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CONCURSO CULINARIO DE TVE

Saúl Craviotto se cuelga 'el oro' de 'Masterchef celebrity 2'

El campeón olímpico de piragüismo se alzó con el triunfo con su menú fusión entre Catalunya y Asturias y la actriz Sílvia Abril quedó subcampeona

Inés Álvarez

Saúl Craviotto, Patricia Montero, Sílvia Abril y José Corbacho, los cuatro finalistas de la segunda edición de Masterchef celebrity (TVE-1).

Saúl Craviotto, Patricia Montero, Sílvia Abril y José Corbacho, los cuatro finalistas de la segunda edición de Masterchef celebrity (TVE-1). / RTVE

Varón joven, guapo, educado, competitivo y enormemente disciplinado. Este es por ahora el perfil del ganador de 'Masterchef celebrity', ya que esas eran las características que exhibía el actor Miguel Ángel Muñoz, vencedor de la primera edición, y son las innegables virtudes de Saúl Craviotto, el campeón olímpico y policía nacional que se ha alzado con el triunfo en la segunda entrega. Aunque la actriz Sílvia Abril, feliz subcampeona, no se lo pusiera nada fácil.

El menú que preparó el piragüista para el duelo final, un entrante de pez rey con torto asturiano, una becada y un cremoso de mango y albaricoque con tronco de chocolate, despertó la admiración del jurado del concurso y de los chefs invitados, nada menos que Martín Berasategui y Quique Dacosta, que suman 12 estrellas Michelin. “¡Brutal!, exclamó el primero, al degustar su postre. Eso no se lo dicen a uno cada día.

Con el menú hacía un homenaje a Catalunya, la tierra donde nació, y a Asturias, donde vive desde hace 15 años con una asturiana y donde nació su hija (y la que vendrá, que podría llamarse Martina en homenaje a ese “¡brutal!”). Y en su tierra, Catalunya, se inspiró también Sílvia Abril, con un royal de alcachofa con almejas y trufas, un solomillo con una revisión de la calcotada y un helado de crema catalana con chocolate y aceite que la habrían llevado al triunfo si Craviotto no fuera tan perfecto.

A por el oro

Y es que el deportista, un neófito en el arte culinario, ha demostrado que es capaz de navegar entre fogones, cuchillos y nitrógeno líquido con igual concentración y elegancia que a bordo de la piragua que le ha llevado a colgarse medallas de todos los colores en los JJOO a los que se presentara.

Sílvia Abril, en cambio, ha sido la gran sorpresa de 'Masterchef celebrity 2'. Ya que, pese a que tuvo que devolver su delantal en el cuarto programa por culpa de una desastrosa bechamel, se encaramó a la red en una de las habituales repescas y ya no hubo marcha atrás. Concentrada y organizada, sin apearse de su disparatado humor, la actriz ha ido creciendo de tal modo que en la final por un momento se dudaba de quién iba a ganar.

Las pruebas

El primer reto del programa , el que les propuso la chef María Marte, de El Club Allard, con dos estrellas Michelin, consistía en elaborar un plato tan tremendamente creativo como complicado: una "isla bonita" de atún, con su mar de gelatina y algas, sus pececitos de cáscara de mango, rocas de pasta de arroz y espuma de aire, que envió directamente a Craviotto a la final.

El puesto del segundo duelista se lo tuvieron que ganar a sangre (o mejor dicho, a quemaduras), sudor y lágrimas Abril, el director y actor José Corbacho y la actriz Patricia Montero. Los tres tuvieron que mostrar en el Celler de Can Roca, en Girona, ante los mismísimos Joan, Josep y Jordi Roca, y algunos familiares y colaboradores, que eran capaces de emular platos del dos veces reconocido como mejor restaurante del mundo.

La maldita bola

La pareja de Andreu Buenafuente escogió la ostra al albariño y el hígado de pichón con cebolla; Corbacho, la caballa con encurtidos y el postre láctico, y Montero no tuvo otra opción: la cigala con infusión de artemisa y el cromatismo naranja. Y fue precisamente ese postre, compuesto de una bola semitransparente de caramelo realizada como el cristal, el que se le resistió, provocando su eliminación. Aunque Corbacho, que había disfrutado mucho la prueba, tampoco pasó al duelo final.

"Hay que salir por el oro, si no, te quedas por el camino", decía Craviotto en cada reto. Y el oro se llevó. Aunque en este caso no se lo haya colgado al cuello: el ansiado trofeo irá a parar a una vitrina de su casa de Gijón y los 75.000 euros, a la Fundación Aladina, que ayuda a que niños y adolescentes con cáncer no dejen de sonreír. Para el olímpico no hay premio mejor. 

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