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Entrevista a Amitav Ghosh: "El negacionismo climático es una patología de los países ricos"

Amitav Ghosh

Amitav Ghosh / Gage Skidmore

Marta López

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El escritor indio Amitav Ghosh es una de las voces más comprometidas de la literatura mundial con el cambio climático. Su último libro 'La maldición de la nuez moscada. Parábolas para un planeta en crisis' gira en torno a como esa especie se convirtió en una maldición para la isla en la que crecía y así se ha perpetuado luego con todos los recursos. Para el autor, es en el uso histórico de los recursos y en la visión de la Tierra como depositaria de bienes para el uso y disfrute humano donde está el origen de la actual emergencia climática.

-Llevamos hablando del cambio climático relativamente hace muy poco, como si este fuera un problema contemporáneo. Pero usted sitúa su origen hace siglos, en el colonialismo europeo

-Ese es uno de los problemas que tenemos cuando pensamos sobre el cambio climático, como si fuera algo contemporáneo o reciente. No lo pensamos como algo que viene del pasado y que va a afectar al futuro. Pero cuando se mira la genealogía de los desastres que ocurren a nuestro alrededor, observamos que hay cuestiones muy específicas que nos vinculan con la historia. Creo que es por esto que es muy importante no ignorar las consecuencias que tiene la historia en el presente

-En su libro, sitúa el origen de la crisis climática en el comercio de la nuez moscada. ¿Por qué?

- La historia del libro empieza con la nuez moscada porque la utilicé como una metáfora por su propia historia, que es muy interesante, y que explica muy bien el extractivismo de los recursos y el impacto que esto puede tener. Sucedió en la isla de Banda. Ese árbol increíble era importante para sus habitantes, no solo a nivel económico, sino cultural. Pero ese árbol se convirtió en una maldición para ellos, porque condujo al exterminio de las poblaciones originarias. Podemos ver cómo esto se ha repetido una y otra vez en todo el planeta en relación con numerosos recursos. El algodón o el azúcar de caña en América y en el Caribe y que condujo a la esclavitud a millones de africanos y africanas. Lo hemos visto en Sudamérica también con la esclavización de los pueblos originarios indígenas. Lo mismo ocurrió en otros tantos lugares. Hoy en día lo estamos observando en el mundo, el cambio climático también es la consecuencia del extractivismo de los recursos a nivel global.

-¿Es entonces en la lucha por los recursos donde usted sitúa el origen de la crisis climática?

-Diría que en el uso de los recursos. El combustible fósil, por ejemplo. Una cosa es extraer el combustible fósil, pero luego está el uso, en qué lo utilizamos, ¿qué es lo que conseguimos? Tirar desechos, llenar los verdaderos de basura, tirarlo a la estratosfera, las emisiones. Es entonces en el uso del combustible fósil que dañamos la atmósfera, que dañamos el planeta.

-¿Y si todo viene de tan lejos, está el planeta a tiempo de la salvación?

-No soy un profeta, no tengo un oráculo, no veo el futuro. No puedo decir lo que va a pasar. Pero una de las cosas muy tristes de la crisis climática es que cuando uno ve progresos posibles, son fagocitados por otros eventos. Por ejemplo, ahora mismo la crisis climática está anulada por los conflictos de guerra. Y ahora mismo es de lo que se habla, de los conflictos armados. Por lo tanto, es muy complicado, a veces muchísimo, hablar de la crisis climática. Y de hecho no tenemos que olvidar que las guerras en sí mismo son una de las actividades más contaminantes del mundo. Hay un montón de aviones que están ahí bombardeando los territorios. Y esto sí que emite gases, un montón… Lo único que podría decir es que no parece un escenario prometedor el futuro.

-Y si el mundo tuviera salvación, ¿esta salvación donde estaría? Usted habla en su libro de una nueva forma de mirar la tierra.

- Creo que hay retos a nuestro alrededor y tenemos que activar ciertas formas para reducir  el consumo del combustible fósil. Esto no es algo que sea imposible, pero hay que poner esfuerzo. No sé si vamos a hacer este esfuerzo, pero se ha visto en otras ocasiones, en otros contextos, esfuerzos por parte de la población. Así que quizás podemos retomar ese camino de dejar de consumir cómo estamos consumiendo.

-Los países ricos sostienen que los países pobres y en vías de desarrollo son los más contaminantes. Y se señala a China y la India.

-Creo que en la cuestión de las emisiones de gases, el impacto climático que vemos hoy es el resultado de las emisiones que se han hecho hace 100 años. Cuando hablamos de este problema, no debemos olvidar la historia, porque la historia nos conduce al presente. No tenemos que olvidar las emisiones históricas. Hoy día, China y la India están produciendo grandes cantidades de emisiones, es cierto, pero sus emisiones históricas son muy pequeñas. E incluso si hablamos de las emisiones per cápita, son muy pequeña, ínfimas. Sus emisiones son fracciones de las emisiones de los europeos, de lo que emite Estados Unidos. Estos países tampoco consumen la cantidad de energía en un año que pueden consumir en EEUU o en Europa, por ejemplo. Por lo tanto, hay una disparidad gigante entre el consumo de la energía y la distribución de la energía y que Europa o los occidentales digan ahora que los indios o los chinos están emitiendo un montón de gases es un absurdo y un poquito hipócrita, porque cada individuo contaminamos  y lo que contamina una persona en la India es menor de lo que contamina un individuo aquí en Europa, por ejemplo.

-¿Cree usted que bajo el paraguas del cambio climático se niega la posibilidad de crecimiento a los países en desarrollo que sí tuvieron los países ricos?

-Realmente no se les puede negar el crecimiento a los países en vías de desarrollo o emergentes. Hasta 1945, cuando empezó el proceso de descolonización, este mismo proceso se basó en la negación de ciertas cuestiones como la industrialización, por ejemplo, en el sur global, pero no es posible ahora mismo parar la industrialización del sur global. Es imposible decirle a China o a la India que no se industrialicen, que no apuesten por su crecimiento, porque no te van a hacer caso. Básicamente se están autoindustrializando y están buscando formas para intentar disminuir la huella de carbono, intentando disminuir el impacto del consumo individual de sus poblaciones. Y es la única forma de hacerlo realmente con una conciencia medioambiental. Pero, ¿es que acaso hay algún líder o político occidental que tiene realmente el coraje, el valor de decir a su país, a sus ciudadanos, hay que frenar el consumo y empezar una nueva forma de vida?, No, no lo están diciendo.

-¿No nos tomamos lo suficientemente en serio la emergencia climática?

-Tal cual. Hablamos por ejemplo un país como Italia, que sufre acontecimientos climáticos cotidianamente, diferentes desastres y no es este problema de la crisis climática el que se discute o visibiliza en la prensa italiana ni mucho menos. Tampoco en el estado español se está hablando de esto y que se están viendo las consecuencias en la agricultura y la desertificación, por ejemplo, con la falta de lluvias. O sea, que las consecuencias las estamos viendo, pero no hay una acción por parte de los ciudadanos, de los políticos, para frenarlo.

-Y mientras crece el negacionismo climático...

-Están cerrando los ojos a la realidad que los rodea. Todos podemos ver lo que está sucediendo, ni siquiera necesitamos la ciencia para que te lo demuestre. Lo vemos.  En el sur global todo el mundo lo sabe, todo el mundo es consciente. No me he encontrado casi nunca con un negacionista climático, ni en el continente africano, ni el sur de América. El negacionismo es una patología de los países ricos. Está fundado y sostenido por las compañías energéticas. Están fomentando un modelo como fue el de la industria tabaquera en su momento. Ellos niegan todo y mucho del dinero que genera esta industria van directamente manos de la extrema derecha y por lo tanto a sus propuestas políticas.

-¿Cree que sirven de algo las COP, las conferencias anuales sobre cambio climático?

-Creo que hay propósitos, sí, pero si luego no se implementan los acuerdos, como dice Greta Thungerg todo es bla, bla. bla. Creo que estos encuentros como la COP también son oportunidades para activistas de todo el mundo de juntarse en las contra cumbres, sobre todo. Pero los activistas están excluidos del debate.