Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: Corre, pon la tele, que veremos cómo atizan a la prensa

Verónica Sanz (‘La SextaXplica’).

Verónica Sanz (‘La SextaXplica’).

Ferran Monegal

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Hace 10 días que comenzaron las manifestaciones contra la amnistía en la zona de Ferraz de Madrid. Todas las cadenas han experimentado una subida de audiencia magnífica. No solo los informativos. También los magacines.

‘Todo es mentira’ (Cuatro) consiguió su cifra récord: 7,5% de cuota de pantalla. La Sexta, en particular, se ha distinguido en esta subida. ‘Más Vale Tarde’ ha alcanzado récord de temporada: 9,1% de cuota de pantalla. ‘Al rojo vivo’, lo mismo: 14,1%. ‘El intermedio’ cerró su mejor semana del año: 7,8%. Quizá el más significativo ha sido ‘La SextaXplica’: ha pasado de su habitual 5%, a un 9,4% este sábado, también cifra récord. Más complicado es valorar en qué consiste exactamente el interés de la audiencia. Habrá quien siga los directos lamentando la actitud de los ultras y habrá quien, viendo volar los adoquines, lo disfrute. Dentro de esta contemplación, los periodistas estamos adquiriendo una relevancia superlativa. Una relevancia ‘malgré nous’. Somos protagonistas –sin pretenderlo– por las agresiones que nos propinan.

En la batalla de Ferraz he visto a los violentos zarandear e increpar a equipos de TVE, de Antena 3, de La Sexta, de Cuatro, de la CNN... En la manifestación de Barcelona de hace un mes contra la amnistía vi a un equipo de TV3 increpado por unos exaltados llamándoles «‘¡nazis!’». Ahora en Madrid los gritos eran: «Pedazo de maricón / Desgraciados / Fuera de aquí / Mentirosos / Prensa española manipuladora» . Hasta escuché un «¡masones!», pero no sabría decirles contra qué equipo televisivo.

El otro día me fui a tomar un cortadito a un bar cercano a mi domicilio. Estaba casi vacío. Entró una pareja, treintañeros, y ella le dijo al barman: «Ponga la tele, 'pliis'». Y su compañero añadió: «Póngala, que a esta hora en Madrid ya deben estar atizando a los periodistas». No noté que lo dijeran con alegría. No era un tono para disponerse a disfrutar. Yo creo que era, sencillamente, una curiosidad por ver los adoquines, la carga policial y, sobre todo, los vistosos improperios y ademanes contra los periodistas, pertrechados con casco y chaleco protector como si estuvieran en Ucrania, pero que estaban en Madrid. ¡Ah! El oficio informativo, que solo es una mensajería entre el suceso y el público, ha sido transformado. Nos colocan formando parte del suceso, sin serlo. En la tele todo es espectáculo.