Menores y redes

Mi hijo habla como un tipo de Vox: así prende la extrema derecha en los móviles de los adolescentes

TikTok alimenta el discurso de extrema derecha entre los jóvenes

El 81% de los jóvenes tiene miedo a estar sin móvil

Móviles y adolescentes

Móviles y adolescentes

Patricia Martín

Patricia Martín

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Mensajes que defienden Dani Alves porque todo el mundo sabe que hay chicas que ‘calientan’ a los futbolistas y luego mienten para “sacar dinero”. Cientos de interacciones sobre personas, sobre todo mayores, que bajan a comprar y les ocupan la casa. Discursos justificando el racismo, el clasimo o negando el cambio climático. Y así, suma y sigue.

Los móviles de los adolescentes reciben a diario cientos de impactos con mensajes de extrema derecha, debido a que un ejército de ‘fachatubers’ -como se conoce a 'youtubers' y 'streamers' de discurso reaccionario-, así como grupos o personas a título individual, usan las redes para difundir soflamas ultras pero que ahora se presentan como lo verdaderamente antisistema o rebelde. De ahí su poder de persuasión sobre los más jóvenes.

“La cháchara reaccionaria se propaga de forma infecciosa por las redes y les llega directa, sin filtros, a sus teléfonos móviles. No podemos dejarles solos con lo que esto implica”, reflexiona Àlex, padre de un niño catalán de 15 años que, según confiesa, a menudo a “alucina” con lo que le oye decir a su hijo, que defiende cosas que podrían oírse en un mitin de Vox. Mantienen conversaciones constantemente, pero Àlex no está muy seguro de si sirven para hacerlo reflexionar o, al contrario, lo atrincheran aún más en sus opiniones.

El germen

El estallido de los discursos de odio en las redes, fundamentalmente antifeministas y contra las minorías, tuvo lugar durante la pandemia, dado que el confinamiento provocó que la población usara internet “de forma intensiva para informarse y relacionarse porque era como una ventana de conexión con el mundo exterior”. A la vez, “las emociones que se experimentaron -de miedo, tensión y preocupación por la situación sanitaria- incrementaron la crispación”, analiza Silvia Martínez, directora del máster ‘Social Media’ de la UOC.

El estallido de los discursos de odio en las redes, fundamentalmente antiprogresistas, antifeministas y contra las minorías, tuvo lugar durante la pandemia

Si la pandemia fue el momento de explosión, en las últimas semanas, con las pasadas elecciones autonómicas y municipales y las generales a tiro de piedra, las consignas han ganado “en polarización y se han hecho cada vez más llamativas”. La saturación de mensajes políticos hace que “uno necesite ser cada vez más transgresor para generar la misma atención”, incide la profesora.

La relación con Vox

Y Vox saca provecho, como demuestra su crecimiento electoral el pasado mes de mayo, en buena parte gracias al voto joven. Sin embargo, no se puede atribuir al partido ultra la creación y difusión de los cientos de mensajes, cuentas y vídeos que propagan un discurso reaccionario. Más bien, apuntan los expertos, la ultraderecha española, al igual que sus partidos afines en otros países, se aprovecha y refuerza al ejército de agitadores sociales.

Según el recuento de Iago Moreno, sociólogo de la Universidad de Cambridge, hay más de 20 ‘fachatubers’ y algunos sobrepasan los 100.000 seguidores, por lo que muchos de ellos tienen más influencia que algunos políticos con escaño. En este ámbito destacan las cuentas de Un tío blanco hetero o Libertad o lo que surja, con marcados mensajes "antifeministas, antisanchistas o antipodemistas".

Hay más de 20 ‘fachatubers’ y algunos sobrepasan los 100.000 seguidores

La envoltura disruptiva

Pero, ¿cómo mensajes tan conservadores, cuando no directamente reaccionarios, logran calar ahora en personas tan jóvenes? La respuesta no es sencilla. Influyen varios factores. Por un lado, “se ha cambiado la envoltura que tradicionalmente presenta el conservadurimo por tonos de contracultura, insumisión y rebeldía contra un pensamiento que consideran dominante, ilegítimo y déspota”, reflexiona Iago Lago.

Además, se utilizan todas las plataformas, desde Youtube o Tiktok, pasando por los memes y terminando por los videojuegos, por lo que se forja “un sentimiento de comunidad, que funciona como pegamento para gente que vive y piensa lo mismo”, añade el experto, quien sostiene que los discursos de extrema derecha no convencen a todos los adolescentes, sino fundamentalmente a aquellos que se sienten -poco o mucho- perjudicados por los discursos de igualdad o que ya tienen tendencias conservadoras, a los que apelan a base de un “sentimiento de agravio”.

“Aprovechan la vulnerabilidad cognitiva de jóvenes que no lo están pasando bien y a través de mensajes simples e irracionales les dicen ‘yo te lo arreglo’”, añade la profesora de Ciencias de la Información de la UOC Dolors Reig. Su compañera Silvia Martínez algunos ingredientes de su fórmula: “Utilizan mucho la sátira, la burla, los bulos, se centran en lo emocional frente a lo racional y hablan el idioma de una juventud que ya no acostumbra a ver los debates políticos en televisión y prefiere informarse por las redes”.

“Aprovechan la vulnerabilidad cognitiva de jóvenes que no lo están pasando bien"

— Dolors Reig, profesora de Ciencias de la Información de la UOC

Los peligros

El riesgo de la situación actual es que internet posibilita llegar a muchísima gente, que los mensajes se hagan virales y permanezcan en el tiempo. Además, subrayan los especialistas, los discursos de odio y antifeministas no solo legitiman y normalizan la violencia hacia las mujeres, los inmigrantes, los pobres, el colectivo LGTBI, o los okupas, sino que también pueden provocar más violencia o retrocesos sociales. “Tras cada ola feminista siempre ha habido una reacción del patriarcado, pero ahora el peligro es mayor que en anteriores olas, existe una gran contestación social que veremos si llega a lo formal y supone que se reviertan avances”, advierte Pau Crespo, sociólogo y director del Máster en Intervención Interdisciplinar en Violencia de Género de la Universidad Internacional de Valencia.

Además, “el peligro no son en sí los creadores del contenido, sino que estos son síntoma de un descontento social”, alerta Moreno.

Las posibles soluciones

Ante el preocupante fenómeno social, los especialistas apuntan a una amalgama de soluciones. En primer lugar, “la respuesta se tiene que dar en términos políticos y acabar con la polarización”, subraya el sociólogo de la Universidad de Cambridge. A su vez, la profesora Martínez reclama que las instituciones hagan campañas para promover la tolerancia y el respeto al diferente pero “en los canales y el lenguaje que entienden los jóvenes”.

Pau Crespo aboga porque se incorpore, de una vez por todas, la educación sexual de forma reglada y vertebral en el sistema educativo, para que profesores y también las familias doten a los jóvenes de herramientas que les sirvan para “deconstruir” los mensajes reaccionarios. Por su parte, Roig considera que las redes son “como las nuevas plazas del pueblo” y la “clave no está en callarse, sino en replicar los mensajes” que difundan bulos o los discursos de odio. “También deberían hacerlo partidos e instituciones”, sostiene.