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el rey de youtube

El Rubius, no apto para mayores

CARMEN JANÉ

Conseguir una entrevista con Rubén Doblas Gurdensen, El Rubius, es trabajo duro. Las rehúye porque dice que no le entienden y no se siente a gusto. Y aun así, huyendo de los grandes medios, ha logrado con sus bromas, una cámara y un ordenador, ser una celebridad a la que siguen 8,5 millones de suscriptores, la mayoría entre 14 y 24 años, y al que han visto más de mil millones de veces en su canal de Youtube. Uno de los últimos, 50 cosas sobre mí, supera ya los cinco millones de reproducciones en una semana (cuatro millones, en tres días), el doble que la media de audiencia de un Sálvame de luxe. «Está siendo una locura. Veo a celebrities jóvenes que han tenido su momento e igual han acabado debajo de un puente cuando ha pasado su fama, pero creo que el fenómeno de Youtube todavía dará para cinco años más», explica a este diario.

Hijo de noruega y español, y con constante trasiego entre escuelas de Noruega y España por motivos familiares, Rubén Doblas Gundersen, hijo único hasta que fue adolescente, fue un estudiante desubicado en clase («no me gustaba el fútbol, se reían de mi acento», recuerda en uno de sus vídeos) y con déficit de atención diagnosticado, que hizo de internet su vía de comunicación con el mundo.

Cuenta que descubrió Youtube en el 2006, con la plataforma recién estrenada. «Me metí porque tenían vídeos de juegos que iban a sacar y vi que había gente que colgaba sketches, todo muy amateur. Yo comencé a subir escenas de juegos a los que jugaba en el 2011». Y los promocionaba en Meristation, en ForoCoches y en otras webs, donde aún le recuerdan con cariño «spameando con losvídeos».

Lo suyo ha sido el audiovisual desde siempre. Estudió técnicas de imagen durante el bachillerato en Noruega y luego, ya en España, hizo un curso de animación 3D en una escuela madrileña, Arteneo. Todavía corre por la red un canal, Rubius FX, con sus trabajos y su corto de graduación, Down and up, sobre un niño que descubre la belleza, y los motivos para seguir en el mundo, cuando se va a suicidar. «Me pusieron un 10. Me encantaba la animación, crear y hacer».

Pero no han sido las pruebas de humos y texturas las que le han llevado a la fama. Desde que empezó con el canal de ElRubiusOMG no llega a los 400 vídeos colgados, una cantidad inferior a la de otros youtubers conocidos, como Vegeta777, el segundo de la lista en España, que ha publicado 1.750, o WillyRex, que supera los 2.100. «El boom vino en noviembre del 2011, con Skyrim. Subí un vídeo a Youtube comentando el juego y tuvo mucho éxito porque había un fallo muy gracioso y se lo empezaron a pasar. Hasta al cabo de unos meses no vi que se podía cobrar por ello, y entonces empecé a subir más vídeos y de otros temas», explica.

En la edición está el gancho

Chatroulette, un sistema de chat con videocámaras que se usaba para ligar sin dar nombres y del que ya casi nadie se acordaba, ha sido un filón para El Rubius. Sus vídeos criticando lo que hace la gente con la que conecta de modo aleatorio son un género propio. Y es que si hay que definir su estilo, olvídense de todo lo conocido o políticamente correcto. Él lo llama «trolear», como los usuarios de internet aficionados a meterse con otros en los foros de las webs, los trolls. «Gustó mucho por cómo lo edité, con muchos cortes, con música... Creo que tengo tantos seguidores por cómo edito», afirma.

Muecas, posturas exageradas, comentarios como el gamberro de la clase, bromas muy privadas de adolescentes, iconos de cómic en pantalla, palabrotas y muy poco sentido del ridículo conforman un estilo particular en el que flotan varios personajes que ya son parte de su marca: sus dos gatos, su compañero de piso, sus peluches, el pan de pipas, las hamburguesas, las pizzas, el móvil y las consolas de videojuegos. «Me gusta Youtube porque tengo libertad total para hacer lo que quiero, sin censura. He intentado radio, tele con Andreu Buenafuente... La tele es un mundo distinto, superfake, donde no podía ser yo… No me sentía a gusto», explica con su habitual estilo entrecortado.

«Lo de exagerar las muecas, creo que lo hago desde los 10 años, en el espejo, probando. Mi ídolo es Jim Carrey, pero sé que yo nunca llegaré a ser como él, porque él es... ¡Dios! –afirma–. Mi otro ídolo es Eminem. Yo ya hacía el gilipollas cuando estaba solo, ahora que hay una cámara delante la cosa cambia».

Personaje y productora

En internet, El Rubius es personaje y en la vida, productora a tiempo completo. «Los youtubers lo manejamos todo nosotros. Me grabo, me edito, gestiono el canal, las visitas… Cuando necesito ayuda pago a algún amigo para que me haga de cámara». Y sin guion, a pelo e improvisando constantemente. «Cuando hice aquel vídeo de Cómo molestar a tu compañero de piso, me apunté en el móvil algunas ideas, pero no me suelo quedar sin argumentos. Y si no, siempre hay algún juego, haces un gameplay[partida en directo] y ya te sale». 
En los vídeos se desdobla en tres personajes: «Soy Rubén, el chico que juega a videojuegos, normal; El Rubius, más locura, y Ust, el niño bueno que no sabe hablar, con problemas mentales. El Rubius se ha convertido en un personaje del que la gente espera algo, eso lo tengo muy claro. Intento ser yo, pero sé que tengo que hacerlo entretenido porque si no, nadie lo ve». Y añade: «Después de tres años, creo que sé lo que les gusta porque todos iguales y a la mayoría nos gustan las mismas cosas».

Aunque se confiesa muy tímido –o quizá por ello–, la relación que tiene El Rubius con su audiencia dista de ser la de un famoso de la tele o un actor al uso. Se refiere a sus seguidores como «mi gente», aunque no les pueda poner cara y se queden solo en su saludo típico: «Criaturitas del señor». «Cuando hay un acto les puedo ver, pero me da cosa ser con ellos como soy yo cuando estoy con mis amigos. Yo creo que son una secta, pero nadie lo sabe todavía. Esto es como los Beatles al principio, con gente gritando por verles y tocarles. No sé qué está pasando...», bromea. «La verdad es que prefiero no ser más conocido de lo que ya soy».

Asegura que rechaza el 90% de las propuestas de entrevistas o asistencia a actos que recibe. «No doy para hacer todo lo que me piden. Cuando quiero decir algo, lo cuento en un vídeo», afirma. Como personaje público, cuida su imagen con mimo y trabaja con una network (de hecho, ya va por la tercera), una agencia que le gestiona la publicidad y la asistencia a actos. «Si no, esto sería una locura».

Videojuego en marcha

Todo este boom le ha permitido cumplir algunos de sus sueños adolescentes, como viajar a la feria E3 de videojuegos en Los Ángeles o participar en el videojuego de una compañía puntera como Insomniac (Ratchet&Clank, Resistance), Sunset Overdrive, en el que debuta como actor de doblaje. «Ha sido más difícil de lo que parece. Doblé a tres personajes distintos, pero hay uno que tiene dos partes y en una es humano, y en la otra es medio mutante… Creo que al final le pillé el truco».

Vende camisetas con su logo y sus personajes (el mítico Papadopoulos, con el que juega en Los Sims 3), habla de juegos que le gustan o le envían, y también ha escrito un libro, El Libro Troll, que desde mayo está en la lista de los más vendidos, con varias semanas en el número uno. «No me veía escribiendo mi biografía a los 24 años, no quería convertirme en una Belén Esteban. Luego me plantearon la idea de hacer un libro de retos y eso ya me gusto más». Y en un país donde la piratería es una lacra, hubo colas de chavales comprando el volumen a casi 20 euros. «Quizás es porque no se puede piratear. Tienen que romper páginas, hacer cosas con él…».

También se ha ganado las envidias de otros youtubers. «Según las estadísticas, solo tengo un 30% de público femenino, pero hacen mucho ruido. Yo entiendo que esto puede no gustar a mucha gente, porque el canal era solo para tíos hasta que vinieron las chicas. Pero me gusta que les guste lo que hago», dice aparentando ternura.

Otro motivo es el dinero. Le atribuyen ingresos multimillonarios, cosa que desmiente. «Por contrato no puedo decir lo que gano. Depende del número de reproducciones y en España la publicidad on line se cobra como en el tercer mundo». Aunque admite que con sus cifras se puede vivir, y bien, aunque en EEUU sería mejor.

Políticamente incorrecto

Doblas es consciente de que sus vídeos no gustan a todo el mundo. «Una amiga me contó que en la universidad una profesora me puso como ejemplo de machista y mal hablado, y me empezó a llamar de todo. Pero en mis vídeos todo es con ironía, y mi gente lo sabe. Hay mucho humor negro. Lo que ocurre es que el público está muy acostumbrado a la censura», sostiene. «También a Eminem lo llevaron a juicio por decir cosas fuertes».

Youtube le ha obligado a retirar, o al menos a modificar, alguna producción ante las quejas. «¿Si somos más conservadores en España? Avanzamos, pero se nota un poco de retraso en ciertas cosas. En otros países nos llevan años de ventaja». Su educación noruega le da otra perspectiva. «Allí los debates, por ejemplo, son más civilizados, más tranquilos. En muchas cosas sí me siento más noruego. Tener dos culturas antes lo veía como un problema, pero creo que me ha ayudado a ver las cosas de otra manera. Aunque allí no gustarían mis vídeos. Eso seguro».

Sabe que su boom tiene fecha de caducidad, pero admite que vive en la cresta de la ola y le encanta. «¿Cómo me veo dentro de cinco años? De barcos y putas…», proclama como en uno de sus gritos de guerra. «En cinco años no sé donde estaré, si casado y con hijos, aunque no creo, pero está claro que si lo de Youtube se acaba, tendré unos ahorros para ponerme a hacer 3D o doblar videojuegos. Sé que me va a abrir muchas puertas. Y dejaré que el viento me lleve…».

Temas: El Rubius

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