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GENTE CORRIENTE

«Debemos sacar a más niños nepalís de la cárcel»

Marina Portabella rescata a niños de Nepal que viven en prisión con sus padres. El martes 27 en el Club Capitol celebra una gala solidaria.

Carme Escales

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JULIO CARBO

En tiempos en los que nadie hablaba aún de inclusión en el aula, Marina Portabella (Barcelona, 1972) tuvo en el pupitre de al lado a una niña ciega cuya madre, vecina de la escuela, había pedido a los maestros si la podía dejar allí mientras ella iba a trabajar. Gracias a aquella compañera invidente, Marina quiso aprender braille, y lo llegó a dominar hasta el punto de que su madre le apagaba la luz de la habitación, por la noche, y en la cama ella seguía leyendo sus cuentos, rastreando con el dedo aquellos puntitos. Nunca ha sido ciega ante los más vulnerables. 

–¿Empatizar con la vulnerabilidad es el primer paso para ayudar a quien la sufre?
–Yo de pequeña ya llevaba pobres a casa, porque me daban pena. Y hoy, llevando a niños a visitar a sus padres a la cárcel, en Catalunya, y en Nepal rescatando a los que conviven con la dureza de sus prisiones, algunos nacidos en ellas, sin escolarizar y malnutridos, ya no sé si la ayuda surge de la empatía o de sentir con ella cómo enriquece tu corazón y tu vida. Ya no sabes si lo haces egoístamente. Es un pez que se muerde la cola.

–Lástima, entonces, que no haya más gente que descubra esa clase de egoísmo.
–La pena es que la gente piense que lo poco que pueda hacer no sirve, porque lo que hace posibles proyectos es la suma de pocos.

–Por ejemplo, ir el martes 27 al Club Capitol ¿sería uno de esos pocos que son mucho?
–Exacto, los 25 euros de la entrada del espectáculo de humor [lo presentará Àngel Llàcer y actuarán, entre otros, David Guapo, Anna Bertran y Sergi Cervera, y Pep Plaza] serán para rescatar a más niños y poderles dar un hogar en una de las dos casas que nuestra oenegé Dream Nepal ya gestiona en Katmandú. 

–¿Cómo nació Dream Nepal?
–Nepal llegó un tanto al azar, porque una amiga me animó a ir el verano del 2008. Desde entonces fui unas doce veces seguidas, y me impliqué llevando a menores a visitar a sus padres en las cárceles donde cumplen condena, algo que empecé a hacer en Catalunya hace 12 años. 

–Una necesidad bastante desconocida.
–Muchos de esos menores no tienen a nadie que los pueda acompañar. Yo lo empecé a hacer cuando un cura francés, que ya lo había instaurado en Francia, y el pare Manel impulsaron la oenegé Niños sin Barreras. Y, acompañando a unos menores a la cárcel en Katmandú descubrí que en las de allí había niños y adolescentes que vivían dentro, en un ambiente realmente hostil. En España, a los 3 años los hijos de los presos deben abandonar la prisión, pero en Nepal no.

–No debe haber sido un camino fácil llegar a tutelar a menores en otro país.
–Empezamos sin dinero, sin socios, sin casa... Pero en la cárcel, haciendo lo mismo que yo, conocí a Indira Ranamagar, una activista reconocida a nivel internacional por su proyecto Prisioners Assistance Nepal, pionera en el trabajo en cárceles del país. Y ella aceptó ser la contraparte en Nepal de nuestra oenegé, que es algo que el Gobierno nepalí pide para poner en marcha un proyecto así.

–El 11 de agosto pasado inauguraron una casa con 14 niños. ¿A qué aspiran ahora?
–Nos gustaría abrir cinco casas que funcionen como la primera, MalaHome. Cada casa supone 50.000 euros anuales de mantenimiento para salarios de cuidadoras, profesoras... Yo no paro de buscar padrinos. Y surgen. La Obra Social  de La Caixa, por ejemplo, aportó los primeros 25.000 euros. Y la oenegé de Santander Ruta6 paga toda la educación de los 14 niños. 

–Como socia fundadora y promotora musical del festival Canet Rock, congregar ya le es propio. Ahora sueña llenar el Capitol.
–Sí, porque debemos sacar a más niños nepalís de la cárcel.

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