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Riesgo tecnológico

¿Se está acelerando la Tierra? La inminente revolución digital que cambiará cómo medimos el tiempo

El planeta ha empezado a girar más rápido y los guardianes del tiempo preparan un "apagón" histórico para evitar el caos informático mundial

no de los relojes atómicos del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido.

no de los relojes atómicos del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido. / Laboratorio Nacional de Física, Reino Unido.

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EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid
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Durante miles de años, la humanidad ha medido sus días observando el cielo. El mediodía exacto ocurría cuando el Sol alcanzaba su punto más alto y una rotación completa de nuestro planeta dictaba las 24 horas del día. Sin embargo, la naturaleza no es un reloj suizo. La Tierra se acelera, frena y se tambalea de manera caótica debido a factores que van desde las complejas dinámicas de su núcleo líquido hasta el deshielo en los polos causado por el cambio climático. Esta impredecible velocidad ha puesto en jaque al sistema tecnológico global, forzando una desconexión histórica entre el tiempo astronómico y los relojes artificiales.

Relojes atómicos

El desfase comenzó a ser un problema evidente a mediados del siglo XX con la invención de los relojes atómicos basados en el cesio-133. Estos dispositivos miden vibraciones atómicas ultraestables y son capaces de no perder un solo segundo en millones de años según los estándares de metrología. Al comparar la precisión imperturbable del átomo con el vaivén de la Tierra, los científicos descubrieron que nuestro planeta solía retrasarse.

Para solucionar esto, en 1972 se creó el sistema del segundo intercalar (leap second). Desde entonces, el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia ha añadido un segundo extra de forma periódica a la medianoche del Tiempo Universal Coordinado (UTC) para permitir que el planeta "alcance" a los ordenadores.

Acelerón terrestre

Pero la tendencia ha dado un vuelco inesperado. En los últimos años, la Tierra ha decidido acelerar su marcha cada vez más, acortando las jornadas en fracciones de milisegundo. Este acelerón ha puesto sobre la mesa un escenario jamás visto ni probado en la infraestructura digital: la necesidad de aplicar un segundo intercalar negativo, es decir, borrar un segundo de los relojes.

A diferencia de añadir tiempo, restar un segundo implica que las redes informáticas verían saltar sus cronómetros de las 23:59:58 directamente a las 00:00:00, omitiendo el segundo 59. Gigantes tecnológicos del sector de los centros de datos ya han advertido que este salto invisible podría provocar caídas masivas en sistemas financieros, redes de telecomunicaciones, servidores en la nube y plataformas de navegación por satélite que dependen de una sincronización perfecta e ininterrumpida.

La colisión del tiempo. Infografía conceptual que ilustra la desconexión entre la rotación variable de la Tierra (rojo) y el pulso cuántico e imperturbable del reloj atómico (cian). El vacío central representa el salto digital que amenaza la estabilidad de los servidores globales.

Infografía conceptual que ilustra la desconexión entre la rotación variable de la Tierra (rojo) y el pulso cuántico e imperturbable del reloj atómico (cian). El vacío central representa el salto digital que amenaza la estabilidad de los servidores globales. / IA/T21

¿Colapso de software?

Ante este peligro inminente de colapso de software, las autoridades globales han decidido que ha llegado la hora de romper nuestro cordón umbilical con el cosmos. Aunque inicialmente la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM) planeaba eliminar los segundos intercalares de forma progresiva hasta 2035, la urgencia de la aceleración terrestre ha adelantado los planes.

Delegados nacionales de todo el mundo se reunirán el mes próximo en Versalles durante la 28ª Conferencia General de Pesas y Medidas (CGPM) para votar una resolución histórica que pretende adelantar este apagón definitivo al 20 de mayo del año que viene.

¿Una hora negativa?

¿Qué significa eso? Que la estrategia del futuro ya no consistirá en corregir constantemente los relojes, sino en permitir que el tiempo atómico y la rotación física de la Tierra diverjan de manera natural. Los expertos calculan que pasarán milenios antes de que esta deriva llegue a acumular una hora de diferencia física, momento en el cual la humanidad podría implementar una solución mucho menos disruptiva, como una "hora intercalar". Algo de momento inimaginable.

En cualquier caos, lo que sí es cierto es que a partir de los próximos años, el paso del tiempo que rige a nuestra hipercoenctada civilización dejará de mirar a las estrellas para acompasar su ritmo y pasará a depender, de manera definitiva, del compás puro, ciego e imperturbable del átomo.

Fuente: Levante - EMV