Delitos de odio

Niños que crecen con odio, jóvenes que se vengan con los gais

Los expertos en violencias recuerdan que las agresiones racistas, homófobas y machistas responden un mismo patrón: niños que crecen sin expresar sus sentimientos y sienten que pierden privilegios en un mundo donde los diferentes también tienen derechos. Reclaman terapias desde la infancia.

Detrás de un mundo violento hay jóvenes violentos

Detrás de un mundo violento hay jóvenes violentos / Ferran Nadeu (EPC)

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Se muere su abuela y está triste, tiene ganas de llorar. Pero no puede. 'Los niños no lloran', repite como un mantra en la escuela. Deja de gustarle la pintura, el ballet y aprende a reprimir sus sentimientos. Con los años, se sabe superior al resto, es un hombre tal y como manda. Se ríe del 'mariquita' de la clase y logra que reprima su naturalidad. Hasta que un día envía al hospital a un africano, a su pareja o a un hombre que cree que es homosexual. Este podría ser el esbozo robot de una persona que comete un delito de odio en Catalunya, según explican varios expertos que trabajan con hombres agresores condenados por ello. Insisten en que hay grupos de adolescentes y jóvenes que se retrotraen al avance de los derechos sociales y proponen programas especializados para atajarlo lo antes posible.

"Es importante defender los derechos de las minorías, de las personas LGTBI, de las personas migrantes y de las mujeres. Pero también lo es tratar de entender porqué hay agresores", comenta el sociólogo titular de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y vicepresidente de la asociación Familias LGTBI, Vicent Borràs, preguntado sobre por qué hay jóvenes, y no tan jóvenes, que cometen delitos de odio y discriminatorios. Para muchos es sorprendente, pero detrás de estas agresiones se esconden la cultura machista, mucha rabia y el miedo a ser vulnerable.

Violencia hacia uno mismo

"Lo decía Kaufman y nosotros lo vemos cuando tratamos con jóvenes adolescentes: la violencia masculina se ejerce hacia uno mismo, hacia otros hombres y hacia las mujeres", cuenta Oriol Ginés, psicólogo y presidente de la Asociación Conexus, una de las pocas entidades que trabaja con hombres que ejercen la violencia. Ginés explica que muchos de los agresores machistas que atienden también son homófobos y racistas. Y lo explica porque se trata de jóvenes que han nacido, y se han criado, en un sistema de valores donde aún reina el concepto del macho alfa. También asume esta misma explicación Olga Loscos, psicóloga de la Fundación Agi y especialista en medidas penales alternativas para hombres condenados por delitos de odio.

"Ellos saben, han aprendido, que los hombres blancos, heterosexuales, masculinos y fuertes tienen más privilegios: más derechos, más dinero y más libertad. Y quieren ser así", explica Ginés. "El problema es que se encuentran con un mundo que no corresponde con estas creencias. Las chicas les dejan, no encuentran trabajo... y la frustración se va acumulando", añade el experto. "La realidad es que, cuando nos encontramos con estos casos siempre vemos hay mucha rabia y frustración detrás acumulada a lo largo de los años, son personas que jamás se han expresado como se sienten, que responden con violencia y rabia ante un malestar que ni saben ni quieren identificar", explica Loscos.

"Y al fin, acaban pegando. Porque ven que las cosas no cambian a pesar de los insultos, a pesar del 'bullying', a pesar de votar a la extrema derecha... y a ellos siempre les queda la violencia para defender su poder", agrega Ginés. "Por esto odian y pegan a los pobres, negros, gais y mujeres que les dicen que no quieren estar con ellos. No aceptan que están al mismo nivel, les quieren sumisos", cuenta Ginés. "La realidad es que también vemos, y esto ocurre especialmente en delitos de odio, que sus amigos, su familia o el entorno les apoya en este discurso. Creen que no están solos y se sienten más legitimados", asume Loscos.

Herencia de una España no vivida

Lo que sorprende es que sean precisamente los jóvenes, quienes no han vivido en una sociedad tan tradicional como podía ser la España franquista, los que sientan nostalgia de aquella época. "En parte ejercen la violencia contra el diferente, incluso en la escuela, para demostrar que quieren formar parte de este grupo de hombres que se merecen el privilegio", dice Ginés. El experto añade que si bien la sociedad de hoy día es más plural y tolerante, esto se debe a una 'contracultura' instalada sobre todo desde las instituciones públicas. "La publicidad, la música, los roles sociales... aún nacen y están basados en la cultura patriarcal. Y estos chicos la han asumido como propia".

"Es importante que esta cultura cambie y que los colectivos minoritarios estén empoderados para denunciar la discriminación. Para que deje de ocurrir debemos saber qué ocurre", asume Borràs. "El 'bullying' contra los gais en las escuelas ha existido toda la vida, ahora son las chicas de la clase las que actúan y le ponen freno. Las personas LGTBI han perdido el miedo, pero aún hay muchos colectivos que permanecen callados", insiste el sociólogo.

Con las personas musulmanas, por ejemplo, hay importantes deficiencias. El observatorio de la plataforma Stop A los Fenómenos Islamófobos (SAFI) en Cataluña registró 34 incidentes contra los musulmanes, pero solo tres se denunciaron a los juzgados. "Hay muchos musulmanes que son víctimas de ataques violentos pero tienen miedo, no sienten que tengan derechos en España ni que ningún juez les hará caso. Algunos no tienen papeles y no se quieren poner en problemas. Con la homofobia vemos más denuncias porque tienen más derechos que otros colectivos", señala el portavoz de la entidad, Mustapha Aoulad Sellam.

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"A pesar de todo, hay motivos para la esperanza. Lo que necesitan estos jóvenes es reconstruirse, saber de donde nace tanta rabia y frustración. Cuando hacemos terapia nos encontramos rupturas, divorcios, sueños frustrados, personas que se reprimen... si no llegamos hasta aquí la rehabilitación no existirá por mucha cárcel que impongamos", advierte la psicóloga.

"A Samuel (el joven gallego asesinado a golpes por una jauría humana), le mataron porque en él vieron algo distinto que no cumplía con los roles de masculinidad que se suponen correctos. Da igual que lo sea. La homofobia no siempre actúa contra personas homosexuales. También lo hace con personas que no lo son, pero bailan, pintan, o hacen cosas feminizadas que estos jóvenes no asumen como propias de hombre. Esto también es homofobia", sentencia Ginés. "El problema está en que si no lo condenan por delito de odio, corremos el riesgo que estos agresores no puedan hacer terapias especializadas con un abordaje concreto. Y la pena de cárcel se transformará en más rabia y más frustración. Y lo volverán a hacer", lamenta.