La educación en Catalunya

Familias "hartas" exigirán a Educació el despliegue real de la escuela inclusiva

  • "No queremos más explicaciones. Queremos partida presupuestaria", reclama Ana Ibáñez, madre de una niña con diabetes

Emma jugando en el parque de L’Oreneta, en una imagen de archivo.

Emma jugando en el parque de L’Oreneta, en una imagen de archivo. / ELISENDA PONS

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Montse Baraza
Montse Baraza

Periodista

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Que cada niño o niña con una necesidad específica cuente con el recurso y apoyo a lo largo de toda la etapa educativa obligatoria. Es la idea que contempla el decreto de escuela inclusiva, aprobado en 2017, y que comparten tanto el Departament d'Educació como las familias. Pero ese objetivo aún no es una realidad y las familias con hijos con necesidades especiales deben batallar cada año para que al inicio del nuevo curso sus hijos cuenten con el apoyo que necesitan, ya sea una veladora, una enfermera o un logopeda.

Es el caso de Ana Ibáñez, que lleva tiempo luchando por asegurar que su hija Martina, que sufre diabetes, tenga la atención que requiere. Este curso tiene asignada una veladora durante 5 horas al día, una cifra, dice, "proporcional a nuestra insistencia". Traducido: quien más insiste y más reclama, más recibe. No debería ser así, y más cuando hay un decreto que garantiza la plena atención al alumnado. "A veces me han dicho: 'para dar horas a tu hija, se las tenemos que quitar a otro niño'. No se trata de eso. Se trata de que todos los niños tengan lo que necesitan", abunda Ibáñez que, como en su colegio no hay enfermera, acude a diario al colegio a poner las inyecciones de insulina a su hija.

"Todas las familias hemos pasado por lo mismo. Hablamos con Educació, donde todo es comprensión y buenas palabras, pero luego, la realidad del día a día es que hay que luchar por los recursos. Es una lucha constante", cuenta Ibáñez. En el caso de su hija, por ejemplo, dos meses antes de que haya una excursión, Ana se tiene que movilizar para asegurar que la niña tendrá un apoyo y que podrá ir de excursión como el resto de sus compañeros. Explica que "el desgaste emocional es devastador", pero que la mueve el coraje de lograr que su hija tenga todos los recursos. "Eso me da la fuerza para continuar".

"Estamos muy solas"

Las familias están "hartas" de mendigar y exigen a Educació que despliegue ya el decreto y destine los recursos económicos para garantizar que las escuelas catalanas son realmente inclusivas. "Estamos muy solas. Y al final son otras familias las que te informan y te orientan", lamenta. Por eso se han sumado a la convocatoria de huelga de los sindicatos contra las políticas de Educación de este miércoles 30 de marzo. Ha sido una iniciativa impulsada desde las redes por Noemí Font y Ana Ibáñez pero que tiene el respaldo de la plataforma Escola Inclusiva.

Será esta una jornada con un doble foco. Por un lado, una manifestación se dirigirá a la plaza de Sant Jaume, para reclamar la reversión de los recortes en educación. Y otra se plantará ante la sede de la 'conselleria', en la Via Augusta de Barcelona, para exigir una auténtica escuela inclusiva. "Las familias somos parte de la comunidad educativa. Y también queremos hacer oír nuestra voz". "No queremos más explicaciones. Queremos partida presupuestaria", exige Ibáñez.

Las organizadoras de esta movilización subrayan que su demanda es tanto para los niños que van a escuela ordinaria como para los que van a escuelas especiales. "Todos deben tener la atención que necesitan", subraya Ibáñez. "¡Ningún niño sin recursos!" será su eslógan.

Las veces que has llorado

Así que llevarán sus exigencias a las puertas de la 'conselleria' donde han previsto que haya un 'speaker's corner' en el que quien quiera podrá explicar "cuándo te ha hecho llorar Educació". Estos días, en Twitter, ya han empezado a dar sus testimonios. Empezó la propia Ibáñez: "Yo lloré cuando Jesús Viñas --actualmente presidente del Consell Escolar de Catalunya y entonces director de los Servicios Territoriales del Vallès Occidental-- me dijo que el centro ya tenía los recursos para atender a Martina, que tenía entonces 2 años. Su profesora podía atender a los 27 compañeros de Martina y gestionar los niveles de azúcar de la niña", recuerda con ironía.

"Yo lloré el día que desde Educació me sugirieron que llevara a mi hija a una escuela concertada donde tuvieran enfermera. Lloré de impotencia", explica Noemí Font, madre de Emma Joana, una niña con espina bífida. "Yo he llorado en cada discriminación que ha sufrido mi hijo en una 'escuela inclusiva'. En 7 años no pudo hacer el horario escolar completo, ni excursiones ni colonias", cuenta Natalia, madre de Marc, un chico con síndrome de Down.

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"Yo lloré el día que firmé con la desagradable directora del EAP el informe de acuerdo desfavorable para la escolarización de mi hijo. Querían que fuera a una escuela especial en contra de todos los informes médicos y de nuestra voluntad", explica Pilar Duque.

"Hace años que Educació está estudiando el tema de la inclusión en las escuela. ¡Basta ya de palabras!", clama Noemí Font, que pide acciones ya.