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Relaciones afectivas

Los jóvenes reescriben los límites de la fidelidad amorosa: “Un ‘like’ a un desconocido puede ser motivo de ruptura”

Un grupo de chicos y chicas reflexionan sobre su atracción por los modelos afectivos del pasado y explican cómo los llevan a la práctica en tiempos de redes sociales y aplicaciones de geolocalización

Celos, geolocalización y 'likes’ vigilados: la obsesión por la fidelidad irrumpe en la generación TikTok

El control, la fidelidad y los roles tradicionales arraigan entre los más jóvenes.

El control, la fidelidad y los roles tradicionales arraigan entre los más jóvenes. / José Luis Roca / EPC

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Juan Fernández

Juan Fernández

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Pocos temas acaparan tanto la conversación de los jóvenes como los tocantes al amor y las relaciones afectivas. Contarle a la amiga si le gusta tal o cual compañero de clase o celebrar con coquetería y un corazoncito la última foto que ha publicado en su perfil la chica que le hace tilín a un adolescente forma parte de la cháchara juvenil diaria, tanto la que transcurre en privado –a la cara o a través de pantallas– como la que se muestra públicamente en las redes sociales. Asunto distinto es invitarles a reflexionar sobre la forma como encaran las cosas del querer. En el juego de las comparaciones afloran confesiones que revelan cambios generacionales.

¿Se sienten más fieles y tradicionales en el amor que los jóvenes de antes, tal como apuntan diversos estudios sociológicos? “Puede que sí. Tengo la sensación de que mis padres vivieron una época de apertura y búsqueda de experiencias y libertades. En cambio, nosotras ya hemos nacido con esa libertad y quizá por eso nos atrae algo más serio y formal”, reconoce Laura, madrileña de 19 años. A su lado, su amiga Sofía, dos años menor, asiente: “Nos identificamos más con la idea de la pareja fiel y para toda la vida que podían tener nuestros abuelos. Era tan bonita…”.

"Los cuernos se perdonan más a los chicos; si una chica tiene muchos rollos, se devalúa, es como un coche con mucho kilometraje, está muy usado”

Javier, Iván, Raúl y Marcos

— Jóvenes madrileños de entre 17 y 19 años

Pedir para salir

La atracción de los jóvenes por el canon amoroso tradicional no se detiene en el mayor aprecio por la fidelidad, sino que afecta a la propia mecánica de la relación. “Podemos estar tonteando con un chico si no tenemos novio ni él novia, pero la cosa cambia si nos pide para salir. A partir de ahí, la relación ya es oficial y la lealtad tiene que ser absoluta. Y por supuesto, debe ser él quien lo pida, nunca nosotras”, reconocen. Javier, Iván, Raúl y Marcos, que han estudiado en el mismo instituto que Laura y Sofía, confirman este patrón: “Por supuesto, es el chico el que debe pedirle para salir a la chica, nunca al revés, y si es con un ramo de flores, mejor. También debe ser él quien invite y pague la cena. Nos parece de sentido común”, afirman.

"Por supuesto, el chico debe pedirle para salir a la chica, nunca al revés, y si es con un ramo de flores, mejor. También debe ser él quien invite y pague la cena. Nos parece de sentido común"

Javier, Iván, Raúl y Marcos

La diferenciación de roles que los jóvenes de hoy han incorporado a su forma de entender las relaciones amorosas supone una enmienda a la totalidad del feminismo. “Si estás con alguien, no debes ponerle los cuernos, pero es distinto que lo haga un chico a que lo haga una chica. A él se le perdona más. En cambio, si una chica tiene muchos rollos con chicos, se devalúa. Es como un coche con mucho kilometraje, está muy usado”, confiesan sin rubor los cuatro jóvenes. Sus excompañeras de instituto no desmienten este diagnóstico: “Es cierto, en nuestra generación está peor visto que nosotras seamos infieles a que lo sean ellos. Puede sonar machista, pero es que toda la sociedad se está volviendo cada vez más machista”, asumen Laura y Sofía.

Madrid. 22.09.2026. Reportaje adolescentes y sexo, infidelidades, etc

Javier, Iván, Raúl y Marcos, jóvenes madrileños de entre 17 y 19 años. / José Luis Roca / EPC

Compartir la ubicación

La vuelta de los jóvenes a patrones afectivos del pasado no está exenta, sin embargo, del impacto que tiene algunos factores contemporáneos, como las herramientas digitales, que acaban condicionando los comportamientos. Vivir unidos a dispositivos que rastrean los movimientos y registran las conversaciones lo cambia todo, pero los jóvenes han adaptado su concepción de la fidelidad a los nuevos tiemos. “No tenemos problema en compartir la ubicación en tiempo real. Lo hacemos con nuestros padres y nuestros amigos, ¿por qué no íbamos a hacerlo con nuestros novios?”, plantean Laura y Sofía.

"En nuestra generación está peor visto que nosotras seamos infieles a que lo sean ellos. Puede sonar machista, pero toda la sociedad se está volviendo cada vez más machista"

Laura y Sofía

— Jóvenes madrileñas de 17 y 19 años

El dilema, reconocen los jóvenes, es dónde poner la línea que separa el uso razonable del abuso tóxico de esas herramientas. “Todos conocemos casos de chicos y de chicas que salen con sus grupos de amigos o de amigas y se pasan toda la noche retransmitiendo en directo al novio o la novia ausente dónde y con quién están para demostrarle que son fieles y no están haciendo nada malo”, confiesa Iván.

El móvil y las redes sociales reescriben los límites de lo que es admisible e inadmisible en las relaciones afectivas de los más jóvenes. ¿Dar un ‘like’ a un desconocido en una red social es una infidelidad? “Depende del contexto, pero podría ser motivo de pelea, y en algunos casos de ruptura”, reconocen ellas. “Si está saliendo conmigo, no debe estar coqueteando con otros en Instagram. Le estoy dedicando mi atención, me dolería saber que ella comparte su atención con otros cinco”, responden ellos.

Todos rechazan la idea de espiar las conversaciones privadas de la pareja a sus espaldas, pero reconocen distintas maneras de llevar esa pulsión. “Diría que las chicas son más celosas, pero los chicos son más obsesivos. Todos conocemos casos de amigos que se han puesto muy furiosos al saber que la novia le había puesto los cuernos”, confiesa Javier, y Sofía le responde: “Sí, puede que nosotras seamos más celosas, pero es porque sigue habiendo una diferencia de roles y el comportamiento de ellos nos hace ser desconfiadas”.

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