Día mundial de la adopción

Adoptar niños con necesidades especiales: "Nunca quisimos ser una familia perfecta"

Mientras las adopciones nacionales e internacionales 'convencionales' registran listas de esperas eternas, decenas de menores con discapacidad, mayores de siete años o con problemas de comportamiento esperan quien les acoja

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A1-159559597.jpg / ZOWY VOETEN

Elisenda Colell

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"Es una niña muy alegre, divertida. Le encanta jugar... nos da mucho amor y nos quiere con locura. ¡Nos hace tremendamente felices!". Así de orgulloso describe Ignasi Flores a su hija Naiara. Una niña de ocho años que él y su pareja adoptaron en 2015. La niña nació en una familia catalana que no podía hacerse cargo de ella. Tiene diagnosticado un Síndrome de Alcoholismo Fetal. Como Naiara, hay decenas de niños catalanes con necesidades especiales que esperan una adopción a pesar de que hay eternas listas de esperapara los menores sin ninguna dificultad. Naiara tuvo la suerte de encontrar a Ignasi y Anna, que hoy son sus padres. Otros llevan años esperando o han tenido que renunciar a una familia. "No podemos dar respuesta a todos los niños que necesitan una familia", explica Emilio Mercader, profesional de la adopción en Catalunya de niños con necesidades especiales.

Parece el mundo el revés. Según el Institut Català de l'Acolliment i de l'Adopció (ICAA), en Catalunya hay más de 600 familias esperando para adoptar un niño. Su espera puede durar años. Las solicitudes de la adopción nacional han crecido un 126% en los últimos seis años, con más de 400 solicitudes registradas en 2021 y tan solo 63 niños adoptados.

En el caso de las internacionales también hay colapso. Cada vez hay menos niños para adoptar: las cifras han caído un 260%. El motivo es que los países en desarrollo han invertido en sistemas para proteger a sus menores desamparados y hay más control en el proceso.

Esta situación ha disparado las solicitudes de adopciones de niños catalanes: ahora mismo se están valorando los casos registrados de hace cuatro años. Pero mientras aquí hay una larga lista de espera, hay otros niños que esperan una familia. Son niños a quienes no todo el mundo está dispuesto a adoptar, ya que la inmensa mayoría de solicitantes prefieren menores de tres años sin ninguna patología o dificultad.

Ignasi Flores juega con su hija Naiara, en su habitación el pasado martes.

Ignasi Flores juega con su hija Naiara, en su habitación el pasado martes. / ZOWY VOETEN

Mayores de siete años, descartados

Es la realidad de los niños con necesidades especiales. "Son menores con movilidad reducida, discapacidad física, sensorial o intelectual grave. Pero también mayores de siete años o que tienen dos o más hermanos. Y en los más pequeños nos ocurre que todavía no tienen diagnóstico, por lo que necesitamos padres preparados, especiales, por si aparecen dificultades", cuenta Emilio Mercader. Este educador social lleva 20 años trabajando en la unidad que coordina las adopciones en Catalunya con estas casuísticas, gestionada por la entidad IRES. "Cada año hacemos una decena de adopciones, pero tenemos más de 15 niños a la espera de ser adoptados. ¡Nos faltan familias!", cuenta.

La situación es especialmente compleja con los niños mayores. "Dentro de este grupo nos quedan muchas demandas. Y en muchos casos, pasados los dos años, tenemos que quitarles la posibilidad, el derecho, de tener una familia... porque no hay familias dispuestas", sigue Mercader. De hecho la entidad ha impulsado una campaña para buscar familias.

La situación biológica de estos menores suele ser compleja. La mayoría son niños que provienen de familias donde se vivía violencia, maltrato o desatención por parte de los padres. También hay un porcentaje de padres que renunciaron a ellos al nacer. "Son niños que viven en centros de menores, en familias de urgencia, o incluso que están esperando en el hospital para ir a su familia adoptiva", explica el educador.

En el caso de Flores, conocieron a Naiara cuando tenía un año. "Nosotros queríamos formar una familia, pero no podíamos", explica el padre. Después de probar tres fecundaciones in vitro e informarse sobre las adopciones, en 2014 empezaron los trámites para empezar una adopción de un niño con necesidades especiales.

Ajustar las expectativas

Tras pasar los estudios de idoneidad y varias formaciones, conocieron a la pequeña en 2015. "Tenía muchas dudas de si podía tener el sentimiento de paternidad... pero cuando la vi por primera vez fui padre de forma automática", recuerda Flores, que describe todos los meses previos a conocer a la pequeña como un regalo. "Nosotros teníamos muchos miedos sobre si seríamos capaces, pero nos hicieron un acompañamiento emocional muy bien hecho, tomamos consciencia de las limitaciones y las cosas que debíamos cambiar", sigue el padre.

¿Por qué decidieron esta opción? "Al final, nosotros no queríamos ser una familia ideal. Queremos ofrecerle a Naiara lo que necesita. Muchos padres se hacen muchas expectativas con su hijo, lo que quieren y desean para ellos... pero eso hay que elaborarlo al ritmo de su crecimiento y su realidad", subraya.

El padre y su hija adoptova, jugando en el comedor de su casa el pasado martes.

El padre y su hija adoptova, jugando en el comedor de su casa el pasado martes. / ZOWY VOETEN

Las expectativas, la imaginación de un futuro, la proyección de las frustraciones, son lo que convierten una familia en apta o no apta para adoptar a los niños más especiales. "No se trata de ser catedráticos o expertos en nada. Solo hay que tener las expectativas bien ajustadas. Ser pacientes, perseverantes... No se puede plantear la paternidad desde el deseo de imaginarse a su hijo haciendo una cosa o la otra. Los que abandonan, en el fondo, es porque quieren que sus hijos sean normales, entre comillas. Pero nuestras familias, estas familias especiales, son mucho más felices que la media catalana", insiste Mercader. "La clave, en el fondo, es cambiar la mirada. Los niños sí tienen derecho a una familia que se adapte a ellos. No al revés", añade.

La adopción de estas características no es un camino de rosas. El síndrome del alcoholismo fetal hace que Naiara tenga pensamientos muy rígidos, comportamientos instintivos y dificultades de relación. "No entiende el mundo, es muy sensible al ruido... tiene reacciones que a mucha gente le dejan fuera de lugar", sigue Flores. Sin embargo explica que no lo cambiaría por nada del mundo. "Aprendes a relativizar las cosas y a querer al otro tal como es. Quiero a Naiara, y ella nos ha enseñado a querernos a nosotros y crecer personalmente".