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La 'turismofobia' por pequeñas decisiones

El aumento de visitantes a grandes ciudades es un fenómeno global

Estudios recientes proponen un nuevo consenso que limite la masificación

Josep-Maria Ureta

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Turistas en el paseo de Lluís Companys de Barcelona. / JULIO CARBO

Secuencia clásica. Primero la encuesta periódica municipal de Barcelona detecta un cambio de ánimo de los vecinos respecto al turismo de masas en la ciudad. En distintos medios y modalidades se buscan razones de unos y de otros. Algún diario de amplia lectura en barrios acomodados señala a las decisiones del consistorio sobre moratorias urbanísticas.

Creada la tendencia, se le pone nombre: 'turismofobia', frente a los 'turismofílicos', se supone que con intereses comunes. Luego se espolvorea el término en noticias y reportajes. Incluso se redifunde que según el británico 'The Independent' y la cadena de televisión rusa RT, Barcelona es ya "la sexta ciudad del mundo que más odia a los turistas". La primera es la texana Arlington. ¿Fuente fiable?: la encuesta de una compañía aérea norteamericana de bajo coste entre sus clientes.

Asentada la palabreja, el 8 de junio explicaba EL PERIÓDICO que la derecha municipal (PP, PdCAT, Ciutadans; más ERC), censuran, con razón, los actos vandálicos minoritarios contra establecimientos turísticos, y entre las causas incluyen la "'turismofobia' durante la campaña electoral del 2015". Fin del círculo causa-efecto.

APORTACIONES MENOS SIMPLISTAS

Estéril debate. En compensación, cabe destacar que hay otras aportaciones menos simplistas ante un problema de cuyas dimensiones había pocas previsiones hace una década. También en este diario, se informó el pasado 13 de junio de la preocupación de que la oferta turística "ahoga el comercio cultural del centro" de Barcelona. Esta vez con datos contrastados y creíbles, recogidos por Barcelona Oberta y los once ejes comerciales que más atracción turística concentran. Constatan que junto al aumento de la oferta orientada al turista (gastronomía y moda) retroceden los espacios comerciales dedicados a cultura, entendida como arte, librerías o cines.

Eso sí es entender de qué va el debate necesario ante un fenómeno al que el Col·legi d’Economistes le ha dedicado también una sesión bajo el título 'Les grans ciutats com a destinacions turístiques globals' (video en http://www.coleconomistes.cat).

Los datos de Barcelona Oberta tienen, precisamente su reflejo teórico en el trabajo que ha dirigido, al frente de un grupo multidisciplinar, el catedrático de la URV Salvador Antón como profesor visitante del Instituto Internacional de Estudios Turísticos de la Universidad George Washington, en la capital de EEUU. Su objetivo, crear modelos de análisis del fenómeno mundial de atracción turística de grandes ciudades del mundo (a partir de un millón de habitantes) en contraste con el antiguo deseo bucólico y mayoritario de visitar parajes y paisajes poco civilizados.

IRREVERSIBILIDAD

Dos advertencias previas del profesor Antón. Una, la irreversibilidad del fenómeno, que no equivale a fatalidad de sus consecuencias negativas. El catedrático de la URV recupera una proposición esclarecedora de hace 50 años del economista Alfred Kahn, la tiranía de las pequeñas decisiones: cuando una multitud de individuos dispersos toman decisiones que, racionales de forma aislada, tienen un efecto externo que si bien cada uno pasa por alto, su acumulación producirá un efecto global que perjudicará a todos. Si la Casa Milà se (im)pone de moda, no solo se hace inviable la visita pausada, también se desgasta el propio edificio y se condiciona a cuentos viven o trabajan en su alrededores.

Segunda advertencia de Salvador Antón, directa y a contracorriente: "El problema de vivienda y especulación en Barcelona depende de otras políticas, no de la política turística". Por lo tanto, hay que variar enfoques hasta recuperar la política, porque el turismo de ciudad también responde al efecto de la tiranía según Kahn.

Antón consigna también nuevos modelos de análisis basados en el principio de 'caminabilidad' ('walkUp'), estudiados en distintos polos de atención de los visitantes de la connurbación de Washington. Se espera que puedan ser instrumentos de análisis también para Barcelona, la urbe desorbitada por el turismo de masas.

La relación entre el espacio ocupado a la vez por hoteles, sus turistas paseando, los servicios no turísticos de la ciudad con sus empleados en  oficinas colindantes y los inmuebles de  vecinos, deben mantener unas proporciones para ser sostenibles (http://business.gwu.edu/blogs/how-good-urban-planning-is-critical-to-successful-tourism). Si ha sido útil para Washington también podría aplicarse sobre Barcelona, cosa bastante más útil para la ciudadanía que padece las pequeñas decisiones del visitante.

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