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Sociología

El "efecto nieto" es un mito: por qué ser abuelos no nos vuelve más ecológicos

La ciencia desmonta el gran cliché político sobre el cambio climático: el nacimiento de las nuevas generaciones no altera la conciencia ambiental de los mayores, moldeada décadas atrás por la ideología y el bolsillo

Un estudio británico concluye que convertirse en abuelo no aumenta la preocupación por el cambio climático ni modifica los hábitos ecológicos cotidianos.

Un estudio británico concluye que convertirse en abuelo no aumenta la preocupación por el cambio climático ni modifica los hábitos ecológicos cotidianos. / Unsplash/CC0 Public Domain.

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EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid
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Generalmente se asume que la llegada de un bebé a la familia estira el horizonte temporal de los abuelos, despertando un instinto de protección planetaria que antes permanecía dormido. Sin embargo, la sociología y la economía empírica acaban de demostrar que este resorte psicológico simplemente no existe en la realidad. Un nuevo estudio publicado en European Economic Review ha analizado décadas de datos de paneles familiares británicos para comprobar si el inicio de la abuelidad cambia la mentalidad ecológica. La respuesta es un rotundo no. Convertirse en abuelo no aumenta la preocupación por el cambio climático, ni altera un ápice los comportamientos cotidianos, como el reciclaje, el uso del transporte público o el ahorro de energía en el hogar.

Raíces biográficas frente al nuevo bebé

¿Por qué un acontecimiento tan transformador en lo humano resulta tan irrelevante para el termómetro ambiental? La explicación científica apunta a cómo estructuramos nuestros valores. Las actitudes hacia el medio ambiente, la confianza en la ciencia y el posicionamiento político se consolidan durante la juventud y la adultez temprana. Cuando llega el primer nieto (generalmente entre los 50 y los 65 años), esa arquitectura mental ya está blindada.

El estudio demuestra que las personas que ya estaban concienciadas siguen estándolo, y quienes se mostraban escépticos o indiferentes no experimentan ninguna epifanía verde al sostener a la tercera generación en brazos. La preocupación por el futuro existe, por supuesto, pero se canaliza hacia la estabilidad económica de la familia, la herencia o el bienestar inmediato del niño, no hacia las emisiones globales de carbono.

La llegada del nieto

La llegada de un nieto no cambia por sí sola la conciencia climática de los mayores: los valores ambientales suelen quedar definidos mucho antes.

La llegada de un nieto no cambia por sí sola la conciencia climática de los mayores: los valores ambientales suelen quedar definidos mucho antes. / IA/T21

El factor del horizonte temporal corto

Existe además una dura realidad demográfica y psicológica que los modelos económicos detectan con claridad. A medida que envejecemos, nuestro horizonte temporal individual se acorta. Aunque los abuelos amen profundamente a sus nietos, las dinámicas de la vejez empujan a priorizar los problemas tangibles del presente: la salud, las pensiones, el coste de la vida o la seguridad del barrio.

Frente a estas urgencias del aquí y el ahora, el cambio climático se percibe como una amenaza abstracta y de largo plazo, cuyas peores consecuencias quedan fuera del mapa vital de los mayores. Es simple gestión adaptativa del tiempo que nos queda.

Referencia

For the future of our grandchildren: Grandparenthood and climate change concerns. Lieke Voorintholt et al. European Economic Review, November 2026. DOI:10.1016/j.euroecorev.2026.105482

Romper el bucle de la narrativa ineficaz

Eso significa que apelar a «las futuras generaciones» no está movilizando el voto ni el bolsillo de los mayores de 60 años, un grupo demográfico que, debido al envejecimiento de la población occidental, es cada vez más determinante en las urnas. Para conectar con la población sénior, las estrategias deben ser más concretas, sugiere este estudio.

En lugar de apelar a un planeta abstracto para el año 2100, la clave está en vincular la transición ecológica con mejoras inmediatas en su calidad de vida actual: ciudades más transitables, hogares mejor aislados del frío y del calor extremo que protejan su salud, o el ahorro real en sus facturas de luz gracias a las energías renovables.

Fuente: Levante - EMV