Gratuita desde hace un año

Los colapsos de la AP-7 devuelven la clientela a los restaurantes de la vieja N-2

Establecimientos en la zona de Girona, entre Medinyà y Pont de Molins, lamentan la pérdida de visitantes desde que se liberalizaron los peajes. Otros aseguran que su facturación sigue igual

RESTAURANTES N II

RESTAURANTES N II / ANIOL RESCLOSA

Laura Fanals

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El 1 de septiembre de 2021, la AP-7 dejaba de ser de peaje en las comarcas gerundenses. Su gratuidad puso en alerta a los restaurantes situados a pie de la N-II, algunos de los cuales ya se habían visto perjudicados cuando se abrió el "cinturón" de gratuidad entre Vilademuls y Fornells de la Selva. Muchos de ellos expresaban en ese momento su preocupación, al temer que la Nacional quedase desierta y, por tanto, ellos se quedarían sin clientes.

Un año más tarde, 'Diari de Girona', medio que pertenece a Prensa Ibérica, el mismo grupo editorial que EL PERIÓDICO, ha hecho el recorrido desde Medinyà hasta Pont de Molins para preguntar a los restauradores cuáles han sido los efectos reales de esta gratuidad. Las consecuencias han sido diferentes en función del negocio (algunos lo han notado más; otros, menos), y además se le han sumado los efectos de la crisis y de la guerra de Ucrania. Sin embargo, se muestran esperanzados porque el colapso de la AP-7, donde las colas, accidentes y tráfico de camiones son habituales, está devolviendo coches a la N-II. Eso sí, hay restaurantes que han dejado de cenar, ya que no les sale a cuenta.

"Al principio sí que nos afectó, porque dejó de pasar todo el mundo, pero ahora parece que vuelven a venir un poco", señala Consol Verdaguer, cocinera del Snack Medinyà, que añade: "La gente vuelve porque ya está un poco saturada de la autopista, y prefiere la Nacional porque es más rápida". A la apertura de la AP-7, además, se le ha sumado también la pandemia y la crisis, por lo que Verdaguer explica que, en su conjunto, "sí ha bajado bastante el trabajo". Además, los turistas que se paran a comer miran más que nunca el bolsillo. "La gente no gasta mucho: vienen tres y comen dos menús", explica Verdaguer. Todo ello ha hecho que el restaurante haya tenido que adaptarse a las nuevas circunstancias: tienen la mitad del personal que antes de la pandemia, porque, si no, "no salen los números", y han reducido el horario, por lo que ahora cierran a las nueve de la noche. Verdaguer confía en que, poco a poco, en los próximos meses "todo se vuelva a poner en marcha un poco más".

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Consol Verdaguer, haciendo arroz en el Snack Medinyà. / ANIOL RESCLOSA

Salvadora Luque cogió, junto a su marido, el restaurante La Parra de Pont de Molins el verano del año pasado, justo antes de que la autopista pasara a ser gratuita. Por tanto, aunque tienen poco margen para la comparación, en su caso no han encontrado demasiada diferencia: "Por aquí pasan muchos coches, y nosotros vamos bien. El año pasado teníamos trabajo, pero este año también vamos a tope", señala Luque, que subraya que siguen llenando el comedor "como si nada hubiera pasado". Luque cree que, al principio, la autopista gratuita "era la novedad y por eso todo el mundo quería ir", pero ahora la situación se ha calmado. "El que tiene un poco rápido sí que coge la autopista, pero quien quiere ir tranquilo sale un poco más temprano y coge la Nacional", señala. Sin embargo, en su caso hay que tener en cuenta que trabajan con mucho cliente local (incluso va a desayunar expresamente gente de Girona y Barcelona), que, sumados a los turistas franceses, les ha permitido mantener una buena clientela. "Las dos últimas semanas de julio fueron algo flojas, pero este agosto hemos empezado con buen precio y lleno", explica Luque, satisfecha.

"Siguen pasando por la N-II"

Muy cerca, Cristina Hernández, del restaurante El Racó d'en Miquel, también en Pont de Molins, también afirma que han notado pocos cambios a lo largo de este último año. "Yo creo que la gente sigue pasando por la N-II, porque siempre hay coches. Quizás alguien que vaya más lejos coge la autopista, pero en la N-II no hemos notado ninguna diferencia", explica. En los 21 años que llevan abierto el restaurante, explica que ya se han hecho una clientela fiel, tanto de Francia como del Alt Empordà, por lo que no han sufrido un bache importante. También han intentado capear la crisis como han podido: "Hemos tenido que subir un poco los precios, pero hemos procurado mantenerlos tan iguales como hemos podido", explica.

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Cristina Hernández prepara una mesa en el Racó d'en Miquel, en Pont de Molins. / ANIOL RESCLOSA

También han logrado salvar la situación en el restaurante Bufet Lliure de Santa Llogaia de Álguema. "Nosotros no hemos notado ningún descenso, sigue todo igual que el pasado año. Los clientes que tenemos son gente de paso pero también de toda la vida, y también vienen turistas franceses", explica Susana Domínguez. De hecho, dice que durante el último año incluso han recibido más clientes extranjeros, ya que junto a ellos tienen una gasolinera y hay mucha gente que para.

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Susana Domínguez, en el restaurante Bufet Lliure de Santa Llogaia de Álguema. / ANIOL RESCLOSA

Ucrania y la crisis

Pero en La Taverna del Cargol (Pont de Molins), Wakkas Mohammed se muestra mucho menos optimista. "Esta temporada le estamos notando un poco más floja, aunque no sé si es por culpa de la autopista, porque yo paso y no se ve tan llena", señala. Desde su punto de vista, el descenso de clientes que han experimentado se debe más a la crisis económica ya un descenso del turismo. "Hay días puntuales que tenemos trabajo, pero no es ni mucho menos lo mismo que años atrás. Pero yo creo que es por la crisis, porque hay muchos franceses que dicen que las cosas les salen más baratas en su país que en España, y por tanto ya no vienen", señala Mohammed, quien añade: "El turismo de Barcelona no sé dónde ha ido, porque aquí no lo vemos por ningún lado, y la gente que va a la playa no para aquí, sino que se tiene que venir expresamente", explica. En este sentido, considera que el hecho de poder ir a Barcelona de forma gratuita por la autopista puede influir, pero cree que "no tanto".

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Mohammed Wakkas prepara unos caracoles en La Taverna del Cargol, de Pont de Molins.  / ANIOL RESCLOSA

Eso sí, al igual que ocurre en el Snack Medinyà, en La Taverna del Cargol también se encuentran con que los clientes se miran con lupa lo que gastan: "Cogen lo más barato. Hay muy poca gente que pida primer plato, segundo, postre... Ahora hay muchos clientes que hacen plato único y ya está", señala. También han dejado de hacer cenas, ya que: "Estábamos pagando la luz y la electricidad por nada". Sin embargo, Mohammed explica que han mantenido los precios de hace cuatro años e intenta mirar el otoño con optimismo: "Esperamos que vuelva la tranquilidad", pide.

Volviendo a Medinyà, Maria Dolors Pérez, del Hotel Restaurant Medinyà, también se muestra preocupada por el descenso de clientes, especialmente entre semana. "Hemos perdido a turistas y transeúntes, porque gente que antes pasaba por aquí ahora va por la autopista", lamenta. Los fines de semana, cuenta, tiene clientes de las cercanías que se detienen a comer: "El cliente local me salva un poco el sábado y el domingo", agradece. En cambio, entre semana, la cosa es muy distinta: "Antes, un día laborable a media mañana estaba lleno, y ahora está medio vacío", lamenta. Por tanto, admite que la apertura de la autopista ha tenido para ellos un impacto negativo.

Habrá que ver, pues, cómo evoluciona el tráfico en la AP-7 y si las medidas correctoras propuestas, como la reducción de la velocidad en algunos tramos, causan algún efecto.