Investigación en marcha

El actor Jorge Ferrandis compró el terreno de Pontons cuando su novia ya estaba muerta

  • Adquirió una parcela infestada de arbustos y rodeada de bosque, que puso a su nombre y al de la víctima, y en septiembre de 2021 se puso a cavar fingiendo que pretendía hacer una letrina

Jorge Ferrandis plantó lavanda y rodeó con una valla la tumba.

Jorge Ferrandis plantó lavanda y rodeó con una valla la tumba.

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

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Jorge Ferrandis, un vecino de 43 años de Barcelona con pasado de actor de teatro formado en la desaparecida escuela La Casona, se presentó en el municipio de Pontons (Alt Penedès) a principios de verano de 2021. Había comprado a través de un notario un terreno no urbanizable por unos 3.000 euros en una zona despoblada de la urbanización de La Ponderosa. Una mancha verde infestada de arbustos y hostigada por el bosque hasta la que no podría llevar agua potable ni electricidad. ¿Para qué la quería?

Fue lo primero que le preguntaron los únicos vecinos del lugar, un matrimonio cuya residencia es anterior a la normativa que prohíbe construir allí. Ferrandis respondió a la pareja que buscaba solo un lugar para desplegar una hamaca y reposar lejos del ruido de la ciudad. Tras aquel primer contacto, la relación entre el forastero y sus nuevos vecinos se tornó frecuente, dado que su parcela estaba junto a la casa de ellos. A pesar de que Ferrandis hablaba a menudo de una exmujer con la que seguía manteniendo una relación, siempre venía solo. Un día de septiembre de 2021, el hombre vio a Ferrandis abriendo un agujero en su terreno. Extrañado, preguntó por qué cavaba. Ferrandis dijo que quería hacer una letrina

Podía orinar en cualquier rincón de una parcela que se confundía con el bosque, pero insistió en que quería hacer un pozo negro porque en el futuro quizá vendría con una caravana. El vecino dejó de hacer preguntas y le ofreció guardar las herramientas en casa porque si las dejaba a la intemperie acabarían robándoselas. Ferrandis aceptó. Una tarde, el vecino se asomó a ver el hoyo y tuvo una sensación malsana al mirarlo de cerca. Al volver a casa, le dijo a su mujer que aquello más que una letrina parecía "una tumba": un siniestro rectángulo cavado a pico y pala, un metro de ancho por dos metros de longitud y de casi dos metros de profundidad. 

La tumba

Las visitas de Ferrandis a Pontons, siempre al volante de un coche de alquiler distinto porque no tenía vehículo propio, se hicieron frecuentes en octubre, tanto que la pareja le avisó en una ocasión de que al día siguiente se marcharían a Barcelona y de que si pensaba acudir debía quedarse con las herramientas. Ferrandis se quedó con las herramientas y regresó al día siguiente. Cuando volvieron de la ciudad, el actor había tapado el agujero. Dijo que había cambiado de opinión, que ya no iba a hacer ninguna letrina. La pareja pensó por primera vez que quizá había enterrado alguna cosa en el hoyo. 

Sus movimientos en los días posteriores sembraron más inquietud. Señaló con piedras el perímetro donde había estado el hoyo, plantó lavanda encima y lo rodeó con una valla de jardín de madera. Después, Ferrandis no regresó más al terreno. 

Hoy cavado por Jorge Ferrandis en la parcela de Pontons.

/ El Periódico

Cuando se cumplía un año de la última visita del actor, la pareja, dueña de una sospecha que no había logrado desterrarm informó al Ayuntamiento. Jorge Díaz, teniente de alcaldía, siguió a la pareja hasta el terreno de Ferrandis. "Aquello no era normal, parecía una tumba, orientada hacia el ocaso", explica. Los indicios de que podía haber escondido algo –o a alguien– bajo tierra se multiplicaron ante los ojos de Díaz, que sospechaba de que la lavanda podía haber sido plantada para distraer a los jabalíes y la valla, puesta para impedir que escarbaran otros animales. No tenía sentido que sin disponer de coche particular se hubiera interesado por un terreno que está a una hora de Barcelona y sin posibilidad de llegar en transporte público. Ni cuadraba lo de la letrina ni la caravana, porque no había un camino trazado hasta el terreno que permitiera mover hasta ahí un vehículo pesado. El Ayuntamiento de Pontons contactó con los Mossos. 

Pero la policía catalana, atareada en otras cuestiones, no atendió la petición y no acudió a Pontons. Díaz llamó a las pocas semanas a un cabo del Seprona, la unidad de medio ambiente de la Guardia Civil, le contó la situación y le dejó caer que tal vez Ferrandis había enterrado un animal en ese lugar, algo que también está prohibido. El cabo se desplazó a Pontons y, junto al cercado de lavanda, escuchando con atención las explicaciones de Díaz, se temió lo peor. El agente informó a la Comandancia de Barcelona y esta activó a los investigadores de la unidad de delitos contra las personas. 

Sin rastro de Ruth

La Guardia Civil revisó los papeles de la propiedad de aquel terreno y vio que había sido adquirida por Ferrandis pero que estaba también a nombre de una mujer, Ruth, que tenía 42 años y era vecina de Barcelona. Los investigaron a ambos y se dieron cuenta de que no había señales comprobables de vida de la mujer desde 2021. Ni había usado su tarjeta de crédito, ni había acudido al médico, ni la había visto nadie en ese tiempo. Nada. Sin embargo, no había ninguna denuncia por desaparición de Ruth. 

La policía contactó con la familia de la mujer, que aclaró que no mantenía ninguna relación con ella porque la relación afectiva estaba rota. La Guardia Civil intuyó que Ruth podía haber sido asesinada y, poniendo la vista de nuevo en Pontons, también que Ferrandis podía haberla enterrado en la parcela de La Ponderosa, que habría comprado con ese propósito. A principios de 2023, un juzgado de Vilafranca del Penedès concedió una orden judicial para escavar

El detenido por el crimen de Pontons, a la salida del registro de su domicilio.

/ JORDI OTIX

El desentierro

A primera hora de la mañana del 3 de enero, un secretario judicial, un médico forense del Institut de Medicina Legal i Ciències Forenses de Catalunya (IMLCFC), el teniente de alcaldía Díaz y los investigadores de la Guardia Civil observaban atentamente cada cucharada de tierra que removía una retroexcavadora contratada por el Ayuntamiento. Al llegar a la profundidad de 165 centímetros bajo la lavanda, un fuerte hedor a cadáver escapó entre la tierra y llenó las fosas nasales de los presentes. Después, apareció la primera de las dieciséis bolsas de plástico que terminaron desenterrando esa mañana. Al abrirla encontraron un cráneo humano. 

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El investigador a cargo del caso llamó a los agentes que, sin que este se diera cuenta, seguían de cerca los movimientos de Ferrandis en Barcelona. "Ya podéis detenerlo", ordenó. 

La confesión

Ferrandis declaró en sede judicial que no mató a Ruth, que solo la ayudó a morir. También dijo que había guardado durante un año su cuerpo descuartizado en esas bolsas de plástico, antes de enterrarlas en aquel terreno de Pontons, en octubre de 2021. La Guardia Civil registró dos domicilios en los que vivía alternativamente el actor retirado: unos bajos de Travessera de Gràcia y unos bajos de la calle Castillejos. En el primero hallaron ropa de Ruth y un pico y una pala con el que había cavado su tumba. En el segundo, donde dijo que había cometido el crimen y guardado según su declaración las bolsas de plástico, estaba todo limpio. La investigación, a la espera de que las pruebas genéticas confirmen que el cadáver pertenece a Ruth, se centra ahora en reconstruir qué ha hecho Ferrandis durante los últimos años.

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