Plan Policial

Casi 300 mujeres denuncian abusos sexuales bajo sedación en Catalunya

Es la primera vez que los Mossos d'Esquadra hacen pública la cifra de casos de sumisión química y abarca desde enero de 2021 a la actualidad

La Conselleria d'Interior presenta un plan para prevenir la violencia sexual en bares, discotecas, conciertos o botellones

Casi 300 mujeres denuncian abusos sexuales bajo sedación en Catalunya

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Desde el 1 de enero de 2021 y hasta el 12 de junio de 2022, un total de 288 mujeres han denunciado en Catalunya haber sufrido abusos sexuales mientras se encontraban bajo la influencia del alcohol o de otras drogas, según datos de los Mossos d’Esquadra. De estas 288, 167 afirman que alguien les puso algo en la bebida para adormecerlas y 121 manifiestan que lo que hizo el agresor fue aprovecharse del estado de vulnerabilidad en el que se encontraban. Es la primera vez que se da una cifra concreta sobre un tema, el de la sumisión química, acerca del cual proliferan los bulos. Se trata, además, de una información policial que se basa en el relato de las víctimas, no en los resultados clínicos que prueban la existencia de tales substancias en el organismo, debido a que resulta difícil poder detectar restos en los análisis. Los Mossos, ante un verano que se prevé de plena normalidad en bares y discotecas, han presentado este lunes un plan para combatir la violencia sexual vinculada al ocio nocturno.

A lo largo de 2021, las denuncias por abusos sexuales –entre las que se incluyen los casos de sumisión química– aumentaron en Catalunya en un 18% con respecto a 2019, año que se toma de referencia porque el del 2020 presenta datos anómalos a causa del estallido de la pandemia. Las agresiones sexuales, que se distinguen de los abusos porque el agresor usa la violencia o la intimidación contra la víctima, crecieron en un 6,5%. En cifras más globales, las denuncias por violencia sexual, que abarcan todas las tipologías delictivas que atañen a la libertad sexual de la víctima, han crecido en un 65% durante la última década. Un aumento que no necesariamente debe leerse en clave negativa dado que la cifra negra que persigue a este tipo de delitos es muy alta: entre un 70% y un 90% de las mujeres nunca llegan a denunciar a su agresor.

En la encuesta sobre violencia sexual que el Departament de Interior presentó hace un mes, y que hace públicas las conclusiones de un trabajo de campo efectuado en 2019, un 15% de las mujeres que manifestaron haber sufrido violencia sexual a lo largo de su vida indicaron que esta había ocurrido en 'bares de copas' o 'discotecas'.

La portavoz de los Mossos, la inspectora Montse Escudé, ha subrayado que al cuerpo policial no le mueven los datos sino la necesidad de actuar ante la campaña de verano que acababa de comenzar. No existen cifras objetivas acerca de si la violencia sexual vinculada al ocio nocturno ha aumentado o no en relación a años anteriores pero sí la "percepción policial" de que así ha sido. No existen porque históricamente no se han clasificado las denuncias por agresiones o abusos en función de dónde se cometían. El plan policial que se ha presentado este lunes debería permitir, entre otras cosas, conocer el vínculo real entre violencia sexual y ocio nocturno, una asociación que hasta la fecha, tanto los Mossos como la Conselleria de Interior se habían negado a establecer arguyendo que la mayoría de las denuncias que anualmente se presentan en Catalunya apuntaban a agresores que forman parte del entorno de la víctima. Sin embargo, el enfoque ha cambiado este lunes, cuando se ha expresado institucionalmente que se considera el ocio nocturno como un espacio "facilitador" de los abusos o las agresiones: tanto los "depredadores" –que responde al perfil del desconocido que ataca a una mujer al salir de la discoteca– como los "oportunistas" –que se aprovechan de una situación de vulnerabilidad de la víctima–.

Mismo grado de alerta que la lucha antiterrorista

El conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, ha asegurado que ocho de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual y que un 12% de las mujeres catalanas afirman haber sufrido agresiones sexuales. Más datos sobre el problema que, para Elena, requerían un posicionamiento “firme” del Govern ante esta problemática que ahora la tratará como lo hace con la amenaza terrorista: con dispositivos de patrullaje preventivo y con un gabinete que periódicamente revisará su evolución. 

La consellera de Igualtat i Feminismes, Tània Verge, ha subrayado por su parte que la mayoría de mujeres que no denuncian no lo hacen porque todavía prevalecen mensajes sociales que culpabilizan a la víctima de lo sucedido. Y ha recordado que las mujeres pueden recibir asistencia sanitaria o policial llamando al 112 y también que, con independencia de si terminan denunciando o no, pueden pedir apoyo psicológico llamando al 900 900 120

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La inspectora Escudé ha detallado que la Unitat Central d’Agressions Sexuals (UCAS) estará al frente del plan policial y tutelará a un agente de referencia en cada unidad de investigación de cada comisaría del territorio. Los Mossos revisarán diariamente todas las denuncias que se presenten para tener información actualizada de los lugares en los que se han cometido y también de los perfiles que los están protagonizando. 

A partir de esos mapas delincuenciales, los responsables territoriales tienen orden de diseñar dispositivos específicos nocturnos para proteger a las mujeres. Esto implicará, por ejemplo, que se monten controles en busca de jóvenes que llevan drogas para sedar o que se dispongan patrullas que aseguren el trayecto que las jóvenes deben hacer desde la discoteca a los puntos de transporte público. El plan policial prevé asimismo acercar actores sociales importantes para actuar antes de que se cometan estas agresiones como los gremios de taxistas, hoteleros o de ocio nocturno. Es decir, se busca tejer complicidades con trabajadores nocturnos para haya más radares atentos ante situaciones de riesgo para las mujeres y avisen a la policía, un funcionamiento que emula el de la lucha antiterrorista que busca la implicación social para detectar prematuramente casos de radicalización.