En Girona

Los Mossos concluyen que el conductor ebrio que mató a Cristina la dejó "desamparada"

  • Asociaciones ciclistas colocan una bicicleta blanca en la carretera de Els Àngels en recuerdo de la mujer de 35 años, madre de un niño de 7 años, que fue arrollada el pasado 30 de octubre

  • Al volante del coche iba un joven de 24 años que dio una tasa de alcoholemia de 0,87 y que se dio a la fuga tras el impacto

La madre, la hermana y el hijo de Cristina junto a la bicicleta blanca de Els Àngels

La madre, la hermana y el hijo de Cristina junto a la bicicleta blanca de Els Àngels / Guillem Sánchez

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

Escribe desde Barcelona

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Son casi las 08.00 horas del sábado 30 de octubre de 2021. Una ciclista, Cristina Vilanova Vilaseró, se aleja de Girona tomando la carretera que sube hasta el santuario de Els Àngels. Cristina viste ropa con elementos reflectantes, usa faros delantero y trasero y se protege la cabeza con un casco. Pedalea sobre la primera rampa de una ruta que en pocos minutos estará, como cada fin de semana, atestada de bicicletas. Coge la primera curva, hacia la izquierda, y comienza la ascensión del puerto más conocido de la ciudad. Segundos después, irrumpe en la misma carretera un Volkswagen Golf. Circula a 70 km/h por una vía por la que se aconseja no superar los 40 km/h, y arrolla a Cristina. La bicicleta, impulsada por la fuerza del impacto trasero, queda colgada en las ramas de un árbol que crece en uno de los márgenes. El cuerpo de Cristina rompe el cristal delantero del vehículo y cae al otro lado de la valla quitamiedos. El vehículo, tras el golpe, interrumpe su giro de volante y termina chocando contra la protección lateral. 

El coche retoma la marcha al cabo de un instante, con una rueda destrozada. La llanta roza contra el asfalto, dejando una marca en la carretera que muestra que el resto del trayecto lo hace invadiendo el carril del sentido contrario. Así recorre dos kilómetros. Después, el coche se desvía de la carretera para meterse en el aparcamiento exterior del restaurante de Can Mascort. El ruido del motor se detiene. Bajan sus dos ocupantes. Son dos jóvenes: David C., el conductor, y Joan V., el copiloto. Están borrachos. Cambian la rueda destrozada en el accidente por la de repuesto y, en lugar de volver a la carretera de Els Àngels, se meten por un camino de tierra. Apenas han recorrido unos metros, el ruido de una sirena policial ordena que se detengan. 

El desamparo

La secuencia anterior forma parte de la reconstrucción que los investigadores de los Mossos d’Esquadra han efectuado para el juzgado que instruye la causa de este siniestro por los delitos de homicidio por imprudencia y omisión del deber de socorro. Las pesquisas, además de la información obtenida del lugar del atropellamiento y del estudio de los vehículos implicados, incluyen declaraciones de un testigo que esa mañana vio el Volkswagen Golf circulando a toda velocidad y oyó el estruendo del accidente y también de la dueña de Can Mascort. 

El informe policial recoge que el conductor, David, dio positivo en el control de alcoholemia, una tasa de 0,87 gramos por litro de aire espirado. Casi cuadriplicaba el límite permitido. También señala que David y Joan, al darse a la fuga, al no interesarse por su estado tras arrollarla, dejaron a Cristina “desamparada”. 

Cristina fue trasladada de urgencia al Hospital Josep Lluís Trueta, murió debido a la gravedad de las heridas causadas. La primera ambulancia del SEM llegó poco después del accidente gracias al aviso del testigo. Ni David ni Joan cogieron su teléfono para llamar al 112 y enviarle ayuda mientras huían.

En su declaración tras ser arrestado, David admitió que la madrugada del 30 de octubre había bebido cinco combinados de wisky, que cogió el coche consciente de que se encontraba ebrio, que se desvió de la ruta y cogió la carretera de Els Àngels no para ‘hacer curvas’ como si fuera piloto de rally –algo que al parecer había soltado a uno de los policías que lo detuvo– sino para fumar un cigarro en el aparcamiento del restaurante de Can Mascort. 

Para siempre

“Mi hija no iba identificada. Los Mossos encontraron en la aplicación de Salud de su teléfono móvil la dirección de su domicilio en Girona. Fueron a su casa y explicaron a su marido que Cris había muerto. Su marido no se atrevió a llamarnos. Una ambulancia lo trajo hasta Olot –donde viven los padres de Cristina–. Cuando abrí la puerta y lo vi me puse contenta. ‘¿Què fas aquí?’, le pregunté. Después, vi la ambulancia…”. Elisabet, la madre de Cristina, explica que fue así como se enteró de que había muerto su hija. Ayer, domingo 24 de enero, casi cuatro meses después del accidente, regresó junto a su familia a la carretera de Els Àngels. Dos asociaciones, Mou-te en bici y ConBici, homenajeaban a Cristina colocando una bicicleta pintada de blanco en el lugar exacto donde falleció. Quienes impulsaron el carro que cargaba con la bicicleta blanca hasta la curva del siniestro fueron su hijo de 7 años, Aleix, y su marido, Joan. “Queremos que se sepa que nos han quitado a Cris para siempre. Que detrás de un accidente de tráfico no hay un número, hay una persona y una familia destrozada”.

Cristina, ciclista atropellada mortalmente el 30 de octubre en Girona, en una imagen junto a su hijo, Aleix.

/ Guillem Sánchez

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“Cristina era madre, tenía 35 años y era todo energía, una chica intensa, que cambiaba con su fuerza el ambiente de casa. Y aunque a veces fuera demasiado, no podías enfadarte con ella. Porque ella era así”, la recuerda su hermana, minutos antes de anudar un ramo de flores junto a la bicicleta blanca de Els Àngels y de prometerle a su hijo que no van a olvidarla nunca. “Tina era una gran persona, una gran amiga, que siempre tenía una sonrisa en la boca. Por donde pasaba dejaba huella. Podías contar con ella para lo que hiciera falta, se apuntaba a todo. Nadie nos sacará jamás el vacío que nos ha dejado”, cuentan sus amigas. 

Cristina estudió Educación Especial y desde hacía años trabajaba de maestra en una escuela de Vilafant, en Figueres. “Era muy vocacional, se implicaba con todos los alumnos, cada vez que una familia tenía cualquier necesidad, acudía a Cristina y ella lo removía todo para ayudarlos”. Cuidaba de chicos con autismo, y generó con ellos un vínculo intenso que permanece. “Han pasado casi tres meses, y siguen preguntando por ella”.