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Mensajes personalizados orientados a influir en nuestro voto inundarán nuestra mente.

Mensajes personalizados orientados a influir en nuestro voto inundarán nuestra mente. / Peace,love,happiness en Pixabay.

Michele Catanzaro

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Leer la mente ya no es ciencia ficción. El pasado mes de mayo, un dispositivo no invasivo que traduce pensamientos en frases se presentó por primera vez, en un artículo en la revista 'Nature Neuroscience' 

En el estudio, unos voluntarios piensan unas frases. Un dispositivo de resonancia magnética captura las señales emitidas por su cerebro. Un algoritmo entrenado con inteligencia artificial traduce esos patrones en frases, que se corresponden con las pensadas. El resultado ha disparado las alarmas. Un mes después de ese anuncio, la oficina británica de protección de la privacidad alertó en un informe sobre los riesgos de leer el pensamiento. 

Investigadores que llevan años advirtiendo del problema afirman que grandes cantidades de neurodatos ya están accesibles. Piden que la privacidad mental se reconozca como un derecho humano básico.

Los interrogantes sobre los datos neuronales empezaron en los años 90, cuando se generalizó la resonancia magnética funcional, una prueba que fotografía la activación del cerebro en correspondencia con ciertas tareas. “Entonces, se establecieron correlaciones entre patrones de activación y tendencias a desarrollar dependencia o preferencias políticas. Eso ya era relevante para la privacidad”, afirma Marcello Ienca, profesor de Ética de la inteligencia artificial y de la neurociencia en la Universidad Politécnica de Mónaco de Baviera. 

En 2013, Barack Obama lanzó la iniciativa Brain, un ambicioso plan de financiación de la neurotecnología que disparó el desarrollo de toda clase de dispositivos, desde los invasivos que se insertan con cirugía hasta los no invasivos como cascos, diademas, pulseras y gafas.

La inteligencia artificial

El salto cualitativo ha ocurrido con el acoplamiento de la neurotecnología con la inteligencia artificial. Esta permite entrenar algoritmos con los neurodatos y obtener predicciones mucho más precisas. “En los laboratorios, ya podemos descifrar la imagen que está viendo un ratón a base de leer la actividad de su corteza visual”, explica Rafael Yuste, neurobiólogo de la Universidad de Columbia (EEUU). 

En los últimos años se han conseguido resultados inéditos con humanos. “Se han usado escáneres cerebrales para descifrar el lenguaje que uno piensa, las frases que escucha, o las imágenes que tiene en la mente”, explica Yuste. Este experto augura que se aprenderá a descifrar las emociones e incluso el subconsciente.

La neurotecnología se puede usar para investigar cómo funciona el cerebro o diagnosticar mejor el alzhéimer, la esquizofrenia, el autismo, la depresión o las adicciones.  En el ámbito militar, se aplica a monitorear los soldados y a mejorar sus capacidades cognitivas.  Pero también existe una gran variedad de aplicaciones comerciales: dispositivos para automonitorearse, para mejorar la concentración o incluso para entretenerse con juegos electrónicos ('neurogames'). 

“Estas aplicaciones tienen un público potencial de centenares de millones de usuarios. Aunque cada dispositivo colectara unos pocos datos, con tanta información se podrían hacer predicciones muy ajustadas. Por ejemplo, las campañas políticas se podrían modular en base a las respuestas neuronales de la población”, explica Ienca. También se podría adivinar la inclinación política de un usuario y enviarle mensajes publicitarios orientados a explotarla.

“La acumulación de datos ya ha empezado”, advierte Yuste. En un estudio sobre 24 empresas de neruotecnología norteamericanas, el científico halló que tenían el permiso de hacer lo que querían con los neurodatos acumulados. “Ahora el desciframientos es aún primitivo, pero ya se ha abierto una brecha en la privacidad mental, que debería ser un santuario”, afirma. 

Se ha roto la barrera

“El cerebro no es un órgano más del cuerpo: genera la mente. La neurotecnología es la primera herramienta que accede directamente a la esencia de tu ser: tus pensamientos, tus emociones, tus memorias”, afirma Yuste. “Se ha roto la barrera de la privacidad mental. Esto es un reto inmediato y urgente”, añade.

“El pensamiento se ha quedado como el último refugio ante la erosión progresiva de la privacidad. Si lo perdemos, ya no queda nada”, afirma Ienca, quien fue de los primeros impulsores del concepto de neuroderechos.

Ante ese reto, los expertos han identificado diversas estrategias. Desde el punto de vista tecnológico, es esencial que los datos cerebrales sean cifrados y que no salgan del dispositivo que los detecta para ir a alimentar grandes bases de datos.  Desde el punto de vista legal, algunos países como Chile están optando para considerar todos los datos cerebrales como datos médicos, aunque salgan de dispositivos comerciales.

No obstante, la opción preferida por Yuste, Ienca, y otros expertos es blindar la privacidad mental como un derecho humano fundamental, reconocido por Naciones Unidas.  “Si logramos eso, Silicon Valley no se podrá saltar un derecho básico, y tampoco China, sin consecuencias muy graves”, afirma Yuste. 

Ienca es optimista. “Las redes sociales se desarrollaron en ausencia de un debate ético y jurídico. Al contrario, co organizaciones como las Naciones Unidas, el Concejo de Europa, la OCDE y algunos estados ya han hecho recomendaciones y leyes sobre los neurodatos”, afirma. “Estamos a tiempo de proteger la actividad cerebral”, concluye Yuste.