La robótica llega a los bares y al Ejército

  • Bumerania desarrolla modelos para ámbitos como el turismo, la salud o la seguridad 

Isidro Fernández, con varios de los modelos de la firma

Isidro Fernández, con varios de los modelos de la firma / Antonio Amorós

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David Navarro

Más de un turista se ha llevado la sorpresa al toparse con ella en una de las terrazas de la Explanada, el paseo por excelencia de Alicante, o al encontrársela en otro popular restaurante asiático de la Rambla, en la misma ciudad. Se trata de Bella, una robot camarero que, aunque nada tenga que ver con los humanoides que suelen mostrar las películas, es capaz de cumplir a la perfección con su tarea de llevar los platos hasta la mesa asignada sin topar con ningún obstáculo, saludar a los clientes en 20 idiomas diferentes y hasta hacerles un guiño, si se tercia, a través de los rasgos de aspecto gatuno que muestra a través de su pantalla. 

Se trata de uno de los modelos desarrollados por la ‘start-up’ ilicitana Bumerania, cuyo fundador, Isidro Fernández, se ha empeñado en hacer realidad lo que otros llevan soñando mucho tiempo: que los robots empiecen a formar parte de la vida diaria. "Cuando vas a una fábrica buena parte de los trabajadores ya son robots, están automatizadas, pero la robótica social todavía no estaba desarrollada", señala este ingeniero y emprendedor, que compatibiliza su tarea al frente de la compañía con su trabajo como responsable del departamento de negocios digitales de Seur en Alicante.

Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea hasta que llegó la pandemia y, en pleno confinamiento, decidió poner en marcha su proyecto. Arrancó en el propio centro de negocios que Seur tiene en sus instalaciones del polígono de Las Atalayas -primera sede, antes su ubicación actual- y encontró la mejor materia prima entre los estudiantes que salían del Grado de Ingeniería Robótica de la Universidad de Alicante.

Aunque los camareros son su mayor éxito comercial hasta la fecha, lo cierto es que ya dispone de dispositivos capaces de realizar tareas en ámbitos muy distintos. Otro de sus robots con mayor proyección es Temi que, por ejemplo, es capaz de aligerar la tediosa tarea del ‘check-in’ en los hoteles, o de acompañar a los clientes por las instalaciones del mismo. También hay modelos que se encargan de la limpieza e incluso de la desinfección de espacios, que han empezado a testar algunas cadenas, como Leonardo Hotels, que ya los emplea en su establecimiento de Barcelona.

Dotado de inteligencia emocional, Temi también es un acompañante perfecto para las personas mayores y ya está presente en residencias de Barcelona o Alicante. Da conversación, propone actividades y es capaz de monitorizar las constantes de los residentes y de llamar para pedir ayuda, en caso de que detecte algún problema, por lo que también se ha empezado a comercializar para asistir a mayores que viven solos.

Otra de sus virtudes es que reconoce las emociones, por lo que, en función de lo que detecte, realiza una propuesta u otra a la persona con la que está. Esta misma cualidad también ha llamado la atención del Ejército de Tierra español, que ha utilizado uno de estos asistentes para comprobar el estado emocional de sus soldados ante esfuerzos extremos. Además, en el ámbito de la salud, puede utilizarse para hacer el triaje de pacientes.

Pero, sin duda, uno de los robots que más curiosidad despierta a todos cuantos se acercan a la sede de Bumerania es Ares, lo que vendría a ser un perro electrónico. Dotado de 12 cámaras y con la posibilidad de adaptarse y recorrer cualquier terreno -es capaz de subir escaleras, por ejemplo-, se trata de un modelo diseñado para realizar tareas de vigilancia y seguridad, aunque desde la compañía también quieren desarrollar una versión para la labor de guía.

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Las prestaciones de este simpático cuadrúpedo -los responsables de la firma lo hacen incluso saludar con la patita- han llamado la atención de las fuerzas de seguridad de México o del Ejército de Indonesia, que negocia con Bumerania un contrato para que le suministre 124 unidades de la versión más grande de este modelo, capaz de cargar hasta 80 kilos. Eso sí, desde la compañía tienen claro que no quieren que sus robots se usen con fines ofensivos, por lo que exigen que no se les instalen armas.

Entre las claves del éxito inicial de la firma -desde que empezaron a comercializar sus robots el pasado otoño ya han despachado más de un centenar-, está también la democratización de los precios. Sus modelos van desde los 6.000 euros que cuestan los puramente asistenciales, hasta los 12.000 de un camarero grande, pero la compañía trabaja mucho con las fórmulas de ‘renting’, por lo que un bar o una cafetería puede disponer de una unidad por unos 200 y poco euros al mes. En el caso de alguien que quiera alquilar un Temi para que asista a personas mayores, la mensualidad puede ir desde los 125 euros, asegura Isidro Fernández. Bumerania ya dispone también de brazos robóticos capaces de servir cervezas o, incluso, de cocinar. En la firma están convencidos que no tardaremos mucho en verlos tras la barra de algún bar.

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