Investigación

¿Qué animales hacen de jardineros cuando una parte del bosque arde?

Especies más grandes y con mayor capacidad de vuelo, como el estornino o el zorzal, son las encargadas de dispersar las semillas de los árboles en zonas deforestadas, según revela un estudio internacional con participación del Instituto Mixto de Biodiversidad

Muestreo de semillas dispersadas por animales en una bandeja colectora situada en el bosque.

Muestreo de semillas dispersadas por animales en una bandeja colectora situada en el bosque. / Juan Pedro González-Varo

Mónica G. Salas

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El estornino, el zorzal o la corneja. Esas son algunas de las especies de aves que actúan como jardineros y permiten recuperar zonas arrasadas por los incendios. Así lo revela una investigación internacional, en la que participa el Instituto Mixto de Biodiversidad de Asturias, que buscaba saber quién dispersa las semillas de los árboles cuando desaparece el bosque. Uno de los resultados más llamativos es que los animales que realizan esta función son distintos a los que actúan en áreas no quemadas. Este cambio en las especies de frugívoros no se produce al azar, como aclaran los investigadores, sino que responde a ciertas características. Por ejemplo, "en las aves en tener las alas más puntiaguadas para hacer vuelos más largos".

Así, mientras que en el bosque los pájaros-jardineros son más pequeños, como el mirlo, la curruca capirotada o el petirrojo, en las zonas deforestadas intervienen aves más grandes, como el estornino pinto, la paloma torcaz, el zorzal real, común y charlo, y la corneja. Estas aves transportan las semillas de los árboles internamente y las defecan o regurgitan en condiciones adecuadas para la germinación. De este cometido también se encargan mamíferos como el zorro rojo y la garduña. En el caso de las zonas afectadas por los incendios, los pájaros, al ser más grandes, también dispersan semillas de mayor tamaño pertenecientes a especies de plantas más altas, como el espino albar. Mientras que en los bosques las semillas son más pequeñas, como las de sauco o cornejo, y las aves tienen las alas más redondeadas para moverse mejor entre la densa vegetación. 

El estudio, publicado en la revista en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences U.S.A, se basa en la recolección de semillas regurgitadas o defecadas por aves y mamíferos, en un ambicioso proyecto que compara el bosque y la matriz deforestada de siete paisajes de España, Reino Unido, Italia, Alemania y Polonia. En concreto, y según explica el catedrático de Ecología de la Universidad de Oviedo Daniel García, en Asturias se analizó "un paisaje de campiña con pequeños robledales y castañares rodeados por mar de prados y cultivos donde lo único que perdura son algunos árboles aislados y setos arbustivos naturales". 

Análisis de ADN

Para determinar qué especie animal dispersó cada semilla encontrada en el campo, los autores del estudio utilizaron una novedosa técnica: analizar el ADN de los restos de tejido digestivo que quedan en las semillas tras ser defecadas o regurgitadas. Estas semillas fueron recogidas periódicamente, a lo largo de todo un año, en bandejas colectoras situadas en numerosos puntos tanto en zonas de bosque como de matriz deforestada en todos los paisajes estudiados. "El ADN funciona como un código de barras que nos permite saber, con enorme precisión, la especie animal que transportó la semilla. La identidad de la especie de planta a la que corresponde esa semilla la determinamos usando una simple lupa, a través de características como su tamaño, color, forma y textura", explica Juan Carlos Illera, profesor titular de Ecología de la Universidad de Oviedo. 

Según los autores, los resultados de esta investigación son aplicables en la conservación y la restauración de la biodiversidad en los paisajes fragmentados, ya que la dispersión de las semillas marca el punto de inicio de la regeneración de un bosque. La vuelta, en definitiva, de la vida.