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'Wanderlust': el sexo trae problemas

Juan Manuel Freire

Joy (Toni Collette) y Alan (Steven Mackintosh), de la serie Waterlust. 

Joy (Toni Collette) y Alan (Steven Mackintosh), de la serie Waterlust. 

¿La monogamia es posible? ¿O, mejor dicho, una monogamia feliz es posible? Muchas historias se empeñan en negarlo. Por ejemplo, Wanderlust, escrita por Nick Payne hace unos años para el teatro y adaptada por el propio dramaturgo para una serie coproducida por la BBC y Netflix, que se encarga de estrenarla el viernes, 19, fuera del Reino Unido.

En la serie, Joy (la gran Toni Collette) y Alan (Steven Mackintosh) forman la típica pareja que, tras un par de décadas de matrimonio y crianza de hijos, se encuentra en un punto muerto en cuanto al sexo. Ella ha sufrido un accidente de bici hace poco y, según él, está usando sus secuelas para no entregarse al cien por cien. Pero son los dos los que parecen buscar excusas para evitar el momento, por si acaba siendo tan gris como de costumbre. "Es como si estuviera fuera de mí mismo, observando", confiesa Alan. "Viéndome a mí mismo… tratando de desear desearte".

'Wanderlust' contiene momentos de esta clase de devastación emocional, pero no se regodea en la miseria, sino que encuentra el humor en la desesperación, sobre todo desde que Joy y Alan deciden que lo mejor para que, al menos, la ternura sobreviva será engañarse mutuamente. Lo deciden después de descubrir sus respectivos líos: ella, con un compañero de su grupo de hidroterapia; él, con una una colega de trabajo (Zawe Ashton, de Fresh meat) bastante más joven y fan de Warren G. 

Pronto, la infidelidad compartida se revela como una solución relativa: lo que trae es una nueva colección de problemas. En cuestiones de amor y deseo, es inevitable no tenerlos, insinúa la serie. Los tienen también los hijos, amigos y vecinos de Alan y Joy, cada uno protagonista de su propia subtrama (alguna, como la del hijo enamorado de una fan de Jonathan Franzen, capaz de ganar en interés a la trama central).

Como la vida misma

Wanderlust ha sido recibida con cierta tibieza en el Reino Unido, donde se anunció casi como porno blando, cuando en realidad es una de esas series (véanse Dime que me quieres o The deuce) en las que el sexo no es afrodisíaco, sino todo lo contrario. Las escenas sin ropa sirven para desnudar espiritualmente a los personajes, en contraste con las que vemos en la mayoría de series actuales, solo ganchos dejados caer aleatoriamente para asegurarse la fidelidad de algunos espectadores.

Pocas series se preocupan por explorar el sexo con (agridulce) seriedad. Y menos el sexo de mujeres con más de 40 años. Solo por eso, Wanderlust ya merece un respeto. Además, en general es una delicia ver a ese reparto (sobre todo Collette, redondeando un gran año después de Hereditary) divagando con ansiedad sobre cualquier cosa. Hablando a la vez, trastabillando, completándose las frases mutuamente o alargándose más de la cuenta. Hablando como personas reales.