Cansancio digital

Por qué las videollamadas con Zoom generan más fatiga

  • Un estudio psicológico de la universidad de Stanford apunta a la exposición constante de nuestra imagen y a la dificultad por captar el lenguaje no verbal

Un grupo de gente durante una videollamada

Un grupo de gente durante una videollamada

Se lee en minutos

A todos nos ha pasado. Terminas la reunión y, tras despedirte de tu compañeros, bajas la pantalla del portátil y te quitas las gafas cansado. Te duelen los ojos, las cervicales y la espalda y te sientes como si hubiesen exprimido tu energía. Es normal. Es algo que un estudio psciológico de la Universidad de Stanford ha descrito como la ‘fatiga de Zoom’. Y da herramientas para evitar que te dejen tan exhausto.

En tan solo un año las videoconferencias han pasado a formar parte de nuestra vida diaria. Las restricciones impuestas por la pandemia del covid han impulsado el teletrabajo con reuniones por videollamada y las aplicaciones que resuelven esa necesidad. Es el caso de la estadounidense Zoom, que en 12 meses ha disparado un 369% sus beneficios anuales hasta los 2.560 millones de dólares. En 2020 acumuló 477 millones de descargas, siendo la quinta app más popular del mundo. Y espera que este 2021 sus ingresos vuelvan a crecer un 43%.

En nuestra vida, estos datos se han transformado en reuniones casi diarias y en un hastío digital acentuado. ¿Cómo nos estresan las videoconferencias? El doctor en psicología cognitiva y director del laboratorio de interacción humana de la Universidad de Stanford, Jeremy Bailenson, ha realizado uno de los primeros estudios teóricos sobre el caso que permiten empezar a resolver algunas dudas.

Mirada directa y exposición constante

El análisis, publicado el 23 de febrero, apunta a cuatro factores que explican esa fatiga. El primero se debe a un contacto visual “excesivo e intenso”, a la obligación de mirar a nuestros interlocutores. Varios estudios señalan que en momentos de proximidad física con extraños, como en un ascensor, tendemos a apartar la mirada. “En ‘Zoom’ el comportamiento reservado para relaciones cercanas como largos periodos de mirada directa a los ojos se ha convertido en la forma que interactuamos”, señala Bailenson. Así, señala que mientras en las reuniones físicas podemos no mirar fijamente a la persona que habla en las digitales nos sentimos forzados a hacerlo.

El segundo factor apunta a que las videollamadas también exponen constantemente nuestra propia imagen tanto al escrutinio de los demás como a nuestra autoevaluación, algo que otros estudios ya han probado que genera estrés. “Imagínese que durante una jornada laboral de 8 horas un asistente le sigue con un espejo de mano que refleje tu cara. Esto suena ridículo, pero es en esencia lo que sucede en las llamadas de Zoom”, explica.

Esfuerzo mental

El tercer factor es que, en ese entorno digital, los humanos gastamos más energía en identificar señales sociales sobre el comportamiento de nuestros interlocutores que de forma presencial captamos de forma intuitiva. Eso se debe mayoritariamente al lenguaje no verbal, más difícil de captar tras la pantalla. Además, en las videollamadas hablamos un 15% más alto que en las conversaciones normales y tendimos a gestualizar de forma más exagerada para que los otros capten nuestras señales.

Noticias relacionadas

El cuarto y último factor es la limitada movilidad de los participantes en la videoconferencia, que quedan ‘atrapados’ en sus escritorios de forma que su rostro encaje en la llamada. El movimiento en reuniones agiliza la creatividad, lo que hace que su restricción pueda ser perjudicial.

El estudio teórico sugiere pequeñas estrategias para contrarrestar esos efectos negativos como reducir el tamaño de la pantalla, alejar la cámara web, ocultar la transmisión de vídeo o alejarse de la pantalla. Bailenson señala su estudio “requiere experimentación futura para confirmar” y que su objetivo es “señalar los defectos de diseño” de las videollamadas y no “acusar al medio”.