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TÚ Y YO SOMOS TRES

La tele nos ha dado un ministro

Ferran Monegal

Ana Rosa Quintana y Màxim Huerta (T-5).

Dentro de la enorme satisfacción que le ha producido la noticia de que su excolaborador Màxim Huerta haya sido nombrado ministro de Cultura y Deporte, esta mañana Ana Rosa Quintana (Tele 5) se dolía de que «algún compañero con mala leche ha dicho que Max es un periodista del corazón». Y añadía: «¡Max también ha hecho información política!».  ¡Ah! Estoy con Ana Rosa: el periodismo no admite encasillamientos ni adjetivos, y en la tele menos todavía. Un día estás informando de la muerte de Juan Pablo II, que es lo que hizo Huerta desde Roma, para el programa de Ana Rosa, en abril del 2005, y otro día te toca comentar y rebañar el desnudo en Interviú de la ex de Gran Hermano,  Almudena, alias Chiqui, que es lo que también hizo Huerta en mayo deL 2009 en el programa de SardáLa tribu. O sea, que si vives en la tele, y de la tele –y según en qué canal hayas caído–, tienes que amoldarte a la arena de su circo: pasas del funeral de un Pontífice a un señora despelotada en una revista, y todo por el mismo precio y sin moverte del sitio.

Lo más raro, y elogiable, del entusiasmo de Ana Rosa ha sido la reivindicación de la palabra periodista. ¡Ah! Hace tiempo que en Tele 5 se procura  eliminar el uso de la palabra periodista, cambiándola por la de comunicador, que es otro concepto, más versátil, más gaseoso, y comodísimo. ¡El periodista ha muerto, viva el comunicador!, gritan desde las alturas. Es la forma de crear un nuevo oficio en el que todos son comunicadores: desde las criaturas del Sálvame o de La isla de los mosquitos, hasta las de los Informativos. ¡Ah! Les interesa muchísimo este totum revolutum.

Aparte de sus colaboraciones en programas tutti frutti, el último programa de autor de Máxim Huerta que tengo anotado en mi cuaderno es Destinos de película (2016, TVE-1). Cuando lo estrenó, escribí aquí: «No es un programa, es un chollo. Siento por Huerta una gran envidia». Fue en efecto un proyecto muy atractivo: viajaba a ciudades del mundo buscando calles, rincones, lugares, que han sido protagonistas de grandes películas. La Roma de La dolce vita, el Londres de Notting Hill, el Nueva York de Annie Hall... O sea, que Màxim en Roma hacía de Marcello Mastroianni; en Londres, de Hugh Grant; en Nueva York, de Woody Allen... Efectivamente, una delicia. 
A partir de ahora hará de ministro. Otro destino de película.

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