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CARRERA A LA CASA BLANCA

Guerra sin cuartel contra Trump

Rubio y Cruz le sacan los trapos sucios al empresario en el último debate antes del decisivo Súper Martes

Guerra sin cuartel contra Trump

David J. Phillip / AP

Marco Rubio, Donald Trump y Ted Cruz.

Viernes, 26 de febrero del 2016 - 10:05 CET

Uno de los aspectos más extraños de esta campaña a la nominación republicana había sido que los candidatos que aspiran a desbancar a Donald Trump prefiriesen destriparse entre ellos a atacar al hombre que ha acabado convertido en el indiscutible favorito. Puede que tuvieran miedo a sus insultos o que pensaran que él mismo se acabaría autodestruyendo, pero esa dinámica finalmente se ha acabado. Tras tres victorias consecutivas del empresario populista y la posibilidad de que la contienda pueda quedar casi vista para sentencia el próximo martes, cuando se vota en 12 estados, Ted Cruz y Marco Rubio lanzaron anoche una ofensiva sin cuartel sobre Trump. Rebuscaron en sus trapos sucios y lo presentaron como un liberal ajeno a los valores del partido.

Rubio estuvo especialmente incisivo y rápido de reflejos. Acusó al magnate de haber contratado a emigrantes y trabajadores sin papeles en algunos de sus proyectos, como los polacos que utilizó en la construcción de la Torre Trump en Manhattan durante los años ochenta. Le dijo que había externalizado a México y China la producción de la línea de ropa que lleva su nombre, y lo presentó como un estafador por haber presuntamente engañado a las miles de personas que se apuntaron a la llamada Universidad Trump, unos cursos y seminarios para tener éxito en los negocios. “Hay gente que pidió un préstamo de 36.000 dólares para ir a la Trump University y ahora le han demandado”, dijo Rubio. "¿Saben que recibieron a cambio? Una foto con un cartel recortado de Donald Trump".

EMPRESARIO DE QUEENS

La vida del avispado empresario de Queens, siempre ávido de atención mediática para alimentar su ego, está tan documentada que su biografía es un cajón sin fondo de negocios dudosos y posiciones políticas contradictorias y a menudo relativamente progresistas. Pero, en gran medida, todo el ataque de sus rivales republicanos se había centrado hasta ahora en cuestionar sus formas, su carácter y su vocabulario de marinero borracho sin hurgar en asuntos más peliagudos.

Cruz le acusó de financiar “durante 40 años” a políticos demócratas, desde Jimmy Carter al senador Harry Reid, y de querer llevar al extremo Obamacare creando una sanidad pública. Trump lo negó, pero repitió que no dejará que “nadie se muera en la calle por falta de seguro médico”. En una de esas, el público ovacionó a Cruz y, como ya ha hecho alguna vez, el showman del pelo oxigenado cargó contra la platea, diciendo que está llena de “lobistas”. La mejor frase del blitzkreig vino del senador por Florida. “Si no hubiera sido por los 200 millones que heredó, ¿saben dónde estaría ahora Donald Trump? Vendiendo relojes en Manhattan”, le espetó Rubio. “Está tan equivocado…”, se limitó a decir el magnate.

LO QUE LE ECHEN

Lo que no se puede negar es que Trump es capaz de aguantar lo que le echen. No se arruga, ni se amilana, ni se derrite. La presión se la fuma con gusto, como un gallo que escupe displicente ante la rebelión de las gallinas o un monarca absoluto que no tiene prisa por aplastar al pueblo sublevado. Cuando Rubio le dijo que era el único candidato que había sido multado por contratar a “ilegales” en sus proyectos, Trump le corto en seco: “soy el único en este escenario que ha contratado a gente”. Punto. “Tú no has contratado a una sola persona, mentiroso”. “No sabes nada de los negocios, pierdes en todo lo que haces”.

Algunos esperaban que este último debate previo al Súper Martes, celebrado en Houston (Tejas) y retransmitido por la CNN, sirviera para ver una faceta más atemperada y presidencialista de Trump, dada la cómoda ventaja de delegados que acumula tras los cuatro estados disputados hasta ahora. Pero fue el mismo Trump de siempre, impertérrito, políticamente incorrecto y vulgar. A Cruz le dijo que es “un caso perdido” y “un mentiroso” y, sin temor a apartarse de la ortodoxia conservadora, hizo una rocosa defensa de Planned Parenthood (PP), las demonizadas clínicas semipúblicas de salud reproductiva para las mujeres. Parecía estar escuchando a Hillary Clinton.

"Soy próvida, estoy en contra del aborto en lo que a Planned Parenthood se refiere, pero millones y millones de mujeres con cáncer cervical o de mama reciben ayuda de PP. Podéis decir lo que queráis, pero ayudan enormemente a millones de mujeres". Si hay algo que podría pasarle factura de este último debate, será posiblemente esa herejía, aunque Trump ya dijo otras en el pasado y siempre salió indemne.

En el espectáculo participaron también el neurocirujano Ben Carson y el gobernador centrista de Ohio, John Kasich. Al primero se le ignoró de forma tan ostentosa que, en un momento dado, echó mano del sentido del humor y buscando la oportunidad de réplica, dijo: "¿Alguien podría, por favor, insultarme?"

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