente y como consecuencia del cambio climático, el planeta avanza hacia una mayor desertificación, escasez de agua e incremento de plagas "que pueden llegar a reducir las cosechas un 30% hasta finales de siglo”.

Un problema no menor es que el 51% de las explotaciones españolas tiene menos de cinco hectáreas y es de carácter familiar, que el 22% de los agricultores cree que no tendrá relevo generacional y se verá obligado a vender sus tierras o cerrar el negocio. El 31% de los propietarios tiene ya más de 65 años. Mientras tanto, la humanidad asiste a un proceso sorprendente, que no es otro que el desorbitado desperdicio alimentario.

La FAO, el organismo de la ONU, estima que en el mundo se desechan 1.300 millones de toneladas de comida al año. “Los consumidores exigen una fruta y verdura en estado perfecto, con el color y el calibre ideal. En total, las personas acaban tirando un tercio de todo lo que se produce en el campo y de ese porcentaje el 43% se tira en casa”.

Se trata de un conjunto de dificultades de enorme calado. Ahora bien, el documento cita también algunos procesos que se pueden convertir en grandes aliados del sector para hacer frente a los retos ya citados. Uno de ellos es la denominada agricultura de precisión. Los datos “se han convertido en la nueva ‘semilla’ de la agricultura” dado que la gestión y el análisis de grandes volúmenes de información apuntan a un incremento exponencial de la eficiencia y la productividad. De hecho, este tipo de agricultura podría generar, según el informe, un incremento de la producción agrícola de casi 54.700 millones de euros hasta 2050, lo que equivale a más de dos veces la producción del sector en 2017.

Tecnologías punteras

Entre esas tecnologías destacan cuatro. Los drones permiten conocer las zonas de cultivo que requieren más fumigación o riego. Los satélites hacen posible la realización de visitas diarias y obtener información de vigor de los cultivos. El mapeado de suelos facilita conocer con detalle el terreno en el que se trabaja y planificar el tipo de plantación, riego o fertilización. Por último, los sensores instalados en la planta y el suelo pueden ser sondas de humedad, dendrómetros, temperatura o presión.

Para la obtención de los datos es obligatoria la conectividad de los cultivos, que vendrá propiciada por el 5G. Un factor vital para el mundo agrario será la incorporación de robots. Como apunta el informe de la Cámara, "la escasez de mano de obra unida a la urgente necesidad de un mayor rendimiento y una reducción de costes encuentra en la robótica el aliado perfecto". Y ya están llegando. Las primeras aplicaciones vienen de los pequeños vehículos autónomos, unas máquinas equipadas con sensores y visión artificial que pueden recorrer de manera autónoma cualquier terreno y ofrecer información como el ancho del tallo de una planta o la presencia de enfermedades e insectos.

Gracias a la inteligencia artificial, los robots pueden tomar decisiones como cuál es el mejor tratamiento de cada cultivo, minimizando el uso de pesticidas y agua. Por último, la versión más avanzada de estas máquinas son las que incorporan brazos y les permite trabajar en el campo. Una gran ayuda para el mundo agrario serán las nuevas técnicas, fundamentalmente la biotecnología, un freno para uno de los problemas más dañinos en esta actividad, como son las enfermedades y plagas en las plantas, que producen un 40% de pérdidas de las cosechas potenciales.

Los hábitos de la ciudadanía también tendrán un gran impacto en el futuro del sector agroalimentario. Así, el mencionado documento asegura que "el incremento del desperdicio alimentario, las emisiones de CO2, el elevado consumo de agua y la generación de aguas residuales hace necesaria la búsqueda de soluciones tecnológicas innovadoras que permitan mejorar la sostenibilidad de las empresas alimentarias". La respuesta a este reto se encuentra en la economía circular, o sea en la reutilización de residuos, el uso de fuentes primarias sostenibles, el reciclaje de los residuos alimentarios o el ahorro energético y de agua.

Alimentación y salud

El informe de la Cámara aboga también por una cadena alimentaria segura en la que la trazabilidad para aumentar la transparencia sea una obligación para las empresas y una oportunidad para recompensar a los productores que emplean buenas prácticas agrícolas.

Aunque pueda parecer polémico, el informe destaca que las barreras entre la medicina y la alimentación "se desdibujan. Las dietas insanas son la causa de 11 millones de muertes evitables al año, por delante del tabaco", en el mundo. Un resultado de todo ello es que el 70% de los consumidores globales diseña activamente su dieta para prevenir la obesidad, el colesterol o la diabetes.

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Gracias a los avances en biotecnología y nanotecnología, "la comida puede ser una fuente extra de vitaminas, minerales y micronutrientes que contribuyen al bienestar y a mejorar los efectos de las enfermedades crónicas". Por último, figura la comida bajo demanda. Una personalización que empieza conociendo las necesidades del consumidor para luego crear productos a medida. Y, a la postre, "el agricultor del futuro tendrá que ser un profesional multidisciplinar, con conocimientos en diversas ciencias y tecnologías".

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