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TÚ Y YO SOMOS TRES

La mejor quedó la 12, y Madonna... ¡peeeff!

Ferran Monegal

 Leonora, de Dinamarca (Eurovisión, TVE-1). / La 1

En esta edición de Eurovisión ha descendido el número de frikis por centímetro cuadrado. Pero la sensación de bollycao tigretón permaneció inalterable. Es natural. Estamos hablando del kindergarden musical más famoso del mundo. Si la cadena Cuatro hubiese programado esa noche la final de Bake off el gran pastelero, habría tenido un repunte de audiencia significativo: la ósmosis entre ambos productos televisivos hubiera sido absoluta. Lo mejor ha sido el juego escenográfico que ha dado el videowall que han comprado para arropar a los participantes. ¡Ah! Efectos digitales superlativos. El año pasado, en el Pachá de Múnich inauguraron uno de 20 metros de longitud, el Contrast Vision, muy parecido.  Al principio, en el plasma pusieron la imagen de un avión visto de morro, o sea, de frente. Lo quitaron enseguida, porque asustaba a los niños. Parecía el tiburón de la peli Megalodón que está emitiendo Movistar+ estos días.

El golpe más espectacular fue el de Australia. Su cantante, Kate Miller, iba suspendida sobre una pértiga larguísima, sobrevolando el mundo. Es curioso, a los concursantes de La isla de los mosquitos (Supervivientes) también les hacen una prueba similar, pero les queda más cutre. Les empalan, sobre la playa, en taparrabos, a tres metros de altura, y el que más aguanta gana un bocadillo de atún. En materia musical me ha dicho nuestro canario flauta Papitu que la mejor, de largo, ha sido la danesa Leonora Colmor Jepsen. Esta joven no solo tiene una finísima armonía en su voz. También su cuerpo está dotado de un eufónico equilibrio. Seguramente porque, además de cantante, es patinadora artística. Con solo 17 años, una vez patinó sobre un lecho musical de Astor Piazzola. Causó admiración. Ha cantado Love is forever, con una escenografía poética y naíf delicadísima. Ha quedado la número 12. Efectivamente: Leonora no trabaja la pastelería.

Holanda fue la ganadora. Yo creo que el tema podría aprovecharlo el Ajax F.C. como himno. ¿Y Miki? No ha desentonado. Ha quedado donde solemos quedar desde hace lustros. Madonna desafinó como una descosida. Pero tuvo un detalle. En su coreografía sacó dos banderas: la sionista y la palestina. El realizador practicó sobre ellas la técnica del zoom inverso. O sea, la cámara, en lugar de acercarse, se alejaba. Para que no distinguiésemos nada en absoluto. ¡Ah! Quizá fue cosa del Mossad.