
Catedrático de la UAB y expresidente de la Corporación de Radio y Televisión Española
La 'ultra-TV'
La libertad de expresión y creación, el derecho a la información, el pluralismo y la independencia periodística están en juego
Multimedia: De TVE-1 y la UHF al 'streaming

45 aniversario El Periódico
Desde que nació, la TV se 'apropió' de los hogares y se convirtió en el gran vector de la nueva sociedad de consumo. Hedonista y consumista, en lo privado; paternalista y dócil, en lo político. Sus contenidos fueron, primero, amables: temas familiares y finales felices, ficciones épicas y/o banales, e informativos tutelados. Fue el tardofranquismo.
Luego, en los 90, eclipsadas las socialdemocracias y llegado el neoliberalismo, la TV clásica se derrumbó y emergió la neotelevisión. Las corporaciones públicas se vinieron abajo, y llegó el vendaval de la privatización: el 'todo-show' –la 'info', el 'reality' y el 'talk'– y el cultivo del individualismo narcisista, mientras los cánones del gusto se erosionaron debido a la consigna de la transgresión. Fue… Berlusconi.
Pero tras el tsunami digital, de esa televisión no quedará casi nada. Solo el nombre y la nostalgia. Se impone la 'ultra-TV': la fusión de la TV lineal, la TV bajo demanda, las plataformas de 'streaming' y de vídeos compartidos, y la inteligencia artificial. Un sistema único que superará todos los límites de la TV clásica. Los límites del hogar y sus tiempos: será invasiva y adictiva. Los límites de propiedad: superará las corporaciones nacionales; se concentrará en las empresas de las plataformas de 'streaming' (Netflix, HBO, Disney) y en el recién creado oligopolio europeo de la producción (Vivendi/Banijay, Berlusconi, Bertelsmann/RTL) y pocas más.
Se impondrá un singular régimen de populismo mediático. Una hegemonía discursiva que confundirá y 'show'; relato en el que la TV se convertirá en actor protagonista y hará lo imposible por condicionar la agenda e intervenir en la configuración del poder, incluso llegando a fabricar sus líderes. Berlusconi, Trump, Zelenski, Beppe Grillo han sido solo una avanzadilla. Será populista, también, en la ficción, y procurará con ella nuestras pasiones colectivas para favorecer sus intereses monetarios, sean estos relacionados con el lucro o con la ideología. Y todo ello se corresponderá con lo que los expertos llaman el 'capitalismo de la supervigilancia'.
Pero, ¿de verdad podemos llegar? ¿No es un panorama sombrío, una distopía exagerada como los capítulos de 'Black Mirror'? Mentiríamos si dijéramos que tenemos la completa de certeza de la 'ultraTV' pueda ser una realidad o no. Pero nada está descartado: las dos alternativas son posibles. Todo depende, en realidad, de cómo se resuelva la tensión actual –enconada y visible– entre los que podríamos llamar los monopolizadores del sistema, por un lado, y los productores independientes y la ciudadanía democrática, por otro.
Es posible que el creciente poder del capitalismo mediático dé alas a los monopolizadores. Pero también es cierto que –en un contexto de democracia amenazada como el que estamos viviendo actualmente en Europa– puede renacer, y con fuerza, una conciencia totalmente decidida a apoyar una esfera pública renovada, y para ello se requiere el concurso de otra televisión, plural y abierta.
Es posible, también, que, de seguir, así las cosas, la IA generativa pueda erosionar gravemente la creación artística y cultural personal. Y, sin embargo, también es probable que movimientos como el de la rebelión de los guionistas en EEUU (o las continuas apelaciones de la Unesco y otras muchas entidades civiles, que reclaman una regulación ética del fenómeno de la IA) logren, poco a poco, erradicar este genocidio anunciado de la autoría intelectual y la diversidad cultural.
Todo depende, en definitiva, de la toma de conciencia pública, y , por supuesto, de lo que decidan hacer los poderes públicos.
Pero mientras la opinión y los políticos reaccionan, lo conveniente es buscar alternativas entre todos. Alternativas transformadoras y audaces que no cedan ante un determinismo que es, sobre todo, reaccionario y nihilista. La libertad de expresión y creación, el derecho a la información, el pluralismo y la independencia periodística están en juego.
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