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Fin a una excepción histórica: los taxistas estarán obligados a abrocharse el cinturón a partir del 1 de octubre

El sector del taxi se divide entre quienes juzgan el cambio contraproducente en caso de tener que reaccionar frente a agresiones y robos y quienes priman la seguridad en caso de accidente

La mayoría de los ‘riders’ circula en Barcelona con vehículos modificados y sin casco ni chaleco reflectante

Fin a una excepción histórica: los taxistas estarán obligados a abrocharse el cinturón a partir del 1 de octubre

Marc Asensio Cuplés / vídeo: EFE

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Barcelona
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Taxistas, conductores de vehículos de mercancías y profesores de autoescuela estarán obligados, a partir del próximo 1 de octubre, a llevar el cinturón cuando circulen por ciudad, una medida que excepcionalmente para estos profesionales ha sido opcional durante décadas. Como es habitual cuando se producen cambios, esta modificación -recogida en el renovado Reglamento General de Circulación de la DGT, aprobado el pasado junio- ha sido recibida de forma dispar dentro del colectivo del taxi: muchos lo han aceptado con normalidad, mientras que otros se han mostrado críticos en razón de las particularidades de su oficio.

Una opinión común entre los taxistas de Barcelona es que la obligatoriedad del cinturón resulta engorrosa por lo mucho que estos profesionales entran y salen de sus vehículos cuando trabajan en el entorno urbano, a lo que suman la cantidad de horas que conducen en sus jornadas diarias. Para Álvaro, veterano conductor del sector, que espera su turno en una parada de taxis cercana a la plaza Catalunya, lo complicado será dejar atrás una costumbre de décadas. "Ya veremos las multas que nos caen", comenta resignado.

Las sanciones a las que los taxistas harán frente en caso de infracción serán iguales a las aplicadas durante años al resto de conductores: multa de 200 euros y pérdida de cuatro puntos del carnet. La crítica más destacada entre el colectivo de taxistas está relacionada con el peligro de ser víctimas de agresiones y robos por parte de pasajeros indeseables. Jorge, que aprovecha una parada en la calle Casp de la capital catalana para fumar, explica que, en caso de ser atacado por un pasajero, el cinturón "quita maniobrabilidad" y capacidad de reacción.

Sensación de riesgo

El presidente del Sindicato del Taxi de Catalunya, Antoni Servós, reconoce que la situación actual de los taxistas "era una anomalía normativa". No obstante, remarca que la excepcionalidad que recogía el reglamento hasta la fecha ya "estaba perfectamente". Servós considera que esa mayor sensación de riesgo ante posibles delitos en el interior del vehículo es la principal queja del sector ante el cambio de normativa.

La opinión suele variar en función de los horarios de trabajo de cada taxista. En los turnos de noche, indica el responsable sindical, está "el núcleo de compañeros en contra de esta medida", ya que durante esas horas las situaciones peligrosas se disparan y la dificultad para la movilidad que supone el cinturón no hace más que "aumentar la situación de vulnerabilidad del taxista" durante la madrugada.

La otra cara de la moneda son algunos taxistas que trabajan de día, como es el caso de Domingo, un curtido taxista que mientras espera clientes en Glòries explica que siempre lleva el cinturón. De hecho, añade, pensaba que "ya era obligatorio".

Jóvenes más propensos

Otra variable que divide a los taxistas en la aceptación de estos cambios es la edad: los jóvenes suelen ser más propensos a ponerse el cinturón que los veteranos. Servós, que conduce un taxi desde 1990, está acostumbrado a no llevar el cinturón de seguridad en ciudad, pero subraya que sus compañeros "son conductores profesionales" y saben que "el cinturón de seguridad es una ventaja a la hora de evitar posibles lesiones".

Juan, uno de tantos taxistas que pasa brevemente por la plaza Catalunya, cuenta que siempre lleva el cinturón porque le "ha salvado la vida en dos ocasiones". El riesgo de accidentes que tienen los taxistas es mayor, precisamente por estar todo el día al volante.

El Institut Metropolità del Taxi (IMET) considera que la seguridad es una "prioridad absoluta" dentro del vehículo, para conductores y pasajeros. En todo caso, comprende que haya diversidad de opiniones dentro del sector. Para facilitar la adaptación, el IMET aprovechará su canal interno de comunicación para que los más de 14.000 taxistas que operan en el área metropolitana de Barcelona eviten los descuidos ante el cambio de normativa y las consiguientes penalizaciones.